Hace unas semanas, la actriz Karla Souza causó controversia debido a declaraciones en un podcast donde afirmó considerarse como una persona de color. Esto, en el contexto de una situación donde una compañera de rodaje de raza negra y ella, tenían un sueldo más bajo que sus compañeros estadounidenses considerados “blancos”.
Si bien, la reacción del público se debió a que estas declaraciones fueron sacadas de contexto y a errores en la manera de expresarse de la actriz; esta controversia puso en la mesa un tema que destaca dentro de la migración: los contrastes y similitudes en la forma de migrar a otro país, especialmente a Estados Unidos, aspecto del que se tratará este artículo.
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De acuerdo con el Instituto de Políticas Migratorias de Estados Unidos, en 2018, se estiman alrededor de 11 millones de migrantes no autorizados, de los cuales 5.5 millones son mexicanos, lo que representa un 51 por ciento del total de migrantes ilegales. Por otro lado, en 2020, se registraron 10.1 millones de mexicanos residentes en el país, es decir, 780 mil personas menos que las cifras registradas para el 2019.
De esta forma, se pueden observar dos realidades de las condiciones migratorias: una de ellas implicando más libertad y oportunidades, mientras que la otra, incertidumbre y poca estabilidad, dejando a las personas expuestas a condiciones de vida poco favorables.
La migración ilegal implica una situación de vulnerabilidad y desigualdad que limita las oportunidades a las que las personas migrantes tienen acceso. Uno de los más grandes retos que esto abarca son las condiciones laborales, ya que se ven obligadas a aspirar a trabajos con una paga mínima y jornadas largas de trabajos arduos.
Junto a ello, las condiciones en las que son contratados no comprenden seguridad o estabilidad laboral; las contrataciones ocurren de manera esporádica y arriesgándose a situaciones en las cuales quien haya prometido contratarlos puede provocar su deportación, explotación e incluso, situaciones de trata de personas.
Otro de los factores que propicia la vulnerabilidad de esta parte de la población migrante es el desconocimiento de sus derechos, donde en un país que también es conocido por la violencia y brutalidad policial con las minorías, es de vital importancia conocer las leyes que protegen sus derechos aún en un estatus de migración ilegal.
Estas situaciones son el resultado de un pensamiento y un discurso orientado hacia el rechazo de extranjeros, basados en estereotipos y perspectivas poco tolerantes a diferentes puntos de vista, donde tanto migrantes ilegales o legales, tienen un mismo común denominador, enfrentar situaciones de discriminación.
Si bien, las condiciones de vida de las personas migrantes con estatus legal son diferentes debido a que pueden aspirar a trabajos más justos y legalmente son protegidos por tratados internacionales o diversas leyes que garantizan sus derechos; en enumeradas ocasiones también son objeto de discriminación, donde el trato no es completamente igualitario y equitativo.
Así mismo, ambos sectores de las personas migrantes se ven expuestas día con día a lidiar con situaciones de injusticia, desigualdad y discriminación; mucho de esto debido a la replicación de discursos racistas en medios de comunicación, la política, entre otros.
De esta manera, la solución al problema de discriminación tiene que ver con educación, donde esta es la puerta para comprender diferentes perspectivas y formas de ver el mundo. Recalcando también, que la migración es un derecho humano que toda persona en el mundo posee no importando la nacionalidad.
La migración y sus diferentes variaciones es un fenómeno que se remonta a cientos de años y ha sido el origen de las sociedades modernas, por lo que es necesario recordar que sea la forma de migrar, el común denominador por el que todos y todas debemos luchar, es la erradicación de la discriminación.