Parte del discurso que Andrés Manuel López Obrador ha venido reiterativamente mencionando a lo largo de la campaña política del 2018 y durante todo su periodo como Presidente ha sido el combate frontal a la corrupción, situación que a título personal he de pronunciarme que reconozco, acepto y avalo que sí ha luchado contra la corrupción, bajo la lógica que públicamente ha dicho barriéndola como las escaleras de arriba hacia abajo. El Presidente de México es cierto que ha combatido la corrupción política y la corrupción administrativa pública, también ha evidenciado la corrupción corporativa y la corrupción privada, insisto la ha combatido, pero la pregunta es, la erradicó o están disminuyendo los niveles de corrupción en el país y si están disminuyendo en qué niveles, en que sectores y bajo qué criterios.
Lo cierto es que las cifras oficiales señalan que México hoy por hoy está estancado en mejorar la percepción de corrupción, según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) presentado en Berlín; México obtuvo por tercer año consecutivo 31 de 100 puntos ubicándose como el país peor evaluado de la OCDE y el segundo peor del G20; si queremos ser los mejores tenemos que medirnos con los mejores dicen. ¿Que nos lleva a México a estar tan mal?
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La principal de las razones, es la impunidad que se vive, no se castigan ni los casos más emblemáticos ni los de trato diario, las fiscalías fracasan, las comisiones de derechos humanos no dignifican y los jueces fabrican culpables y liberan responsables, aunado a todo esto, los recursos que se robaron los corruptos no se regresa a las arcas, no hay transparencia de qué se hizo con esos recursos si es que se recuperaron, no se sabe si el destino de ese recurso fue para invertir en desarrollo social o la reducción de las desigualdades o se terminó utilizando para fines político electorales.
Pero una corrupción que no se muestra o se termina difuminando en el país, en los estados y en los municipios es la corrupción de aquellas personas que son y que deciden ser incapaces, ineptas, incompetentes, inhábiles, inmorales que por sus características para interactuar en la sociedad o por su formación cultural o académica o por sus intereses personales o familiares deciden aceptar puestos de elección o administrativos en los que no son capaces o no les interesa capacitarse para el cargo o comisión, ya sea de empleados públicos, servidores públicos, funcionarios públicos o representantes de elección, donde se vuelven parásitos legislativos, administrativos y judiciales, donde en lugar de sumar, restan, donde en lugar de ayudar, obstaculizan, donde su único fin es recibir un sueldo o de asumir un rol de mercadotecnia político para ellos o para que sus jefes puedan asumir el rol de ser incluyente, aliado o plurales; lo peor no es solo llegar siendo un inepto del tema que te toca atender, sino que una vez estando allá no seas una persona digna para que se ponga a estudiar, entender o conocer lo que debe hacer y se dedique mejor a tomarse selfies, regalar despensas y publicitarse en los diversos medios presumiendo lo que no son y lo que nunca han hecho.
Lo anterior ha sucedido a lo largo de la historia en todo el mundo y muchos me han dicho “nada ha pasado, la vida sigue y sigue funcionando”. Tal vez existen áreas de la vida pública donde no se ve que afecta que lleguen personas incompetentes, pero el daño es tan profundo como imperceptible y más en el mundo de los derechos humanos, la incapacidad e inmovilidad, afecta muchísimo, hace mucho daño y le pega directamente a la reconstrucción del tejido social y al fortalecimiento de sociedades solidarias y en paz, pues un día de inactividad en la cultura de los derechos humanos es un día ganado por aquellos que quieren comercializarlo todo, empezando por las personas; un día de inactividad no es un día perdido, es una oportunidad menos de dignificar los derechos humanos y el medio ambiente, pues los que se sienten dueños del planeta y todo lo que existe en él, los grandes corporativos están invirtiendo desde hace décadas millones de recursos en campañas altamente efectivas para hacernos una sociedad de homo consumens, es decir, estamos muy cerca de ser sociedades uniformes e integradas por personas individualistas, hedonistas, adictos, violentos, consumistas, obesos y esclavos del status quo, al final el control de las masas se logra primero con la división de unos y otros, segundo con la ignorancia de las mayorías y tercero con el olvido de nuestra cultura y tradiciones.
Hoy en México desde el poder al sector de los Derechos Humanos se le ignora, se le criminaliza, se le ridiculiza, se le difama, pues hoy tiene puesta la casaca de ser uno de los enemigos de la 4T y la consecuencia de no ser escuchados y atendidos nuestros señalamientos, salvo decir que es el ataque de los enemigos del régimen, pero nada se ha hecho para reducir la violencia, las muertes y las desapariciones. Tal vez es cierto que el Presidente de hoy no manda a matar o desaparecer defensores o periodistas, pero también una realidad es que siguen matando y desapareciendo defensores en México y nada estamos haciendo por romper con esa sistemática violencia en el país.
