Es joven, 21 años. Es universitaria y viene del interior del estado. No es una muchacha típica que le guste vestir y calzar al último grito de la moda, del maquillaje y los accesorios. No me atrevo a llamarla sencilla sino auténtica: viste faldas o vestidos amplios de colores alegres y calza lo que le acomoda utilizando, sin pretensión y a modo de diversión y juego, complementos atípicos para el común de la gente, lo que la distingue del resto. Lo que tengo claro es que lo suyo, lo suyo es terminar su carrera y ejercer su profesión con toda la pasión e inteligencia de las que es capaz.
Es brillante, -es lo que más llama la atención cuando la conoces-, y en eso sí, es sencilla, tiene claridad y profundidad mentales, características que no vienen juntas comúnmente; está enfocada a lograr sus objetivos, de una manera muy aterrizada al no hablar de lugares comunes como “sueños” e “ilusiones” ya que tiene metas con un plan de acción y estrategia. Nunca se apantalla de que el mundo manifieste su lado ‘loco y peligroso’, lo vé pero vira hacia su interior donde está la riqueza que poseé.
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Viene de familia unida de padre y madre jóvenes y solidarios con sus hijos; migrantes por algunos años en Estados Unidos -ella siendo muy pequeña-, y por esas cosas del ‘yo y mi circunstancia’, regresaron a México. Ella manifiesta pena por haber regresado de la Unión Americana por el apoyo, las oportunidades y el reconocimiento que ese país brinda a los jóvenes talentosos. Pero no se achicopala, sabe que hoy más que nunca hay posibilidades para estudiantes destacados ir de intercambio de estudios a otros países y ahí sobresalir, enfocada en lo que la hace sentir plena.
Hace unos días sacó el tema de la canción “Motomami” de la española Rosalía de la que tenía que hacer un comentario escrito por una conferencia magistral que escuchó, de una especialista doctorada en feminismo. Le pregunté qué significa el término y respondió: “La palabra 'Moto' proviene del japonés que significa 'duro' o 'fuerte', mientras que 'Mami' del español que se utiliza para referirse a la madre o la mujer con poder de crear, además del amor a las motocicletas. Rosalía fusionó los dos conceptos cuya canción se ha convertido en una manifestación en reconocimiento al feminismo de estos tiempos.”
No pude más que pensar en lo lejos que estoy del feminismo en general y del actual en particular. No me identifico con ellas, que no significa que esté a favor de los abusos hacia las mujeres, el feminicidio y demás horrores cometidos por hombres; tengo la certeza de que mientras no se atienda y se eduque a los hombres desde niños y jóvenes, (es difícil o imposible reeducar a adultos y adultos mayores), para que descubran una nueva manera de serlo, logrando una masculinidad responsable con equilibrio, porque el esquema de que entre hombres y mujeres hay una lucha, -o guerra-, y mucho menos suma cero (cuando la ganancia de un lado, equivale a la pérdida del otro) como lo expone Richard V. Reeves en su libro Of Boys and Men: Why the Modern Male is Struggling Why it Matters and What to do About it (De Niños y Hombres: Por qué tiene dificultades el hombre moderno, por qué importa y qué Hacer al respecto), es total y absolutamente superable. Sí, hay que acabar con el abuso hacia todas las mujeres, pero también hacia los hombres; no creo que el mensaje de este tipo de canciones sean la panacea y exponerla como tema en una conferencia magistral, ¡me salta!
No me sorprendió que ella tampoco estuviera de acuerdo en que se usara este concepto creado por una artista famosa para una conferencia donde su comentario sería parte de la calificación. Afirmó: “Puede ser que el término creado por La Rosalía, -título de la canción-, sea pegajoso; que la emoción que despierta la música y el ritmo te atrape, pero el contenido se presta a confusión.”