Es difícil hablar de la oposición venezolana desde la experiencia que vivimos en México sin tomar partido. Por cierto, en el caso de quien esto escribe, es totalmente parcial hacia el pueblo y quienes han encabezado el gobierno bolivariano en Venezuela, porque, asimismo, no creo en la objetividad e imparcialidad ni de la ciencia ni de la ciencia política. Al hablar de las revoluciones pacíficas latinoamericanas, en este espacio se hace con el fin de crear una narrativa que pueda equilibrar el discurso neoliberal-imperial que se difunde en México, América Latina y el Caribe y que, de manera negativa, se utiliza para atacar a gobiernos legítimos, como es el caso del uso distorsionado de la figura de Chávez en la política mexicana.
Algunos de los intelectuales mexicanos inspirados en el pensamiento pro norteamericano, y que acá en México formaron parte de la intelectualidad orgánica del régimen neoliberal (Enrique Krauze y Jorge Castañeda), forman parte de los “teóricos” citados por intelectuales defensores de la derecha venezolana, al igual que en otros países de América Latina. Todo ello en el contexto de que en última instancia, como aquí en México, los conservadores, como les diría AMLO, tienen como discurso a la narrativa construida desde los poderes externos como lo es el Pentágono de EU y que se difunde en nuestras naciones a través de presuntas figuras de intelectuales y académicos.
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Uno de los aspectos que acopla todo el pensamiento de la derecha latinoamericana es su incapacidad para crear narrativas propias. Como en el caso de Venezuela, cuando se enfrentan a un grupo que crea un discurso nuevo como es el caso del chavismo (su idea de “Socialismo del siglo XXI), y que abrió una nueva época de la vida política en aquel país pues terminó con la era de “Punto Fijo”, la consecuencia fue que los partidos hegemónicos antes del chavismo desaparecieron (aunque AD forma parte de la MU) y la derecha que surge como oposición en la era chavista se le nublan las ideas. Como América Latina y el Caribe no pueden entenderse sin la hegemonía estadounidense. Los conservadores tienen como fuente y referencia el replicar lo que dice la propaganda hecha en Estados Unidos.
No salen del discurso que consiste en etiquetar a los gobiernos progresistas, de izquierda y revolucionarios pacíficos de populistas, comunistas, castristas, autoritarios, amenazas para la seguridad de EU que juega en la geopolítica local, entre otros epítetos. Actúan en la lógica de que al pueblo le vaya mal para que a ellos les vaya bien pues tratan de aprovechar cualquier coyuntura económica que perjudique al pueblo para ellos posicionarse políticamente y así ha ocurrido. Reciben financiamiento del gobierno de EU oculto bajo el pretexto de que se trata de recursos destinados a organizaciones que promueven los valores de la “democracia” gringa (véase a: Santiago, Claudia. (2019). La épica del poder en Venezuela: ¿cómo construir una narrativa que constrarreste el lenguaje oficial? Sapienza organizacional, núm. 6).
Lo que motivó la creación de una oposición antichavista relativamente fuerte (apoyada por EU como lo hemos visto, aunque evidentemente, como lo han expresado algunos exintegrantes del gobierno local en la aplicación de políticas el gobierno mismo no se infalible) no fue la elaboración de un programa sino la muerte de Chávez que estaban esperando con ansia. Como hemos expuesto en la entrega XXIX de esta serie, la muerte de Chávez fue en extremo extraña. Integrantes de su guardia personal viven protegidos en EU y algunos líderes de gobiernos expresaban que Chávez se iba a morir, cuando estaba vivo. A ellos se sumaron políticas de boicot comercial y baja intencional de los precios del petróleo que menguaron la capacidad operativa del gobierno cuya economía es, en parte, dependiente de los ingresos petroleros.
La oposición que ha destacado en la era postchavista la encabeza Henrique Capriles Radonski, dos veces candidato a la presidencia, 2012 y 2013 y que al parecer será el candidato de la oposición en 2024. Capriles aparece en la política de manera visible en 2008 cuando gana la elección en el estado de Miranda. Compite con Chávez en 2012 como candidato de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que une a la oposición venezolana. Hugo Chávez, consiguió 7.4 millones de votos que representó el 54,42 por ciento. El candidato de la oposición unificada, Henrique Capriles fue apoyado en las urnas por un 44,97 por ciento de los electores, es decir, con 6,15 millones de votos.
