El noviazgo es una de las experiencias de mayor satisfacción para dos personas. Las vivencias son mayormente extraordinarias porque nacen desde el amor. Es la oportunidad de conocerse a sí mismos, desarrollar capacidades para dar y recibir cariño, además de convivir en una relación afectiva con el respeto a la individualidad de la otra persona.
Lamentablemente la etapa de respeto fundamental no siempre es valorada y mucho menos garantizada, pues gran parte de las y los jóvenes confunden las muestras de cariño con ejercer diversos grados de violencia contra su pareja, en la mayoría de las ocasiones romantizan su actuar, intentan justificar el control de uno para el otro con celos, insultos, micro humillaciones, y violencia física, en casos más graves.
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La violencia en el noviazgo es tan sutil, que la mayoría de las veces es imperceptible, pero progresiva. Comienza con la restricción de las amistades, comentarios prohibitivos, chantaje, celos, control en la forma de vestir, de los lugares que se frecuentan; el maltrato aumenta después de haber cedido en alguno de estos puntos y la pareja decide dejar de hacerlo.
Otro aspecto que afecta la percepción de cómo vivir en pareja, son los ejemplos de nuestros padres, nuestros abuelos o amistades. ¿Quién no ha escuchado a alguna persona decir que el matrimonio es para siempre? ¿A quién no le han aconsejado “aguantar” porque te quieren?
No podemos seguir normalizando las relaciones que se basan en el sometimiento, en el miedo, y mucho menos la violencia física. Es inaceptable el querer hacer romántico que una persona someta a otra o al límite por celos, pues no existen los celos bonitos, sino inseguridades proyectadas a otras personas. Como seres humanos, somos seres sociales por naturaleza.
En un país y en un estado en donde la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes es un problema grave de conducta social, debemos poner atención en uno de los semilleros que la detona, porque estos comportamientos se reproducen hasta la edad adulta, agravando cada vez más los actos, hasta que tristemente conduce a un feminicidio.
Soy consciente, también, de las víctimas que sí denunciaron a sus agresores, pero no fueron escuchadas por quienes están obligados a servir y proteger, menos resolvieron su emergencia para dictar medidas cautelares. Al contrario, al hacer de conocimiento de las autoridades, las víctimas fueron expuestas o revictimizadas, o en otros casos, cuando las autoridades de salud encuentran evidencia de violencia sexual o física, no notifican al sistema de seguridad.
Los casos recientes en Puebla de Alicia Esmeralda y el caso de violencia e intento de feminicidio de María Fernanda, son hechos desoladores y graves de violencia que surge durante la etapa de pareja. Por ellas, y todas aquellas víctimas de violencia, es prioritario acelerar el paso en el Congreso del Estado.
El andamiaje jurídico debe actualizarse y adaptarse a las sociedades que norman, por lo que urge emprender acciones para contrarrestar esta violencia. En sinergia, todas las autoridades de cualquier orden y nivel de gobierno debemos atenernos a la perspectiva de género en nuestras acciones.
No he sido ajeno a esta situación y he presentado diversas iniciativas que conceden herramientas a mujeres, adolescentes y niñas para poder salir adelante, que tengan justicia y acompañamiento, pues es la suma de trabajo la que ayudará a combatir esta realidad.
Las y los diputados de Morena hemos trabajado para reformar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMLV), en donde proponemos visibilizar la violencia en el noviazgo, así como erradicarla a través de sanciones penales, y con políticas públicas, dar atención psicológica y legal.
Memoria de regeneración
En septiembre de 2022 fue dictaminada la iniciativa de violencia en el noviazgo por la Comisión de Igualdad de Género de la Cámara de Diputados, y en noviembre de ese año, fue votada y aprobada ante el Pleno. Al fundamentar el dictamen, la presidenta de la Comisión, la diputada Julieta Vences de Morena, afirmó que esta reforma es central para combatir la violencia contra las mujeres y adolescentes.
“Permite visibilizar otras manifestaciones que laceran y vulneran nuestros derechos, con la finalidad de diseñar políticas públicas enfocadas a prevenir y atender sus causas estructurales”, expuso.
Resaltó que la violencia en el noviazgo es muy sutil y casi imprescriptible, “pero daña y marca la vida de muchas mujeres.”