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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sin golpe de timón no habrá avance de nada

El gobernador tiene que reafirmarse en el puesto más tratándose de una designación y no una elección

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Febrero 1, 2023

En breve se cumplirán dos meses de la partida de quien fuera gobernador de Puebla, el señor Miguel Barbosa. Y ese mismo periodo está por cumplir en el cargo, el ahora gobernador sustituto Sergio Salomón Céspedes Peregrina.

Periodo a su vez largo y corto. Puebla se encuentra entre las cinco entidades con el mayor rezago social. Con pobreza y pobreza extrema. La entidad carece de una política social digna de ese nombre que ataque el tuétano del mal. Esto es, que sus acciones incidan en la transformación de la vida de las personas y familias. Una política social que vaya más allá de las tentaciones electorales.

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En términos de responsabilidad pública, Puebla se encuentra, o debería de encontrarse, en un estado de emergencia, si la vemos en función de su pasado histórico, pues en algún momento superó a la capital del reino.

He aquí cuando afirmo que dos meses es una pérdida grande para el imperativo que tiene en puerta el nuevo gobierno. Si es que en verdad está comprometido con el bienestar de la entidad, y políticamente con la defensa de la plaza para Morena. Lo uno va de la mano de lo otro.

Es decir, si el gobernador Sergio Salomón Céspedes está dispuesto a dar un golpe de timón y recuperar el tiempo perdido mediante dos acciones imprescindibles, a) la organización de un gabinete técnica y políticamente sólido, y b) la realización de un nuevo Plan Estatal de Gobierno. Lo otro es dejarse arrastrar por la corriente.

Los cuatro años del finado Miguel Barbosa fueron años perdidos en prácticamente todos los órdenes de gobierno. Esto no lo digo yo, lo dicen los indicadores económicos y sociales. Tampoco se registraron avances en materia de libertades políticas, como se habría esperado de un gobierno que se pregonaba de izquierda. Sobre la calificación de la población, allí están los estudios y sondeos de opinión pública.

El Legislativo, sin mayor escrúpulo político o moral, se mantuvo en la vieja tradición priista-panista de sometimiento a los dictados del Ejecutivo con la cual la entidad literalmente se paralizó. Sin contrapesos de gobierno no hay avances de nada.

El finado nunca tuvo un plan de gobierno medianamente eficaz para hacerle frente a la inequidad. En el que las soluciones estuvieran en función de diagnósticos técnicamente sólidos. Me parece que privaron las ocurrencias, en mucho (se especuló) por su estado de salud. En materia de administración pública ya se sabe, las ocurrencias, ocurrencias son.

Por acá escribimos al final de la primera etapa de la pandemia que había llegado la hora de que el gobierno rehiciera sus instrumentos de planeación (en especial el Plan Estatal de Desarrollo) en base a las condiciones económicas y sanitarias provocadas por la pandemia. Pero en aquel gobierno nadie escuchaba.

Como se sabe, los costos de un gobierno sin planeación eficiente son altísimos, entre otras razones porque la orientación del gasto (la inversión pública) no se hace en función de la rentabilidad social o económica de los proyectos y programas, sino de corazonadas.

Como en el pasado priista y panista, el Plan Estatal de Desarrollo 2019-2024, en el caso de haberlo, más allá de su trámite meramente administrativo de entregarlo al Congreso, no tuvo ninguna incidencia en las políticas públicas.

La herramienta constitucional por antonomasia de la planeación estatal fue, en el pasado, un documento omiso (me refiero a la ley de Planeación para el Desarrollo del Estado de Puebla, y el artículo 26 de la CPEUM). Hasta donde se recuerda, ninguno de los miembros del gabinete lo invocó nunca en sus gestiones del día a día.

A los problemas sociales endémicos que ponen a Puebla muy cerca de Chiapas y Oaxaca, Guerrero y Veracruz, y muy lejos de las entidades del norte, se han venido a sumar peligrosamente la intensificación de la inseguridad y la violencia: feminicidios y desaparición de personas.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a través del Centro Nacional de Información, dio a conocer que, de enero a diciembre del 2022, en Puebla se contabilizaron 1598 casos de homicidios. De ellos, un mil 024 se realizaron con arma de fuego y 634 con arma blanca. Entre las víctimas se encuentran menores de edad.

Entre finales de diciembre y principios de enero, en un periodo de apenas 15 días (ya en este gobierno), se registró el homicidio de seis mujeres. La Fiscalía General del Estado reconoce sólo 19 feminicidios durante 2022; sin embargo, otras métricas hablan de más de sesenta mujeres asesinadas. Esto es, cada semana se cometió un feminicidio.

El gobernador tiene que reafirmarse en el puesto, más aún tratándose de una designación y no elección. Los mentideros están llenos de historias que lo hacen prisionero de acuerdos e intereses, que –dicen– lo inhabilitan en la toma de decisiones de gran calado. Muchos de ellos relacionados con el cargo.

Sin embargo, los costos de no tomar las decisiones adecuadas no son para las élites políticas en disputa, sino para el desarrollo y bienestar de la población. La entidad, me parece, no está para ser rehén.

Si el nuevo gobierno no se pone las pilas y se anima a dar el golpe de timón que falta, acabará por capitular la plaza, entregarle al PAN-PRD-PRI, y hacer de Puebla una entidad cada vez más pobre, más injusta, más desigual, y menos democrática, al grado de que en descuido desplaza a Oaxaca o Chiapas y se coloca en uno de esos lugares.

Chayo News

En cosa de días, tal vez de horas, el país se mueve de manera inédita y muy prometedora. ¡Quién lo habría de decir! La unidad del partido Morena se encuentra amenazada, peligrosamente amenazada, por la repentina formación de nuevas organizaciones políticas, embrionarias si se quiere, pero que ya le disputan a Morena liderazgo y agenda. Sobre todo, le disputan la bandera y la agenda de partido de izquierda, o echado a la izquierda. No hace falta mucha inteligencia para caer en cuenta que Morena no es izquierda, es la refundación del PRI. De pequeños desprendimientos nació el PRD y así comenzó la muerte lenta del PRI. Se repitió ese patrón hace ocho años, cuando el PRD comenzó a desaguarse para darle vida a Morena. Ahora Morena, el partido oficial, empieza a desfondarse para dar nacimiento a una nueva identidad política, que no será, con toda seguridad, Movimiento Ciudadano, y ese señor Dante Delgado. México es más grande que las obsesiones de una partida de unos cuantos iluminados, o de Uno.

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