El Cerro de San Miguel del pueblo mágico de Atlixco, Puebla, es una formación geológica producto de las erupciones volcánicas, pero que también ha sido intervenido por la mano del hombre en diferentes momentos de nuestro pasado prehispánico, y es que, si bien el Valle de Atlixco muestra ocupación prehispánica desde siglos antes de nuestra era, en particular, en las laderas del Cerro de San Miguel, diferentes investigadores del INAH han reportado asentamientos humanos desde el Preclásico. Por ejemplo, los arqueólogos Miguel Medina y Martha A. Sáenz realizaron exploraciones arqueológicas en las inmediaciones del cerro en 2019, a partir de lo cual reportan presencia de aldeas de agricultores de alrededor de 1800 a.C, así como ocupación durante el Posclásico (de 1100 a 1450 d.C.).
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Desde el año pasado, el Gobierno del Estado, por medio de la Secretaría de Infraestructura y de la Secretaría de Cultura, y el H. Ayuntamiento de Atlixco, con la supervisión y acompañamiento del Centro Regional INAH-Puebla, a través de sus secciones de Monumentos y de Arqueología, están ejecutando un proyecto de remozamiento del cerro, el cual incluye dignificación espacios, instalación de infraestructura y mobiliario urbano, así como la creación de espacios lúdicos. Para llevar a cabo dichos trabajos, se han debido realizar exploraciones arqueológicas, ya que en la década de los sesenta del siglo pasado, durante la construcción de la actual Plazuela de la Danza no hubo tal y se destruyó gran parte de las estructuras arquitectónicas prehispánicas, algunas de las cuales datan desde el Clásico (contemporáneo a Teotihuacán), de acuerdo con el Arqglo. Miguel Medina Jaén.
Este particular cerro ha sido terraceado en diferentes niveles, por lo que se pueden distinguir muros de contención a base de tepetate careado. Así, podemos hablar de un cerro geológico y arquitectónico.
Ahora se está equipando para que ahí tengan lugar diferentes actividades sociales, pero también para provocar un acercamiento a las características de nuestro pasado prehispánico mesoamericano, del cual Atlixco fue un elemento importante que guarda muchas riquezas aún desconocidas y es que, al día de hoy, gran parte de las estructuras arquitectónicas que poblaban este valle han desaparecido por la actividad agrícola y por la reutilización de las piedras para construcciones particulares.
Por su ubicación, la Plazuela de la Danza goza de una vista espectacular en que se dominan el valle, la serranía y los volcanes. Es por esta razón que son varias las fechas en que este lugar adquiere relevancia, por ejemplo, el 12 de febrero fue cuando el sol empezó a iluminar desde el Cerro de Nanahuatzin.
Fue a iniciativa de los arqueólogos Medina y Carlos Cedillo, que se retomaron elementos prehispánicos propios del lugar para ornamentar esta plazuela:
- Un disco solar inspirado en una piedra labrada y ubicada en territorio atlixqueño y que representa la concepción que del sol se tenía.
- Por otra parte, este cerro recibía el nombre de Macuilxóchitl (voz náhuatl que significa 5 flor), por lo que también se instalaron cenefas de cinco flores en el talud que rodea y sostiene la explanada de la plazuela.
- Finalmente, al centro visual del talud se puede apreciar un águila inspirada en el dibujado en el mapa circular de Huaquechula y es que aquí, en la actual ciudad de Atlixco se asentó el primer poblado de Huaquechula, mismo que fue expulsado por los de Calpan y Huejotzingo, quienes controlaban esas tierras.