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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Alternancias, ¿para qué?

En los hechos tenemos que las alternancias partidistas se han traducido en camarillas de partidos

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Mayo 3, 2023

Por acá hemos venidos postulando que la designación del candidato o candidata a la gubernatura de la entidad, por el partido Morena, tendrá un carácter centralizado, en la persona del Presidente de la República, en su condición de Gran Elector. La ilegalidad política restaurada en este gobierno.

El gran elector se refiere a la facultad metaconstitucional que se arroga el Presidente de la República para nombrar a su sucesor. Pero no sólo se trata de la principal violación democrática en la estructura nacional de gobierno, sino en todos los puestos de elección popular. Sobre la base de la presencia de un partido oficial gobernante, el ente encargado de ganar todas las elecciones, como extensión del mandato popular del Presidente.

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La figura de gran elector fue extinguida por la fuerza de los electores y las instituciones electorales imparciales durante el breve periodo de democracia electoral, que podemos fechar entre los años de 1997 y 2018. Yo la llamo la breve primavera de la democracia mexicana. Con todas las miserias que se quieran, pero finalmente democracia.

La primera hace referencia a la fecha en que el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. La segunda, al triunfo del presidente López Obrador, quien se ha encargado de desmontar la infraestructura democrática que permitió la alternancia en la presidencia de la República hasta en tres ocasiones diferentes, en un breve periodo de apenas 18 años.

En Puebla la primera alternancia, en términos estrictos, se registró hasta el 2019 (89 años al hilo del PRI), no obstante que en el 2010 los colores del PAN ganaron la entidad, pero no gobernó esa doctrina ni los panistas, ni los perredistas, los partidos oficialmente ganadores.

Rafael Moreno Valle, el gobernador que en los símbolos derrotó al PRI, no rigió en el mando con miembros de los partidos que lo llevaron al poder, PAN y PRD. Lo hizo con priistas de cepa, pues él mismo venía de esa cultura. El cambio se tradujo en ilusión óptica por las obras de relumbrón levantadas a pie de carretera.

La transición de Rafael Moreno Valle mantuvo inalterables e incluso radicalizó los viejos usos y costumbres autoritarios del añoso partido. Sometió a los otros poderes, inventó en el Congreso una mayoría ficticia, y persiguió a los partidos que lo llevaron al triunfo. No se registraron avances ni en lo político ni en lo material. La entidad retrocedió.

Esto es importante porque las alternancias a la mexicana no se traducen en cambios positivos para la población. Esto es muy importante y digno de tenerse en cuenta. Lo cual tiene que ver con la ausencia de democracia. No hay desarrollo allí donde no florece la legalidad y la libertad de las partes, con respeto a las diferencias de cada cual.

La referencia a Moreno Valle es importante porque, en términos estrictos, se trató de la primera alternancia de partido en la época moderna, sin que ese cambio se tradujera en mejoras de nada. En el 2019 se registró la segunda alternancia, la que aún no logra imprimir su sello de identidad, ni en la política-política ni en las acciones de gobierno.

El actual gobernador ha hecho cambios en algunas dependencias, algunos muy cuestionados, como en la SEP, pero no ha tocado los instrumentos de planeación, la base del desarrollo. Gobernar con corazonadas no lleva a ninguna parte segura.

Por las razones que sean, el nuevo gobernador no se atreve a imprimir su impronta en su gobierno. Las indefiniciones, lo sabemos, más temprano que tarde se pagan, y se pagan con réditos altos.

En los hechos tenemos que las alternancias partidistas se han traducido en camarillas de partidos, o enquistadas en ellos, que se disputan la chequera anual de poco más de 120 mil millones de pesos anuales. Una cifra ingente. Inaccesible en su verdadera dimensión para los mortales de a pie.

Mi postulado de Gran Elector se confirma todos los días, y en el pasado reciente hemos visto incluso como en casos en los que el ungido candidato, aun estando impedido legalmente para el cargo, fue designado de todos modos. Ocurrió con el senador Félix Salgado Macedonio, cercano al Presidente, quien fue hecho gobernador de Guerrero por interpósitas personas.

