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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Conjeturas en torno a Julio Huerta

No ha dicho públicamente que quiere ser gobernador, pero las acciones lo dejan entrever

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Marzo 29, 2023

¿De verás el señor Julio Miguel Huerta es el hombre que precisa Puebla para remontar el cúmulo de inequidades que lo tienen sumido entre los últimos cinco lugares en la métrica nacional, la que mide el bienestar y sus avances en los estados de la República?

¿Es cierto que la inanición de Morena en la entidad es de tal tamaño que tiene que recurrir a personajes desconocidos y de dudosa trayectoria política para hacerle frente a la oposición en la disputa por la gubernatura del Estado el año entrante?

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¿O es que de plano en Morena suponen que la voluntad de los votantes y la opinión pública son hechos prescindibles, pues al final del día acabarán siendo coaccionadas por la fuerza clientelar de las estructuras partidistas y de gobierno, mediante las consabidas dádivas?

¿Acaso el partido Morena está en la lógica del ahora presidente López Obrador, de cuando en sus tiempos de opositor furioso, afirmaba que cuando el gobierno tiene el control de los órganos electorales puede postular una vaca y hacerla ganar?

Si Morena deveras es un partido echado a la izquierda, partidario de esa ideología y promotor de la justicia social, como reza el ideario, ¿cuáles son los haberes de contenido social que hacen al titular de Gobernación merecedor de sentarse en el puesto de gobernador del Estado?

Se trata de preguntas ordinarias las mías. Hasta en la ley aparece que tratándose de la vida pública el acceso de las personas a la información debe ser garantizada por el Estado, confiable y oportuna, pues de ella depende la correcta toma de decisiones, como por ejemplo elegir nuevos gobernantes.

La de gobernador es la elección cardinal, la más importante de todas, puesto que se deposita en él el bienestar de más de seis millones de personas (6.583 millones), de cuyo desempeño depende el futuro de generaciones enteras.

De buenos o malos gobernantes, de buenas o malas política públicas depende que en las familias pobres se rompa el círculo vicioso y haya movilidad social, y los hijos tengan mejores condiciones de vida con respecto de sus padres.

Por ejemplo, en este punto, se ha criticado mucho el nombramiento hecho por el gobernado Salomón Céspedes del nuevo titular de la Secretaría de Educación Pública, una persona calificada de incompetente para desempeñar el cargo y dirigir y reformar la educación en la entidad.

El gobernador ha explicado razones políticas (supongo que se refiere a los acuerdos con los partidos de oposición representados en el Congreso, los cuales no han sido revelados), pero las razones políticas de grupos no pueden estar por encima del interés general y de la propia legalidad.

En los hechos, esa medida, se traducirá en efectos negativos para el bienestar de la población en general, pero muy en particular para las familias que se encuentra en los últimos peldaños de la pirámide, y que le apuestan a la educación para sacar a sus hijos de ese estado de pobreza y hambre.

Esto lleva a otro punto igualmente importante: el diseño político y sus omisiones. La presencia-ausencia del Poder Legislativo. Ante una decisión con esas implicaciones, la Comisión de Educación debe (debió) emitir un pronunciamiento al respecto, ya para aprobar o ya para corregir.

Volviendo al tema inicial. Lo único, y de lo que no parece haber disputa, es que no se sabe mucho del aspirante Julio Huerta, para no decir nada, que no sean los mensajes pagados en las redes sociales, y las fotos de empleados de la dependencia con mujeres indígenas escondiendo la vergüenza de su pobreza, frente al bochornoso momento de recibir la consabida caja de despensa, y los flashazos para las redes sociales.

Hay que recordarles que la política social, regida por la Ley General de Desarrollo Social, exige en primerísimo lugar el respeto de la dignidad de las personas que se encuentran en esa terrible condición social.

La promoción dadivosa pondera públicamente al que da y al que recibe. La relación de sumisión y obediencia entre el poderoso y el débil. El que todo lo da y a la vez todo lo quita. Si tu me das y yo recibo, quedo obligado a darte mi voto, y el de mi familia.

Sabemos que nuestro personaje pasó de una regiduría de ayuntamiento de pueblo al segundo puesto más importante en la estructura administrativa del Poder Ejecutivo en la entidad. Pero ignoramos cuáles fueron los méritos cívicos y políticos que hicieron la magia de tremendo brinco.

No ha dicho públicamente que quiere ser el próximo gobernador, pero las acciones de todas las dependencias del gobierno estatal lo dejan entrever. Ya asumió, por ejemplo, las funciones que por procedimiento y ley le corresponden a la Secretaria de Bienestar.

