Sin medias tintas, el Presidente, el pasado 4 de enero, reveló lo que él mismo llamó su “estrategia política”, en la que textualmente afirma que “ayudando a los pobres va uno a la segura, porque ya sabe de qué, cuando se necesite defender, en este caso la Transformación, se cuenta con el apoyo de ellos, no así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad, entonces no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”.
Ante tan elocuente y revelador discurso no hay mucho que explicar, sino mas bien aplaudir que su “estrategia política” va viento en popa. Mire usted.
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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su informe a principios de 2022 comunicó, en palabras de la entonces Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, que México incrementaba sus niveles de pobreza extrema de 7.7 a 9.2 por ciento, o el equivalente a alrededor de dos millones de mexicanos más en pobreza extrema, mientras que la población en situación de pobreza, se incrementó de 35.5% del total que había en 2018, a 37.4% en 2020, o el equivalente a tres millones de mexicanos. Esto es, un incremento de pobres de alrededor de cinco millones de mexicanos en total entre pobreza y pobreza extrema. Por cierto, las cifras no procedían sino de la organización internacional cuya Secretaria Ejecutiva fue propuesta por el mismo Presidente de México para encabezar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a finales de septiembre de 2022.
Recientemente, como lo comenté en mi columna “México, lugar 42 en el Índice Mundial de Hambre 2022” en el que daba cuenta de la caída de México al lugar 42 en 2022 desde el lugar 39 el año anterior y desde el 23 en 2019 en el Índice Mundial del Hambre, que el Banco Mundial publicó el penoso descenso de nuestro país en estos tres últimos años. Cabe destacar que el estudio se sustentó, además, en la correlación estadísticamente significativa entre “hambre” y “corrupción”.
Asimismo, si nos remitimos a estadísticas producidas al interior de nuestro país por las instituciones nacionales competentes como el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) revelan que a 2022 la tasa de crecimiento de pobreza extrema por ingresos se ubica en niveles de 13.9 por ciento en el sector rural y 12.8 por ciento en el sector urbano, con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En el mismo sentido, podemos citar el último informe público Medición de Pobreza Multidimensional de CONEVAL, el cual señala que:
“entre 2018 y 2020, el porcentaje de la población en situación de pobreza aumentó de 41.9% a 43.9%, mientras que el número de personas en esta situación pasó de 51.9 a 55.7 millones de personas. Además, el porcentaje de la población en situación de pobreza extrema presentó un incremento de 7.0% a 8.5% entre 2018 y 2020 y el número de personas en situación de pobreza extrema aumentó de 8.7 a 10.8 millones de personas. En términos de carencias sociales, el mayor cambio entre 2018 y 2020 es un aumento de 12.0 puntos porcentuales en la carencia por acceso a los servicios de salud, que pasó de 16.2% a 28.2%.”, conforme al dicho último informe publicado por CONEVAL.
No hay duda de que su “estrategia política” ha sido el único logro que puede constar en datos duros.