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OPINIÓN

El proceso de apatía en México

La enajenación y alienación de una sociedad, además de individualizarla es lograr su apatía

Rodrigo Rosales Escalona

Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.

Domingo, Junio 18, 2023

“Los líderes ejemplares son personas con convicción, compromiso, resolución y pasión”.
Barren Bennis

Con el fin de poder ir destramando la intención de si el conjunto social y los jóvenes caen en la apatía, ubiquemos la siguiente definición:

Más artículos del autor

Apatía: Diccionario de marxista de filosofía. Varios autores. Ediciones de Cultura Popular. México. 1979

(Del griego άπάθεια: sin pasión.) Estado de indiferencia, sensible disminución de la actividad, carencia de estímulos para la acción (a menudo por alteración de la actividad nerviosa superior). En condiciones sociales que impera una serie de situaciones de inestabilidad emocional que infiere en lo psicológico, ya sea económica, política, religiosa o por sometimiento y ruptura de su identidad colectiva hacia ser individual.

Ahora bien, en la entrevista que le realizó Adela Micha a Luis Carlos Ugalde, que ocupó el cargo de presidente del Instituto Federal Electoral (IFE) entre 2003 y 2007, entre las preguntas dijo:

“Hay algo peor en México que los políticos corruptos e irresponsables y eso es una sociedad apática. Y ésta ha sido la razón principal de que nuestra democracia sea de baja calidad... Y esto ha cambiado poco, y hay que dejar de idolatrar a la ciudadanía, o en el caso de López Obrador, llamado pueblo. Tenemos una sociedad apática, lejana, y sobre todo, tenemos una juventud, los menores a 29 años, que son los más apáticos, conformistas, menos interesados en las cosas de la comunidad; ensimismados, pensando que lo que pasa afuera no les impacta. Es el impacto del mundo digital probablemente y de otras cosas. Nuestra juventud, y lo digo, aunque sea políticamente incorrecto, nuestra juventud votante de menos de 29 años no son el futuro de México”.
(Corresponde a un fragmento de la entrevista que Luis Carlos Ugalde subió en su tuit Luis Carlos Ugalde retwitteó@LCUgalde, este 8 de junio).

De acuerdo a la Psicología como en Psiquiatría: la apatía es la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término psicológico para un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física. Sin embargo, así como lo expone el expresidente del IFE, la sociedad no es apática, lejana de problemas sociales, económicos ni políticos por sí misma, mucho menos que nuestra juventud sea conformista o que no esté interesada por problemas de la comunidad, así como tampoco no le impacta los diversos problemas que vive o enfrenta. No es una juventud absorta ni indiferente como tampoco inmadura. Somete a problemas digitales el problema de la juventud, mucho menos cuando afirma que “nuestra juventud votante de menos de 29 años no son el futuro de México”.

Hace once años, el repudio al entonces presidente Enrique Peña Nieto estalló el 11 de mayo de 2012, en la Universidad Iberoamericana. Siendo candidato a la Presidencia de la República, enfrentó por primera vez a una masa adversa y que le reprochó la represión en Atenco y su ideología autoritaria. Sector estudiantil de clase media y alta, que fue capaz de catalizar el repudio popular al candidato del poder, lo cual muestra que ese repudio no sólo era popular. El estudiantado protestaba contra la permanencia en el poder de los dinosaurios, de grupos empresariales y de los dueños de los medios de comunicación por toda su corrupción; medios que mentían con descaro y difamando a los estudiantes, así como el burdo intento por descalificarles contribuyó en convencerlos en luchar. Los estudiantes de la Ibero y otras universidades privadas como públicas, tuvieron en su discurso una conexión fácilmente asimilable por toda persona que quisiera sumar su descontento contra Peña Nieto, haciendo nacer #YoSoy132, que sorprendió al sistema represor, incluso a los dueños de los medios, quienes fueron incapaces de desviar la atención social, porque además de sus protestas, mítines y propaganda, también hicieron uso de las redes sociales.

La adhesión fue como una ola a nivel nacional, y al interior del país, también cobró eco donde se da firmeza a los reclamos de diversos movimientos sociales en contra del neoliberalismo como enemigo, y al sistema político y los grandes medios como sus principales pilares. Ese #YoSoy132, a pesar de que se fue diluyendo, es muestra de que la juventud no es que sea apática, y sí padece un proceso de enajenación alienada impuesta por el neoliberalismo para inculcar en y desde la educación formal como informal una competencia individualista, romper identidad cultural y nacional, que el factor gremial ya no representa los intereses de desarrollo que requiere la tecnocracia.

Representó un momento de ir buscando alternativas contra sistema político cerrado y revalorizar la movilización social en diversos estratos sociales, donde para los estudiantes fue una acelerada escuela de formación política para un gran sector social /como lo son todos los movimientos estudiantiles.