Pues bien, hasta ahora todo lo que llevo dicho corresponde al terreno de las conjeturas. Como en general ocurre en el comentarismo. Lo cual tiene una explicación.

Conclusión preliminar: No hay experiencia, no hay trayectoria, no hay habilidad técnica en temas cruciales de administración pública. Para no hablar del desempeño en la dependencia. Pero el régimen electoral mexicano es universal, así que la última palabra estará en manos de los electores, de ser que sigan siendo determinante en el proceso de hacer gobierno.

Confieso que durante un par de semanas traté de gestionar una cita con el señor Julio Huerta con el fin de conocer de primera mano su parecer sobre los grandes temas de la entidad, y pergeñar estos apuntes. Su oficina es un bunker para el hombre común y corriente, que somos la mayoría.

Reconozco que seguí un camino ecléctico. Evité los filtros tradicionales que facilitan el acercamiento. No lo hice porque esto pone en guardia y es motivo de prejuicio. Tampoco me presenté en la oficina de prensa como es habitual, entre otras razones porque no soy periodista. Así que recurrí al procedimiento al que se ve obligado cualquier mortal proveniente de las sierras en busca de la protección de la autoridad.

En internet aparecen hasta cuatro o cinco números de teléfono de la Secretaría de Gobernación. Unos están deshabilitados y en otros no contestan. Cuando llegan a hacerlo, lo primero que hace la voz es disuadir. Ya porque no saben la extensión o ya porque no contestan. Y también porque lo de ahora son los celulares, no los viejos teléfonos de línea.

A uno del conmutador le tengo que explicar que el derecho de petición es un derecho consagrado en la Constitución, que protege a los peticionarios como yo. En el acto responde que él no está para esas tonterías y cuelga. La de Julio Huerta no es una dependencia empática con la población.

Al final me presentó en la antigua Hacienda Aguayo, ahora rebautizada como Casa Aguayo. Se fundó en la segunda mitad del siglo XVI por un regidor español que supo combinar la política con los negocios personales. Los primeros asomos del patrimonialismo que rifaron durante los tres siglos de Colonia.

Al gachupín recién establecido en Puebla para “hacer la América”, le gusto el predio del otro lado del río y comenzó el negocio con unos chiqueros de marranos y bodega de granos.

En la antigua puerta de madera me topo con un gendarme de mirada torva y arma larga colgada del hombro izquierdo. Emprende la inspección visual: consiste en un rodeo de miradas inquisitivas.  Luego me hace caminar unos pasos dentro, para toparte con una mole de fierro. Dentro hay tres señoritas que intentan ser amables para que confiese qué razones me han llevado hasta allí, y lo inaudito de mi solicitud.

Sospecho que en su política de atención al público los únicos mortales con derecho legítimo de solicitar entrar son, por ejemplo, el dueño de Tesla, de Twitter, tal vez el señor Slim, pero no uno como el que tienen enfrente, de sombrero y huarachudo. Durante unos diez minutos revisan mis credenciales, le toman fotos, sacan copias, escriben, se comunican con actitud misteriosa, y me vuelven a mirar.

Finalmente me devuelven los originales. “Fíjese señor que todos ya salieron. Tendría que regresar después o el martes, a la consulta ciudadana. Allí atienden a todos”. Es decir, ese día se borra la distinción por condición o posición social.

Ante mi insistencia viene otra persona y me dice que no me preocupe. Sus datos ya los tiene la señorita Laura González. Me informa que ella se comunicará conmigo más tarde, o tal vez mañana, y en el caso de que no, pues que regrese.

Noto que mi presencia genera tensión entre los jóvenes de traje oscuro brilloso y cabello rapado. Me cubro con un sombrero de palma roído. Calzo huaraches y visto un saco de pana con parches en los codos, el atuendo de los intelectuales izquierdosos de los años ochenta, y un libro en la mano.

Entonces trato de asomarme, y uno de los jóvenes de traje oscuro brilloso reacciona al vuelo: “chis, chis”. Entonces recuerdo a Kafka y que estoy ante la ley:

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

Como dejamos entrever la semana pasada, la eventual candidatura de Julio Huerta al puesto de gobernador estará en función de los afectos y buen o mal humor del Presidente de la República en el papel de gran elector. En esa misma condición se encuentra, lo decíamos también, el aspirante Nacho Mier. En el caso de Huerta, para ser más preciso, su carrera está en función de Claudia Sheinbaum. Del mismo modo que Mier hace depender la suya de la suerte que corra Adán Augusto López, en su papel de corcholata.

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