Independientemente que la imagen, reputación y prestigio de la ministra Yasmín Esquivel Mossa han quedado, no solo seriamente afectados, sino la propia imagen de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ha tenido que enfrentar el penoso caso de uno de sus integrantes envuelto en conocido escándalo de plagio.
Una vez habiéndose constituido un colegiado para analizar la situación de la ministra y habiendo tomado una postura lista para hacerse pública podemos observar tres momentos:
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Primero. Cuando un tribunal federal desechó el amparo tramitado por la ministra Esquivel con el que pretendía evitar que la UNAM analizara el caso del supuesto plagio de su tesis de licenciatura presentada desde 1987. En este sentido, con esta resolución emitida por dicho Tribunal Colegiado en materia Administrativa, ya no habría ningún impedimento legal para que la UNAM emita su dictamen, pronunciándose así en el caso del plagio de la citada tesis.
Segundo. Cuando el mismo día, el 21 de abril de 2023, la Universidad recibe una notificación por parte del Juzgado Civil de la Ciudad de México, donde se exponen una serie de medidas cautelares, en las cuales se ordena a la institución abstenerse de difundir el citado dictamen.
Tercero. Que de forma deliberada expone la manera de operar el silencio de la Universidad a como dé lugar, es mediante la exposición de su rector Enrique Graue, hace apenas un par de días, por la realización de un sinnúmero de viajes, lujos y gastos por casi 80 millones de pesos.
Lo anterior revela la manera de operar en el poder para amedrentar la ejecución de solamente revelar un dictamen, responsabilidad de la institución involucrada en un escándalo de primer nivel.
A ver: ¿qué no parece obvio que si mando a callar a una institución a través del poder que tengo es porque obviamente no quiero que se publique el dictamen del Colegiado porque simplemente sé que no me será favorable? En este orden de ideas, tan solo hecho de solicitar el amparo para detener la publicación del dictamen del Colegiado de la UNAM ya es una clara declaración de auto culpabilidad a ojos de quien tenga un mínimo de sentido común.
No obstante, no contenta con auto culparse a través de la solicitud de tal amparo, resulta que ahora, lo que nunca había sucedido, precisamente en esta semana, ¡qué barbaridad, ¡cómo son las casualidades! Resulta que el rector Graue tiene un asunto que aclarar.
Lo que puedo adelantar es que este juego no va a terminar bien, y no me refiero a la Universidad ni a su rector, sino que la verdad, tarde o temprano saldrá al conocimiento público.