Opinión

El buen gobernante

Miércoles, Enero 18, 2023
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Los más gloriosos son aquellos que se fusionan, que se enamoran, que se comprometen con su gente
Periodista y analista político. Licenciado en Periodismo por la Carlos Septién y Maestrante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM. Catedrático. Escribe en diversos espacios de comunicación. Medios en los que ha colaborado: Reforma, Notimex, Milenio, Grupo Editorial Expansión y Radio Fórmula.
El buen gobernante

¿Qué implica ser un buen gobernante? La respuesta es sencilla: implica ser un buen capitán. Para los antiguos griegos, el gobernante (kubernao) era la persona que estaba al frente de la embarcación, cuya responsabilidad consistía en llevar el barco a buen puerto, a su destino final.

No es tarea fácil por las constantes tormentas que hay durante la navegación, porque siempre hay nubarrones que sacuden la barca y ponen a temblar a todos, a pasajeros y tripulantes. En mar adentro todo puede suceder.

Malo y extraño cuando el capitán del barco no sabe a dónde va, cuando ignora su destino (eso es para poner nervioso a todos) o bien, cuando ante la tormenta es el primero en saltar, dejando en alto riesgo a los demás.

Gobernar no es tarea sencilla, se requiere demasiada inteligencia para resolver los problemas coyunturales, los más urgentes, los del momento, que agobian y lastiman a más de uno.

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Quizá el gobernante no sea el más lúcido de todo el equipo, el más iluminado, pero opta por rodearse de las personas más capaces, las de mayor conocimiento y sabiduría. Eso lo hace estar por encima de los demás.

Quien gobierna tiene que ser un estratega. En la Antigua Grecia, el “strategoi” era el general, el comandante en jefe y supremo del cuerpo militar, que decidía cómo estructurar la batalla de guerra. Siempre estaba al frente de su batallón, nunca atrás.

¿Hoy qué piden las sociedades modernas? Hombres y mujeres con temple que sean capaces de dar soluciones, que libren las peores guerras -internas y externas- en defensa de los gobernados.

Y para eso, los mejores gobernantes son los que tienen las orejas más paradas, los que saben escuchar con atención las principales demandas de los ciudadanos a quienes conducen. De no ser así, están condenados a perderse en su propio laberinto.

En México, hay gobernantes que están hechos para dos, cuatro o seis años. A esos los llamo yo políticos perecederos; por el contrario, los hay quienes trascienden en el tiempo dejando huella para muchos lustros. Quedan grabados en la memoria y en los corazones de los gobernados.

Hay gobernantes que se casan con sus partidos o movimientos, hay quienes lo hacen con sus administraciones, hay quienes se embelesan consigo mismos, pero los más gloriosos son aquellos que se fusionan, que se enamoran, que se comprometen con su gente, con los ciudadanos.

Gobernar no es nada fácil, es cierto, sobre todo cuando se tiene en la espalda cien escorpiones dispuestos a dar la primera punzada en los momentos de mayor hambre y ambición, pero para eso están estos grandes políticos: para afrontarlo todo por el bien de todos.

@elmerando

 

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