Creer que los que sabemos algo de Derechos Humanos nos hemos vuelto los enemigos del actual régimen ha motivado que el Gobierno contrate en las áreas eminentemente de Derechos Humanos a personajes obscuros, de pasado cuestionable y de actualidad tenebrosa o simplemente a personas incapaces, ineptas, incompetentes, inhábiles e inmorales que no saben o no quieren resolver los asuntos que les corresponden, no puedo dejar pasar lo que le dijo cierta persona de poder a uno de sus empleados, recién lo había contratado para atender temas de derechos humanos, “…estas aquí nomas para yo verme incluyente y no hagas ocurrencias de querer hacer algo que no sabes hacer, mejor no hagas nada y sigue saludando en los eventos…” y hasta el día de hoy, esta persona a seguido al pie de la letra lo que le ordenaron y otras más al parecer siguen haciendo lo mismo.
Tampoco podemos olvidar como caso emblemático aquella persona que era titular de atender los casos de personas afromexicanas en la CNDH, realizando expresiones discriminatorias contra precisamente el sector que le tocaba defender; o personas que utilizan a las áreas de recursos humanos, contralorías, fiscalías, medios de comunicación para controlar al personal y sus empleados, amenazando y creando denuncias de acoso y hostigamiento como herramientas para deshacerse de trabajadores, opositores políticos, incluso personas para conservar sus empleos o para escalar posiciones en los organigramas, motivando gravísimos daños e invisibilizando a todas aquellas personas que verdaderamente están viviendo esquemas de violencia en el trabajo, en el hogar o en los centros sociales y que no tienen las relaciones públicas o el nivel de conocimiento o poder donde sean atendidas y escuchadas estas personas, situación que hoy en día en todo el país se están viendo afectadas las verdaderas víctimas pues los verdaderos acosadores y hostigadores están comenzando a construir relatorías en perjuicio de las verdaderas víctimas.
Derivado de este tipo de corrupción que vivimos en México, la de la ignorancia de quienes tendrían que estar resolviendo los temas de derechos humanos ha motivado que el gobierno sistemáticamente estigmatice a las personas feministas y defensoras de los derechos humanos, que las fuerzas de seguridad repriman cada vez más, que las violencias y los homicidios de periodistas y defensores se siga incrementando, que dolorosamente hemos superado a las más de 110,000 personas desaparecidas, que la falta de transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información dificulta cada vez más a las víctimas de violaciones de derechos humanos y sus familias el acceso a la verdad, la justicia y la reparación; que la indiferencia e ignorancia de quienes tendrían que resolver los casos de afectaciones a los derechos humanos, están motivando una sociedad mas violenta, más impotente, mas delincuencial, pues no ven más que la destrucción como alternativa de vida.
El aceptar un trabajo sabedor que eres ignorante para el mismo ya te hace ser corrupto, pero el que lo aceptes y una vez adentro no te pongas a estudiar, te prepares o te exijas hacer un buen trabajo aunado a que es un trabajo público, no solo eres corrupto sino traidor a la patria y a tu propia especie. Desafortunadamente hoy si vamos viendo quienes trabajan en las comisiones de derechos humanos del país, de atención a víctimas, de búsqueda, en las áreas municipales, estatales o federales de derechos humanos como jefaturas, direcciones o subsecretarias o en las comisiones de regidores, diputados y del senado encargadas de las áreas de derechos humanos, salvo áreas formidables nos damos cuenta del porqué estamos tan mal y tan ignorantes en muchas de las áreas de lo que son y deben ser los derechos humanos para una sociedad como la nuestra: la discriminación, la violencia feminicida, el adultocentrismo, la xenofobia, la gerontofobia, el racismo y muchas áreas más es responsabilidad de toda nuestra sociedad mexicana, pero el incremento y el que se esté agravando es responsabilidad de la ignorancia, insensibilidad y protagonismo de quienes hoy encabezan al poder publico en México en las áreas de derechos humanos.
Solo siendo proactivos, preventivos, formativos y educativos es como podremos romper con este ciclo de descomposición social que estamos viviendo en México y tiene que ser no desde la soberbia de sentirse el máximo exponente en el país o en el estado, sino desde la humildad de construir procesos locales que sean armoniosos para el grupo poblacional que se atiende, por eso es tan necesaria la municipalización de los derechos humanos.
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