Su hija, la gobernadora de la tercera entidad más pobre del país, acreditó la postulación al cargo mediante la presentación de documentos que demostraron haber tomado cursos de computación, de varias horas, y dominio de la paquetería de Excel.

Ahora postulo que el presidente López Obrador ungirá candidato a gobernador de Puebla en función de criterios transexenales. Esa una hipótesis en base a evidencia empírica. Para ese fin elegirá a la persona (hombre o mujer) cuyo perfil sea de su entera confianza, que en los hechos demuestre plena identidad a su persona (no necesariamente a Morena; el partido es prescindible).

Pero sobre todo es de suponer que el Presidente cuidará que el próximo gobernador de Puebla le sea funcional en su devenir inmediato, a partir del año entrante, cuando termina su periodo de gobierno. Esto es, que la lealtad del futuro mandatario estatal se mantenga más allá de octubre del año entrante.

En el caso del gobernador Barbosa, lo sabemos, la relación no tuvo la tersura que habría deseado el tabasqueño. Las desavenencias en materia de políticas de salud llegaron incluso a las páginas de los medios nacionales. El finado nunca se contuvo en sus pareceres, y recriminó.

Como dicen los que han hurgan en el pasado del Presidente para tratar de entender su futuro inmediato. El año entrante López Obrador dejará el cargo, pero no el poder. Hallan que su verdadero alter ego no es Cárdenas; es Plutarco Elías Calles.

El sonorense, en 1928, supo arreglárselas para nombrar en el puesto de Presidente a personajes porosos, moldeables a sus intereses. Por la Silla del Águila desfilaron nombres como Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez.

Militar a favor del Presidente, y me parece que es parte de su gran cálculo de largo plazo, diseñado con mucha antelación: la Ley Federal de Revocación de Mandato. Una estratagema que cuando se aprobó nadie entendió cuál era la finalidad que perseguía. Una finalidad –ahora lo sabemos– encubierta.

López Obrador seguirá gobernando desde la plaza pública, ya se trate de un presidente surgido de su partido, Morena, que ose tomar decisiones contrarias a su beneplácito; y cuanto más si se trata de uno salido de la oposición. La Revocación de Mandato es un instrumento extraño, peligroso para la estabilidad política y para la democracia en general.

En ese modelo transexenal, diseñado con la diligencia de una mente perversa, las Fuerzas Armadas estarán del lado de López Obrador, con plena autonomía presupuestal para actuar, pues el usufructo de los grandes proyectos emblemas de este gobierno ya fueron escriturados a nombre de los generales.

En este contexto los aspirantes de Morena en Puebla no se disputan ganar la voluntad de los electores, los supremos mandantes en una democracia electoral, proponiendo proyecto y programas de buen gobierno, o ponderando trayectorias y experiencia personales.

La verdadera disputa está en quién manda el guiño más atractivo a Palacio Nacional, y logra cautivar a su huésped.

Al final será gobernador quien tenga la confianza y gane la gracia de López Obrador, lo demás, lo de la campaña y la elección, serán tareas de mero trámite. Seguros que la popularidad del Presidente le será transmutada en el momento en que aparezca a su lado, y le alce el brazo.

El historiador Daniel Cosío Villegas acuño el término de facultades metaconstitucionales para referirse a la ilegalidad que se arroga el Presidente de la República para nombrar a su sucesor, el cargo más importante de la república, y de los demás aspirantes a cargos de elección (El sistema político mexicano, 1982).

Sin embargo, el problema sigue siendo el mismo: el contenido espurio de las transiciones, para referirlo en el lenguaje del Presidente. Es un contenido que, para decirlo con suavidad, se desarrolla en camino contrario a los anhelos de la población.

De nuevo son las camarillas, los grupos de poder, los de toda la vida, ya en partidos o ya solos, como fuente de financiamiento de elecciones, los que al final siguen ganando, en despecho de la prosperidad de la gente.

La verdadera reforma electoral que falta, que ni siquiera se toca. Que no aparece en el Plan B. Me refiero al financiamiento ilegal en las campañas, la verdadera fuente de corrupción que se mantiene enhiesta durante todo el periodo de gobierno.

@ocielmora

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