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OPINIÓN

Día del Docente: experiencia y formación permanente

Que la práctica de los profesionales de la esperanza sea una auténtica praxis educativa humanizante

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 15, 2023

No obstante, el hecho de que el enseñar enseña al educador a enseñar un cierto contenido, no debe significar en modo alguno que el educador se aventure a enseñar sin la competencia necesaria para hacerlo. Eso no lo autoriza a enseñar lo que no sabe. La responsabilidad ética, política y profesional del educador le impone el deber de prepararse, de capacitarse, de graduarse antes de iniciar su actividad docente. Esa actividad exige que su preparación, su capacitación y su graduación se transformen en procesos permanentes. Su experiencia docente, si es bien percibida y bien vivida, va dejando claro que requiere una capacitación permanente del educador. Capacitación que se basa en el análisis crítico de su práctica.
Paulo Freire. Cartas a quien pretende enseñar. Primera carta, p. 1.

Hoy se celebra en México, el tradicionalmente llamado “Día del Maestro”, una fecha en la que se busca reconocer y agradecer a hombres y mujeres que han abrazado la profesión de la esperanza y dedican su vida a la construcción de futuro, si bien no cambiando al mundo, como lo decía Freire, tratando de formar a quienes van a cambiar el mundo.

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Como lo señala don Pablo Latapí Sarre, el gran investigador, pionero en la generación y difusión del conocimiento de los procesos y políticas educativas en nuestro país, ser maestro o maestra tiene, al igual que la luna, una cara oscura y una luminosa. De esto hablé ya en un artículo dedicado a este día especial, hace unos años, que puede encontrarse en: https://www.e-consulta.com/opinion/2018-05-14/los-maestros-y-las-dos-caras-de-la-luna

La parte oscura puede resumirse en los bajos salarios que representan de alguna forma el bajo reconocimiento social -que desafortunadamente continúa porque muy poco se ha hecho realidad de esa promesa de campaña presidencial de “revalorización de los docentes”- y en la hegemonía de la política sobre la pedagogía, que se refleja en lo que el mismo Latapí apuntaba respecto al doble control al que viven sujetos los profesionales de la educación, entre la Secretaría responsable de la educación nacional y el sindicato -con sus diversas variantes, incluyendo las que se presumen como autónomas y democráticas- que inmovilizan y desmotivan muchas posibilidades de mejora educativa real que quieren y podrían impulsar los docentes.

Pero la cara luminosa, decía el mismo Latapí, se puede sintetizar en tres grandes elementos: la experiencia de ver aprender a los educandos, la “liga a la formación del carácter” de los estudiantes en sus etapas de construcción de identidad y el contacto cotidiano con los alumnos y alumnas que nos mantiene jóvenes y actualizados respecto a las realidades que nos circundan y van evolucionando aceleradamente.

Además de recordar estas dos caras de la docencia: la oscura y la luminosa, que tenemos que asumir cotidianamente los educadores, quisiera hoy decir unas palabras sobre el círculo virtuoso que plantea Freire en su primera carta a quienes pretenden enseñar, de la serie reunida en su famoso libro que reúne una serie de mensajes para todos los educadores y educadoras.

La primera parte de este ciclo o este bucle, está en el hecho de que a enseñar enseña al educador. En efecto, como dice el dicho popular: la “práctica hace al maestro”, es decir, entre más se ejercite cualquier oficio o profesión, se van adquiriendo destrezas, conocimientos, pistas para facilitar los procesos, habilidades prácticas y cierta sabiduría. Un profesor o profesora a través de sus años de experiencia se va haciendo más diestro, adquiriendo eso que se llama oficio, es decir, mayor facilidad para hacer bien las cosas. Este es, para usar la misma metáfora de Latapí, el lado luminoso de la experiencia como fuente de aprendizaje para el educador.

Pero existe también en lado oscuro, porque los años de prácticas repetidas y muchas veces repetitivas, van creando también ciertos vicios, ciertas prácticas no tan deseables para manejar el estrés y la común sobrecarga de horas frente a grupo y de actividades y requisitos administrativos. La experiencia se puede ir convirtiendo sin darnos cuenta en rutina, en resistencia al cambio, incluso en cierta actitud de necedad u obcecación para rechazar cualquier propuesta de renovación.

Por eso se requiere, como dice Freire en esta carta, de una formación previa para ser educador y de una formación y actualización permanentes, que hagan que los profesores se puedan empapar de las nuevas formas de enseñar, de métodos, técnicas, herramientas y enfoques novedosos que enriquezcan su práctica, que la renueven constantemente y la vayan adecuando a las necesidades de los nuevos contextos sociales y de las nuevas generaciones.

Todo educador o educadora debe estar atento y abierto a los procesos de capacitación y actualización que sean valiosos, que le aporten nuevas dimensiones a su práctica, que la enriquezcan y la hagan significativa para los educandos y le permitan prepararlos para la vida que nunca es estática, que siempre está en movimiento.

Este es el lado luminoso de la formación permanente, el lado que ayuda a que los docentes no caigan en la rutina, la repetición y el anquilosamiento de sus prácticas, para que los educandos encuentren en su enseñanza, una fuente permanente de crecimiento y desarrollo integral.

Pero existe también el lado oscuro de la capacitación, un lado que los y las docentes seguramente han experimentado en muchas ocasiones durante su trayectoria profesional. Se trata por un lado de los cursos y talleres o conferencias de pésima calidad que no aportan nada más que repetición de conceptos vacíos o de discursos que la autoridad educativa y política en turno quiere que los formadores memoricen y repitan como una especie de mantra para que se palpe su huella en la educación nacional. ¿Cuántas horas han perdido miles de maestros y maestras en cursos y talleres que no les aportan nada para enriquecer su práctica?

También tenemos los cursos, conferencias o congresos de muy buen nivel y sobre temas pertinentes, pero que se quedan en la escucha y la admiración a los ponentes, pero no se hacen vida, no se aplican a la práctica de una manera bien reflexionada y pertinente, de manera que se vuelvan praxis formativa para beneficio de las nuevas generaciones.

La capacitación deficiente o la buena capacitación que no se aprehende y se hace vida en la práctica de cada docente se vuelve un lastre más que un impulso para la mejora docente.

Freire nos da la clave para que este bucle se vuelva un círculo virtuoso que mejore continuamente las prácticas educativas. En esta parte de su primera carta nos dice que esa base es el análisis crítico de sus propias prácticas. Sólo así podrá cada docente convertir una práctica mecánica y rutinaria en una auténtica praxis educativa humanizante. Muy feliz día para todos los profesionales de la esperanza.       

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