Como un presagio de la película de G. Iñárritu que hoy pude ver, e inspirado en el libro de Braunstein, anoche escribí en mi diario de trabajo:
“Los acontecimientos históricos son un efecto de la memoria, no su causa; la “positividad” de un evento es siempre retroactiva. No hay historia sin memoria, pero puede haber memoria sin historia”.
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Como en el caso de Zizek, la primera dificultad a la que nos enfrenta Bardo es que ya no se puede dar cuenta del mundo más que desde la impostura, la parodia, el carnaval, el sueño, cancelando el edificio del alma trágica -que posiblemente llegue hasta Foucault- para dar cuenta de ese mundo. A partir de esta hipótesis es que todos los elementos del relato, incluyendo historias, narraciones, atmósferas, ritmos, etc., van cobrando un lugar, siempre escurridizo, en el filme.
Por otra parte, no se trata de un relato autobiográfico, donde el yo selecciona - y desecha- algunos elementos de ese mar caótico, fragmentario, opáceo del recuerdo, que tiene como principio el apuntalamiento de sí mismo a través de una lógica racional. Tampoco estamos frente a una apuesta realista: el relato dentro del relato, o el pastiche o collage, dan cuenta de ello.
El título de la película nos ofrece una primera clave de lectura. Para el budismo, bardo, es el estadio intermedio entre la muerte y la reencarnación. Así, el tema de la metamorfosis desarrollado en múltiples niveles, incluso como problema estructural y con él la máscara se convierte en el hilo conductor del trabajo de González Iñárritu. Al respecto, no es menos importante, la metáfora de axolotl y del dios Xólotl en la mitología náhuatl, y la del niño recién nacido, como otras claves de lectura.
Desde luego, el carácter paródico, carnavalesco, onírico de la obra de Iñárritu no resta el ejercicio crítico de la misma respecto a las redes imaginarias del hombre contemporáneo y, especialmente, a las redes imaginarias del poder político en el país hoy día.
Cabe también destacar la extraordinaria actuación de Jiménez Cacho.
Hasta aquí una primera lectura.
J. Canales