La figura histórica de Francisco Villa volvió a resurgir el pasado jueves 20 de julio en el homenaje que el Presidente de la República le rindió en San Juan del Río, Durango, “cuna de su nacimiento”, para conmemorar el primer centenario de morir acribillado.
En estos tiempos donde los gobiernos de los estados sufren el quebranto de sus gobernadores es oportuno recordar el brillo de la administración de Villa en Chihuahua en 1913.
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Turno de la oposición
A diferencia de otras conmemoraciones donde el Jefe de la Nación es el orador y el mensaje trasciende como doctrina política de su régimen, en esta ocasión solo cumplió el protocolo de presidir la ceremonia.
El desarrollo del programa fue interrumpido por quien se dijo nieto del homenajeado, y manifestó su inconformidad de la falta de invitación a la familia, para rematar la ausencia del pueblo considerándolo indispensable.
Pancho Villa sigue provocando polémica después de muerto, sin alcanzar aún un juicio histórico que explique y sancione su crimen a fin de comprender las incongruencias de nuestra historia. A un siglo de su ajusticiamiento seguimos sin entender la celada de Parral, que costó su vida y la de sus acompañantes.
Entre las principales ideas de quien comandara la División del Norte, uno de los tres cuerpos militares del Ejército constitucionalista, destacan entre otras:
a) El impulso a la educación; b) Un trato justo a los obreros; c) El reparto equitativo del agua; d) Abolir la oligarquía; e) El apoyo económico a huérfanos y madres solteras; f) Expropiar los bienes de hacendados y oligarcas y; g) El cumplimiento del Plan de San Luis.
Estas ideas disponían su organización bajo una visión militar, donde los excombatientes y familiares dispusieran de prerrogativas, como la formación de colonias de familias de exmilitares.
La idea fundamental como eje de sus proyectos descansaba en la disciplina ejercida por las fuerzas armadas, que llegó a considerar la formación de un ejército de un millón de efectivos como necesario para equilibrar el poderío de los Estados Unidos, un reto indispensable para nuestra seguridad nacional.
La preocupación esencial partía de una relación fundada en una coexistencia equilibrada entre las naciones.
Hoy se hace sentir aún más ese desequilibrio cuando las relaciones binacionales predomina la supremacía en los problemas que agobian a ambas partes como el narcotráfico, en especial el del fentanilo, el contrabando de armas de asalto, la migración y las fronteras.
La réplica de las mayorías
El discurso oficialista está cargado de historia, tanto en su fundamentación como en su argumentación, como lo deja ver el que pronuncia en esta ocasión el biógrafo de Villa, el académico Pedro Salmerón Sanjinés.
Los fundamentos del mensaje del doctor Salmerón corresponden a resaltar los méritos y responder los ataques que provoca aun una de las figuras emblemáticas de la Revolución Mexicana, que deja la impresión de una búsqueda de legitimidad, donde la frase más difundida por los medios, incluso los medios impresos, que recogieron opiniones encontradas del tema que fueron derivadas como ataques al Presidente.
En su artículo de Reforma, Sergio Sarmiento revive las acciones bandoleras como impugnación y rechazo.
En lo personal recuerdo a mi maestro don Jesús Silva Herzog condenar los crímenes de Villa, cuando estuvo a punto de morir condenado en el paredón por ejercer el periodismo.
La figura de Villa en los medios estadounidenses no es motivo por ahora de impugnaciones; el nacionalismo mexicano se ha diluido, no es tomado como de riesgo para la convivencia pacífica. El nacionalismo mexicano definido como antítesis del intervencionismo yankee, se asimiló al “american wey of life” como un folclor más.
El T-MEC no conduce a promover el desarrollo pleno del potencial económico del país, sino en acuerdo comercial subordinado, a mantener niveles de vida medio sin llegar a la capacidad de una nación que constituya el menor riesgo a su seguridad.
La proyección de la figura de Villa en este contexto significa la comprensión de su capacidad de organizar para exigir la justicia por todos los medios aún en tiempos de guerra. Así las distintas versiones tratando de encontrar a Villa son insuficientes y a veces inadecuadas.
La versión de comparar a Villa con Robin Hood no resulta la más adecuada a partir de que el mito del bandido bondadoso y protector de los pobres, es una figura menos resplandeciente a otros héroes capaces de encauzar los ideales y aspiraciones de la humanidad, como sería el caso de Espartaco, el libertador de esclavos en el antiguo imperio romano. Así la idea de Salmerón de considerar a Villa como “el hombre que se negó a ser esclavo” resulta más cercana a su misión en el mundo.
En el contexto editorial, Paco Ignacio Taibo II (La Jornada 29 enero 2023), otro de sus mejores biógrafos, considera que reivindicar a Villa permitirá “poner sobre el terreno qué era y qué es la insurgencia”.
Este dilema binario entre la libertad y la opresión, entre la paz y la violencia se plantea desde los orígenes de la búsqueda de definición de la nación sujeta a condiciones de sometimiento, esclavitud, servidumbre, como ocurrió con Miguel Hidalgo de responsabilizarlo de la guerra contra la monarquía absoluta, quien se rebela y es fusilado, un proceso donde las víctimas se levantan su inconformidad para ser acusados de actuar bajo violencia y al topar con su derrita cayeron victimizándose envueltos con la leyenda de héroes.
Habría un Villa , señala Ilan Semo, que nunca dejó de ser un bandolero, un villano inculpado hoy incluso de violar mujeres. El otro Villa, el heroico, encarnaría a una fastuosa rebelión popular inspirada en el ansioso ideal de una sociedad menos injusta.
A Villa se le acusa de todo: crímenes, destrucción, devastación institucional, lo que sea. Y, sin embargo, algo nunca aparece en esta “leyenda negra”. A diferencia de todos los políticos de la Revolución (léase: Carranza, Obregón Calles, etcétera), nadie le atribuye ningún viso de corrupción. Es decir, hacerse de riquezas y privilegios personales.
A Villa se le asesina desde la cumbre del poder, “un crimen de Estado” basado en la supuesta legitimidad de la “razón de Estado”, contradiciendo el sentido de su creación para protección y seguridad de los ciudadanos.
Pero a Villa lo asesinan cobardemente, una celada, no desde su condición de víctima derrotada, sino desde su capacidad potencial de fuerza de poder para organizar la disputa del poder.
Así los poderes establecidos desde la cúspide en el Capitolio de Washington, al enmarcado por el grupo Sonora, y el clero católico enmudecieron ante quienes asumían la responsabilidad del crimen.
Dictamen constitucional
La capacidad de organizar de Francisco Villa fue la razón de su ser histórico, como creador de un ejército de 50 mil hombres, un administrador político como gobernante de honradez acrisolada, sensibilidad social para satisfacer necesidades, un ser humano que buscó la justicia sobre la ambición personal de enriquecimiento.
La capacidad de gobernar, como lo mostró en su efímera administración, lo muestra como uno de los mejores gobernadores de su tiempo, junto con otro admirado personaje, Felipe Carrillo Puerto, a quien se debe tributar honores correspondientes el próximo año, fecha de su fusilamiento.
Hermanados en la tragedia, Villa y Carrillo Puerto se unen también en la “grandeza que México espera”.