Después de consolidar la Independencia y de establecer la República Mexicana, el país sufre, a lo largo del siglo XIX, una serie de amenazas e invasiones extranjeras que pone en riesgo la estabilidad del país, de por sí inestable, después de años de conflictos bélicos.
A pesar de los esfuerzos, el Plan de Iguala no fue suficiente para conseguir la conciliación entre las diferentes poblaciones –americanas, europeas y sus mestizajes- que entonces habitaban el país; pues también se marcaron los intereses de las logias masónicas, escoceses y yorkinos, pautados por diferencias ideológicas, que repercutirían política y económicamente. Por lo cual el territorio mexicano fue escenario de constantes enfrentamientos internos: la consumación de la Independencia en 1821, la Revolución de Ayutla en 1855, la Guerra de Reforma de 1857 a 1867.
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Por otra parte, las dos instituciones de mayor poderío heredadas por la Colonia fueron el Ejército y la Iglesia Católica, quienes continuaron ejerciendo su amplio poder político y económico.
Cabe agregar que para entonces México nunca había sido tan grande, pues en 1821 se adhiere la Capitanía General de Yucatán y en 1822 la de Guatemala. Un país de tan gran territorio, con culturas tan diversas en su interior, con economías tan disparejas, con educaciones tan disonantes, era sumamente difícil de administrar y gobernar, lo que orilló a diferentes formas de gobierno: un Imperio, una República Federal y una República Centralista.
A nivel internacional, las revoluciones socio políticas europeas y sus movimientos artísticos contemporáneos -Clasicismo y Romanticismo- influyen en el quehacer artístico del nuevo continente marcando pautas estéticas, pero también de finalización colonial, promoviendo y auspiciando los movimientos de emancipación. Por otra parte, la revolución industrial impulsó a una nueva colonización de territorios ricos en recursos naturales, como los que distinguen a África y América; por lo que no fue difícil que Gran Bretaña pusiera especial atención en México para la extracción minera y producción textil, que si bien implicó una inversión extranjera, fue mayor el saqueo de recursos y la explotación laboral; convirtiéndose en el socio comercial más importante de 1824 a 1854.
En 1838 desembarcan las tropas francesas en el Puerto de Veracruz. El ejército de Santa Anna ataca con apoyo de las tropas españolas. En 1839 se firma un tratado de paz entre Francia y México, pero queda una deuda que se convierte en impagable para 1862, lo que provoca una nueva invasión militar.
Pero la guerra que más lastimó a México en términos territoriales fue, sin duda, la invasión estadounidense que desembocó en la pérdida de la mitad del territorio mexicano en 1848.
¿Cuál sería el papel del arte ante estos panoramas de invasión, desequilibrio económico e inestabilidad social? El Romanticismo encuentra tierra fértil en esta América y va adquiriendo tonalidades locales: en México, por ejemplo el romanticismo va a dar lugar a un costumbrismo en el que lo popular toma protagonismo, sustentándose en temas como el retrato y el bodegón. La admiración por la naturaleza de Turner se vuelve la admiración por el territorio en riesgo de José María Velasco. Claudio Lineti establece su taller, publicando sus primeras litografías en 1826.
Agustín Arrieta, Cuadro de Comedor, 1857-1859
José María Velasco, Cañada de Metlac, vista tomada desde la estación del Fortín, 1897. Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos
José María Velasco, Valle de México, 1877, Museo Nacional de Arte INBA
De tal manera que México no se disocia de las actividades artísticas europeas, pero sí adquieren un carácter propio debido a la historia que este naciente país se va forjando desde las crisis políticas-económicas que fueron encaminando sus pasos en la historia.