Claro está que por incipiente y no profundización política y de experiencia profunda de las luchas estudiantiles y sociales, como lo fue por décadas anterior al sexenio de Carlos Salinas, donde el 68, el Jueves de Corpus, y muchos movimientos sociales, donde la expresión de protesta tenía su identidad lógica, el neoliberalismo intentó fracturar y despolitizar al conjunto social; empero, a nivel nacional la protesta se mantuvo, enfrentando represión gubernamental como también la de los medios orgánicos en su papel testaferro y cómplice, donde ya el 1 de diciembre en la toma de poseción de Peña, fue cobrando fruto el proceso de deslegitimar el movimiento estudiantil quien refuerza su lucha ese día, enfrentado a los granaderos, cuyo costo fue que el cuerpo policiaco disparó contra el contingente, ocasionando que un estudiante perdiera un ojo, y Francisco Kuykendal murió semanas después de haber recibido un tiro en la cabeza.

Para que a Ugalde no le quepa duda de que los estudiantes no son apáticos, el 24 de febrero de 2020, en Santa Ana Xalmimilulco, perteneciente al municipio de Huejotzingo, tres estudiantes son asesinados, dos estudiantes, un hombre y una mujer de origen colombiano, que estaban de intercambio en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), uno más de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y un chofer de la aplicación de transporte de pasajeros, Uber.

Inicialmente, se exigió al gobierno del estado aclare los crímenes y que se hiciera justicia, pero, considerando que no se daba avance alguno, se inicia la movilización estudiantil coincidiendo la BUAP y UPAEP, en que sus estudiantes encabecen la protesta, siendo que 20 universidades del estado, tanto públicas como privadas se agregan a la protesta, hasta realizarse una mega marcha como años no se presentaba en Puebla.

“Nos faltan estudiantes y nos sobran criminales”, “Ni un estudiante más”, “Nos van a escuchar”, fueron algunas de las consignas durante la marcha.

Este movimiento universitario significa en el presente, como el más grande del país en más de cinco décadas, luego de que en 1964 se llegó a la caída de Antonio Nava Castillo por una movilización de estudiantes, y se estima que estuvieron más de 120 mil alumnos en paro. Siendo agosto de 1964 con el decreto del gobernador de prohibir la venta de leche bronca en la capital, ya que debía ser entregada a una planta pasteurizadora, inició la inconformidad por parte de los estudiantes.

En pleno proceso de reforma universitaria, y la guerra ideológica, los alumnos de las escuelas de Derecho y Medicina de la Universidad Autónoma de Puebla se unieron para la defensa de la sociedad; movimiento que es duramente reprimido por el gobernador Nava Castillo con heridos entre productores de leche, diversas organizaciones sociales en apoyo y de estudiantes.

Después del movimiento de 1964 se dieron otras manifestaciones, pero con un sentido político, y destacan las de 1972-1973 con la lucha entre gobierno-iniciativa privada en contra de universidad-Partido Comunista, además de la de 1976 con la toma del Carolino, y la crisis de 1989 siendo rector Samuel Malpica Uribe.

A la fecha, se han presentado diversos movimientos estudiantiles universitarios normalistas y de otras acciones que involucran a la sociedad, donde siempre la represión física como mediática está del lado del poder oligarca como del Estado.

La apatía es un problema psicológico o psiquiátrico, no así el producto de la despolitización de un sistema para inculcar la individualización y fractura de identidad social que mantiene una postura ideológica o coincidente contra la injusticia, siendo uno de sus mecanismos la alienación, porque el planteamiento de Ugalde, que es igual al del sistema que defiende y justifica de que la sociedad es apática y mucho más los jóvenes, la democracia no es promovida por los políticamente apáticos ni fue pensada originalmente para ellos. Debido a que nace históricamente como respuesta al acaparamiento de poder por parte de élites políticas, requiere cierto grado de implicación de las clases populares en los asuntos públicos. Si bien es cierto que son los intelectuales o las vanguardias de los grupos “revolucionarios” los que usualmente dirigen la maquinaria comunicativa de la democratización —en particular, “la negociación, el trato y el diseño de pactos con las élites que detentaban el poder bajo el régimen anterior”, el proceso resulta intrascendente si se cuenta con una base popular apática.

Es decir, si el objetivo deseado de alienar a la sociedad se transforma en apatía, la muestra de las permanentes protestas sociales y estudiantiles niegan dicho mecanismo, así Ugalde diga que la “era digital”, crea apáticos, consideremos que desde Miguel de la Madrid y sobre todo con Salinas, el diseño educativo fue para lograr esa apatía ignorante del conocimiento reflexivo y crítico, siendo que materias como lógica, ética y filosofía, por citar tres, fueron mermadas o desaparecidas del programa de estudios, también se aplicó el “Proyecto Fénix” como un supuesto Plan de Desarrollo académico,  como modelo del sistema de créditos en los estudiantes, que consiste en que al inicio de primer curso, todo estudiante se va conociendo, pero, al avanzar en los cursos, cada alumno escoge materias distintas a la de sus compañeros, con el supuesto fin de lograr “la excelencia educativa” y así dar respuesta a las necesidades nacionales; bajo ese criterio, el proceso enseñanza-aprendizaje, no crea la cohesión intelectual, ni grupal, mucho menos una cosmovisión clara del quehacer del conocimiento y sí la individualización.

