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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La invasión migrante (II)

Los “servicios” de los traficantes de personas y las autoridades de diverso tipo son un riesgo para

Eduardo García Anguiano

Sociólogo y maestro en Administración Pública. Ha laborado en el gobierno federal y gobiernos locales en áreas de seguridad y gobierno. Ha sido profesor en la Universidad de las Américas Puebla, el IMIDECIP y el INAP. Escribe la columna Operación Seguridad.

Jueves, Mayo 11, 2023

Cuando alguien aspira a una mejor condición de vida fuera de su lugar de origen tiene dos opciones: ingresar a un país cumpliendo las disposiciones jurídicas o buscar concretar su esperanza como pueda.

La visión romántica de hace siglos se expresó en la idea de las tierras prometidas. Esta concepción tuvo diferentes tintes, algunos religiosos, otros sociales y hasta míticos. El continente americano significó parte de esa aspiración; sin embargo, cuando surgieron esas perspectivas no existía la hoy delincuencia organizada que trafica con migrantes, sea por tierra, mar o aire.

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El tráfico ilícito de humanos actualmente es un problema global y afecta a muchos países que son territorio de origen, tránsito o destino, pues los grupos delictivos lucran con las personas a través de fronteras y entre continentes. Nuestro país ha sido tierra fértil para este tipo de delito de la delincuencia organizada transnacional.

En México hemos tenido muchos casos que muestran la realidad de los tratantes de aspiraciones migratorias: los hay “exitosos” porque los han llevado a su destino a cambio de un pago, los hay trágicos cuando culminan en desapariciones u homicidios.

Evaluar la dimensión de este delito es difícil debido a su clandestinidad y a la dificultad para determinar cuándo la migración irregular es facilitada por contrabandistas, además de que la gente que “paga el servicio” de esos traficantes no denuncia al delincuente.

Hasta donde se sabe, el tráfico ilícito de migrantes presenta diversas formas: los migrantes de medios económicos escasos pagan por los tramos de viaje a traficantes que pueden no estar vinculados entre sí, por lo que corren mayores riesgos. Los de más recursos tienen mayor garantía de llegar a su destino, pero el pago al traficante siempre es más alto porque “presta todo el servicio”.

En 2015 el costo por ir de “mojado” entre México y Estados Unidos de América era de 60 mil pesos promedio y en 2017 de 107 mil. Si el arreglo se hacía lejos de la frontera y se pedía ir “más adentro” de los Estados Unidos “pasando a la Border Patrol”, el costo en 2018 era de seis mil dólares y; se han llegado a ofrecer “servicios de lujo” de hasta 15 mil dólares con tres intentos de entrada ilegal. Con las nuevas disposiciones del país vecino seguramente el pago a los “polleros” subirá.

¿Cómo es que llegan a Centroamérica migrantes de origen caribeño, africano y hasta europeo? Es muy difícil que lleguen a nado.

Friedrich Nietzsche expresó: “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”.

 

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