Opinión

Navidad ¿feliz?

Domingo, Diciembre 25, 2022
Leer más sobre Antonio Tenorio Adame
Es difícil conquistar un mundo feliz pero no se debe prolongar el sufrimiento innecesario e inhumano
Licenciado en Economía por la UNAM, y docente en la BUAP. Fundador de la Academia de Historia y Crónica Parlamentaria y cofundador de la Asociación de Periodistas Democráticos junto con Renato Leduc. Ha sido diputado federal en diversas legislaturas, desde donde ha impulsado la apertura democrática. 
Navidad ¿feliz?

Celebrar la Navidad es ante todo un acto existencial, en un mundo donde ya habitan 8 mil millones de personas. En esta fecha los deseos expresados son de felicidad; sin embargo, ¿cuántos seres humanos son felices?

Debate por negativa

El mundo occidental celebra este día, 25 de diciembre, la Navidad, en la que se establece el nacimiento de Jesús. ¿Algo por explicar es como un sentimiento religioso encuentra eco en el ámbito familiar y de ahí al amplio ámbito social?

La Navidad no es solo una efeméride más del calendario cristiano, sino se convierte un sentimiento vital que vincula con la renovación de la esperanza, de las expectativas de vida, y de sentimientos familiares de vinculación sanguínea, así todo nacimiento es una afirmación de vida ante la mortalidad, aún más de continuidad existencial frente a la irremisible desaparición mortal.

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La afirmación de la seguridad continua de la especie se realiza por medio del nacimiento como ¿otra eternización ante el temor de la muerte? o ¿ de renovación del sentimiento de nacer?

Aunque nacimiento y muerte se enlazan ante lo desconocido, el ser antes de venir al mundo no conoce o no recuerda lo que era, el ser después de morir no sabe lo que le espera, ambos se enfrentan a lo desconocido o lo nunca habido.

El ser humano se sitúa ante la búsqueda de la felicidad como forma de vida, evade la tragedia, tiende a la satisfacción plena donde cree encontrarlo en el goce, pero este empalaga y se convierte en carga que desechar.

También hay quien rechaza la felicidad, o estima encontrarla de otra manera, como los místicos, o masoquistas, cabe mencionar el sacrificio como forma suprema de purificación.

En fin, caben las excepciones, porque a nadie se le obliga a ser feliz.

El maestro de Salamanca, Miguel Unamuno, habla de El sentimiento trágico de vida, a partir de saber discernir entre lo bueno y lo malo.” Es bueno lo que satisface nuestro anhelo vital y malo aquello que no lo satisface. Es, pues, la filosofía también ciencia de la tragedia de la vida, ¡reflexión del sentimiento trágico de ella!

El sentimiento trágico de la vida porque es mortal al tener un fin, sin embargo mantener la existencia es un reto que obliga a superar resistencias y adversidades, aunque no siempre se vence si se idealiza aun a riesgo de la locura como Don Quijote.

Por eso Jorge Luis Borges decía que la felicidad dura un instante y hay que llenar la vida de instantes. Se trata de un momento fugaz, de plenitud satisfactoria que no depende de ninguna circunstancia de poder, riqueza, estrato social, como tampoco nivel cultural o condición étnica ni siquiera de horizonte histórico determinado sino del goce interno de plenitud existencial.

En el relato de ficción Un mundo feliz de Huxley se presenta un entramado social de seres humanos que obtienen la felicidad por medio de los opioides, que les permite crear mundos imaginarios fuera de la realidad; sin embargo, los efectos tóxicos y los trastornos sociales que generan su consumo comercial ilegal es de brutal confrontación y violencia convertido en un infierno terrenal.

Debate por la afirmativa

¿Dónde está la felicidad? La felicidad es un estado de ánimo que alcanza su plenitud al margen de la época histórica, nivel social o prestigio político, etc., pero se manifiesta de acuerdo con las características del individuo, ya sea un místico o un fanático deportivo. Se reacciona con varias hormonas que recorren el torrente sanguíneo, y a la tormenta de señales eléctricas que destellan. 

La felicidad es un estado emocional, por tanto, es un “bienestar subjetivo”, es algo que siente el individuo en su interior, una sensación o bien de placer inmediato, o bien de satisfacción a largo plazo de la manera como se desarrolle la vida.

Como proceso anatómico, se reacciona a varias hormonas que recorren el torrente sanguíneo, y a la tormenta de señales eléctricas que destellan en diferentes partes del cerebro sin que estas sean necesariamente transmitidas genéticamente.

La felicidad y la desdicha, dice Harari, De animales y dioses, desempeñan un papel en la evolución únicamente en la medida que promueven la supervivencia y la reproducción o dejen de hacerlo.

De tal suerte, con base en esos términos, si se busca conocer la felicidad uno de los parámetros para determinarla sería el crecimiento de la población de una comunidad determinada. Desde luego no se dispone de una graduación específica de orden individual, pero sí daría la idea de una población con menos temores ante el futuro.

Como un fenómeno de la demografía mundial se registra un descenso en la población de los países con mejores condiciones de crecimiento económico, su tasa de incremento demográfico tiende a cero, e incluso en algunos casos a menos cero, lo que arroja un déficit poblacional que obliga a recurrir a la inmigración de mano de obra para cubrir las vacantes de la fuerza de trabajo a fin de no disminuir el Producto interno bruto, así como cubrir las cuotas de jubilaciones y retiros con las aportaciones de trabajadores provenientes de otras latitudes.

Por tanto el flujo migratorio no es una invasión de un país a otro, sino la recomposición geográfica de fuerza de trabajo de regiones deprimidas o atrasadas en sus mercados a causa de un modelo de desarrollo mundial concentrado y excluyente, por lo que termina por asimilar a los excluidos con las consecuencias ya conocidas del rechazo cultural, racismo, discriminación, y marginación desde una derecha política recalcitrante alimentada por el espíritu de la supremacía racial y el expansionismo  de mercado, político y militar.

Los excluidos de la felicidad o quienes menos oportunidad disponen para disfrutarla son los países y personas en condiciones de emergencia por falta de alimentos que a la fecha suman más de 828 millones de seres humanos carecen de suficiencia alimentaria y 50 millones se encuentran al borde de la hambruna.

La pobreza extrema es un factor que impide la seguridad física de alrededor de 85 millones de personas en el mundo, quienes la adversidad les sitúa en condiciones vulnerabilidad de enfermedades y epidemias como ha ocurrido con el covid-19.

Efectos constitucionales

Para sustraer a la humanidad de los riesgos que genera el desequilibrio del desarrollo, la violencia de la guerra, el cambio climático, la inflación en precios de alimentos y efectos de la pandemia se requiere mayor atención de políticas públicas sociales, de forma urgente, así como una remodelación en el poder mundial a manera de lo ocurrido en la postguerra que favorezca una nueva visión de atención a los mundos infrahumanos que se viven hoy en día.

Es difícil conquistar un mundo feliz pero no se debe prolongar el sufrimiento innecesario e inhumano. ¿Lo imposible siempre tarda más?

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