El fallecimiento de Chávez fue el disparo de salida de una nueva coyuntura política y la intentaron capitalizar. Chávez, oficialmente perdió la vida el 5 de marzo de 2013 y el Consejo Electoral llama a elecciones en abril donde vuelve a ser candidato Capriles y, por el bando oficial, Nicolás Maduro, designado en vida por Chávez como su sucesor. En una campaña que duró 10 días Maduro fue declarado vencedor de los comicios del 14 de abril. Capriles, alcanzó 7 millones 361 mil 512 votos (49,12%) frente a los 7 millones 586 mil 251 votos para Maduro (el 50,61%). La diferencia fue de 1,49% o 224.739 votos. Capriles no reconoció los resultados de la elección y exigió una revisión de la votación. Maduro se opuso y el candidato de la oposición inicia movilizaciones contra el gobierno de Maduro. El reconocimiento institucional e internacional del triunfo de Maduro puso fin a la inestabilidad que se preveía con la muerte de Chávez, pero abrió el apetito a la oposición por capitalizar la ausencia del líder del socialismo del Siglo XXI (ver: CIDOB, 2013). Vendría la elección de 2015.
Ese año Venezuela vivió una de las crisis históricas más difíciles. Dice Urribarri que:
“El país continuó sumiéndose en una difícil crisis económica -la más importante en la era del chavismo y una de las más profundas que ha atravesado en su historia. Según las cifras oficiales más recientes emitidas por el Banco Central de Venezuela, el 2015 cerró con una inflación anual de 180,9% y su Producto Interno Bruto experimentó una caída de aproximadamente 5,7% … En estos momentos, la economía venezolana tiene el dudoso honor de ser la de peor rendimiento en la región… El año pasado los venezolanos se enfrentaron a una realidad diaria cada vez más compleja, que afecta prácticamente a todos (y especialmente a los más pobres), y que es el elemento más importante para entender la conflictiva situación política del país. El dólar paralelo (o de mercado negro) continúa aumentando de forma vertiginosa y el precio del petróleo, a la fecha de publicación del presente artículo, continúa sin recuperarse de forma significativa. La escasez cada vez más acentuada de diversos productos, incluyendo comida, medicinas y otros artículos de la cesta básica, y la lucha diaria para obtenerlos a precios cada vez más costosos, son ahora parte de la realidad cotidiana de los venezolanos y no parecen tener pronta solución” (ver: Urribarri, Raúl. (2016). Venezuela (2015). Un régimen híbrido en crisis. Revista de ciencia política, núm. 36).
De acuerdo a este mismo autor:
“Para finales de 2015, antes de las elecciones parlamentarias, el respaldo popular al oficialismo era sumamente bajo, sobre todo en un contexto político polarizado. Por ejemplo, según la última encuesta de Venebarómetro antes del 6 de diciembre, aproximadamente 80% de los encuestados señalaban que el país iba en la dirección equivocada, evaluación que gozaba de consenso entre los distintos estratos sociales y zonas geográficas del país. De igual modo, solo el 31% de los encuestados manifestaban ser partidarios del oficialismo y más del 60% señalaban que un triunfo del oficialismo empeoraría la situación del país... para noviembre de 2015 la popularidad del presidente Maduro había descendido desde un 53% de los encuestados en el primer trimestre de 2013, a apenas 39% en el primer trimestre de 2014 y a la cifra de apenas 25% justo antes de las elecciones … En esa misma encuesta, aproximadamente el 73% de los encuestados señaló como culpable de la crisis a algún actor ligado al oficialismo (33% al gobierno nacional, 25% a Maduro, 4% al Socialismo del Siglo XXI, 9% a Hugo Chávez y un 2% al chavismo)”.
Los resultados fueron los siguiente, citados por Urribarri:
“Así, según los resultados oficiales anunciados por el CNE, la elección tuvo una participación de aproximadamente 74% del padrón electoral, es decir, un total de 14.385.439 votos… De esa suma, hubo 13.699.230 votos válidos, es decir, que el total de votos nulos fue casi 700.000 (aproximadamente 5%). Así, de un total de 167 diputados… 112 diputados fueron adjudicados al movimiento opositor Unidad Democrática (MUD), es decir, más de las 2/3 partes de la Asamblea, lo cual incluye 81 nominales, 28 por lista y 3 indígenas; mientras que 32 nominales y 23 por listas fueron adjudicados al partido oficialista PSUV… La oposición ganó en todos los estados, menos en cinco estados tradicionalmente chavistas (Apure, Cojedes, Delta Amacuro, Guárico y Yaracuy); y llegó a triunfar en circunscripciones que habían sido bastiones del chavismo. Estos 112 escaños le permiten teóricamente a la oposición gozar de mayoría calificada en el Parlamento, lo cual, según la Constitución de la República, le faculta para ejercer toda una serie de poderes políticos, incluyendo la modificación de leyes orgánicas y la iniciativa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente …”.
Continuará…