Lo mismo ocurrió en el magisterio, al crearse la llamada “Carrera Magisterial”, donde si el docente quiere mejorar su sueldo, debe escalar varios niveles hasta llegar al máximo, demeritando el verdadero objetivo educativo como lo dice Paulo Fraire en su libro “La educación como práctica social”.

Una educación sin praxis reflexiva ni con base lógica racional del conocimiento, que no derive en una cosmovisión del universo que le rodea y pertenece, se limita a un analfabeto funcional, es decir, con limitados conocimientos, los suficientes básicos para actuar y operar en el trabajo y la vida; sin que cuente con las herramientas de un conocimiento de sí como de lo que le rodea, sin poder dimensionar, valorar y someter a juicio su entorno, como tampoco poder ubicar el o los grados de injusticia a la que es sometido. También, no alcanzar que la democracia no implica solamente el derecho a saber votar en una elección, sino que inicia desde saber y conocer exigir y salvaguardar que sus derechos constitucionales le pertenecen y saber que le es su herramienta de poder vivir en democracia plena, para saber defenderse contra todo proceso de corrupción y de injusticia.

Ugalde no puede ir al fondo del porqué de esa apatía, porque pertenece al sistema que lo diseñó para operar bajo cánones burgueses. Le es imposible desentrañar que su apatía en realidad se llama alienación y despolitización, que culpa a la sociedad de ignorancia y que tal como él afirma: “Nuestra juventud votante de menos de 29 años no son el futuro de México”, no se percata de que esa juventud, si no vota por el engendro al que pertenece, es porque en su vida sabe, conoce y padece el mar de injusticias al que es sometido, que ellos le niegan una vida digna presente y futura, saturada de incertidumbre. Jóvenes que, a diferencia de sus padres y abuelos, adquirir una vivienda o algo más, es un camino tortuoso y difícil. Vamos, la generación que logró una pensión o jubilación, gracias a quien Ugalde pertenece, mediante las Afores, ya no tendrán esos beneficios, su futuro de llegar a viejo y con pensión así, no existe.

Retomando a Francisco Gutiérrez de su libro “Educación como praxis política”, un fragmento:

“La escuela al estar sometida a las barreras ideológicas necesariamente se convierte en institución estancada y reacia al cambio. En este sentido la ideología viene a ser como una especie de “reflexión inconsciente, inadecuada e invertida del proceso real.
De esta manera, la escuela lejos de preparar personas para que hagan historia, más bien preparan individuos alienados, adaptados a la sociedad, reproducen y perpetuadores de sus esquemas y estructura. Esta ideologización del sistema escolar explica el por qué las ciencias de la educación han quedado reducidas a una mera abstracción y a un idealismo verbalista alejado de la concreción diaria. Prevalece en sus postulados, la identidad de una sociedad ajena a las contradicciones y conflictos” (P30, 31).

Está visto que al momento en que la sociedad o nuestros jóvenes se enfrentan a ese proceso de contradicciones, siempre actúa y se moviliza, alzando la voz, caminando con frente en alto y dignidad que le asiste, venciendo obstáculos, haciendo valer su vida para el beneficio de la sociedad. Ejemplos son la crítica o juicio social por la represión, ejecuciones y desapariciones de quienes nos dan ejemplo de lucha.

Si Ugalde somete a juicio de que nuestros jóvenes “no son el futuro de México”, ellos le responden que el futuro se perdió gracias a su corrupción a su impunidad y crueldad con la que gobernaron y pretenden mantener sus privilegios a costa de empobrecer y violar los derechos todos de la ciudadanía, que robaron el futuro de los jóvenes, nuestros hijos, que han tomado la determinación de no votar por ellos, a lo que acusa de “no futuro”.

Esa oligarquía y partidocracia apátrida, esquilmaron y denigraron el futuro de nuestros hijos, quienes han dado muestra de valor, cuando lo requiere la exigencia de justicia.

Por fortuna, no todo está perdido. La historia la están haciendo ellos, quienes están aprendiendo a ser ellos, a aprender que sus derechos les brindan una causa justa y un rotundo ¡no! a la cobardía miserable de los Ugalde y el gurú principal, Claudio X. González, quien patrocina y se siente dueño de diversos sectores del poder, incluso el judicial, para desamparar o limitar el futuro de nuestra juventud con derecho a voz y justicia. Sin más.

Por cierto, como colofón, el caso somete a la mentalidad y perfil de la obcecación y escondido o disfrazado odio que se tiene sobre considerar a la sociedad como apática, máxime en cómo califica a nuestros jóvenes. Y como dijera Salvador Allende: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx 

Fuentes
Villoro Luis. El concepto de ideología. Fondo de Cultura Económica. México. 1985
Silva Ludovico. Teoría y práctica de la ideología. Ed. Nuestro Tiempo. México. 1982
Gutiérrez Francisco. Educación como praxis política. Siglo XXI. México. 1991
Freire Paulo. La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI. México. 1980
Estrada S. Marco. Participación política. Plaza y Valdez. México. 1990
Gramsci Antonio. Maquiavelo y Lenin notas para una teoría política marxista. Diógenes. México. 1980

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