El 15 de abril fue el Día Internacional del Arte y el 30 de abril celebramos en México el Día del Infante, lo cual me da un excelente pretexto para poner sobre la mesa un tema interesante, necesario, que no ha sido debidamente valorado: la actividad artística infantil, tanto en la expectación, como en la producción, importante para un desarrollo emocional, psíquico, cognitivo y motriz óptimo en cualquier niño y niña. La música, por ejemplo, facilita, entre otras cosas, la habilidad para la comprensión de las matemáticas, aunque en música 4/4 ≠ 2/2 ≠ 1. La literatura, por su parte, despeja la mente y facilita la imaginación y fabricación mental de escenarios, paisajes, ambientes y personajes. El teatro, como cualquier actividad escénica, motiva la concentración y visualización espacial, lo que mantendría a nuestros jóvenes menos apegados a las pantallas.
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Desgraciadamente en México no se le da la debida importancia a la educación artística en la escuela, ni en los espacios comunes como en la mayoría de los museos ni desde las políticas públicas destinadas a la gestión cultural.
La creación artística debería de ser una asignatura obligada en cada uno de los grados escolares, de ser posible, con una sujeción transversal con otras asignaturas y vinculadas también con las subsecuentes clases de arte (en los siguientes grados), es decir una trama obligada en la retícula curricular.
Los museos en Puebla carecen de la sección de Servicios Educativos, con excepción del Museo Amparo y el Museo Nacional de Ferrocarriles Mexicanos, lo cual convierte a estos espacios en meros escaparates de joyería, cuya información –y la falta de esta- que queda sin procesar, sin asimilar, sin ton ni son.
Y es que la educación artística es estimulante en varios sentidos:
- Es un medio de comunicación, ya que no todos tenemos la misma capacidad de habla y de comunicación con los demás, por lo que el arte es una alternativa grandilocuente.
- Impulsa la imaginación y la creatividad, importantes aspectos en cualquier disciplina, pues los descubrimientos científicos no hubiesen tenido lugar sin estos motores.
- Facilita la concentración, ya que cualquier actividad artística requiere de concentración para su solución, lo que eventualmente va a favorecer para la adquisición de conocimientos diversos.
- Ayuda a la motricidad y coordinación, ya que en danza se ha de coordinar oído-movimiento corporal, en el dibujo: ojo-mano, en música: oído-manos, por ejemplo.
- Mejora el uso de los sentidos, ya que, como se dijo en el punto anterior, todos se potencializan dependiendo de la actividad a realizar, inclusive, gracias a las nuevas tecnologías, se pueden hacer performances e instalaciones combinando teatro y danza, pintura, música, arte y ciencia.
- Facilita la formación de un criterio propio, ya que al presenciar teatro, danza, música o visitar un museo, el espectador se va formando un criterio propio de lo que le gusta o no, y al mismo tiempo va elaborando, cuestionando o fortaleciendo su propia escala de valores.
- Incremento en la autoestima, pues todas estas actividades implican un esfuerzo y cuando el estudiante llega a ver sus propios logros, la sensación de realización es inconmensurable.
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