Opinión

El futbol y los negociantes

Lunes, Diciembre 12, 2022
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Hay que ver el deporte con objetividad, porque el valor de un país no está en once pares de piernas
Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.
El futbol y los negociantes

El futbol pondrá la nota esta semana y unos días más.

Es un deporte, todos lo sabemos, pero en el caso de México el tema tiene otros alcances que se salen de las canchas.

No soy un conocedor del tema, por tanto, sigo el consejo de un señor de mi pueblo: “no hay que meterse a brujo sin conocer de yerbas.” Soy, se dice en la tauromaquia, un villamelón… pero con aspiraciones de aprender.

Creo que jugar el fut tiene mucho de geometría. Los pases, las combinaciones, las formaciones, la estrategia, va ligada a complicadas operaciones donde se pone en juego la condición físico atlética de los jugares más su inteligencia. La astucia y talento del director técnico, todo en una mezcla fenomenal y diabólica.

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Por eso despierta pasiones, volcanes.

México quedó fuera y todo el mundo aquí debiera aprender la lección, las lecciones. Es difícil que lo hagan. En nuestro país hay jugadores excelentes que merecen un mejor destino. Sin embargo, se da la paradoja que quienes tienen en sus manos este deporte lo manejan literalmente como en la cancha: con los pies.

Colocan por encima de todo el negocio, siendo que se podría combinar muy bien el legítimo fin de invertir y obtener una rentabilidad adecuada, con la construcción de equipos y formación de jugadores de gran nivel, alto índice de competitividad y ofrecer al público un espectáculo que le satisfaga y del que se sienta orgulloso.

De entrada, la intervención de las televisoras, con sus conocidos métodos de trampa, favoritismo y manipulación, no despierta muchas ilusiones. Estas empresas y otros negociantes, anteponen las ventas y comercialización de espacios, jugadores y juegos, y la calidad del futbol resulta sacrificada en estos enjuagues.

La mayor parte de los equipos mexicanos tienen demasiados jugadores extranjeros y se ha dado el caso de que hay en la cancha hasta diez, doce o catorce elementos no mexicanos. Con este tipo de embudo, se reducen las oportunidades para los nacionales.

Esto hace muy difícil que los futbolistas mexicanos adquieren más oportunidades, fogueo y crezcan en calidad. En paralelo a esto, viene otra faceta del negocio: organizan encuentros de equipos mexicanos o la propia selección, para jugar con cuadros de muy baja calidad y la mayor parte de las veces en los Estados Unidos.

Esta clase de partidos “moleros” nada le reditúan al futbol del país. Son cotejos engañosos, se miden con cuadros mediocres, no derivan crecimiento alguno, pero eso sí se llevan millonadas de dólares porque los estadios de allá se llenan con miles de aficionados mexicanos ávidos de “sentir el fervor patrio” que la televisión estimula.

Esto es un burdo engaño, es traficar con un deporte para hinchar fortunas.

Y nada de esto dicen los medios ni lo ven ni lo oyen. Es la misma élite de siempre que cultiva y cuida sus poderosos intereses.

Pura pantomima para engordar a traficantes de piernas.

Frente a todo este laberinto, siempre será una empinada cuesta para que el jugador mexicano destaque. Y precisamente por esta razón es sumamente meritorio que emerjan figuras que rompiendo toda la cadena de vicios, intereses y la más variada red de formas de corrupción, conquisten lugares en el futbol europeo.

Me parece interesante entender todo este fenómeno. Porque resulta injusto menospreciar el esfuerzo y talento que sí tienen los jugadores mexicanos, sean o no de la selección, y dictarles juicio sumario por perder en el mundial. Tampoco quiere decir que se les colme de elogios desmedidos, pese a las fallas registradas, y se aplauda la mediocridad acomodándolos en una zona de confort.

Creo que el futbol mexicano merece ser visto con la lupa de la objetividad y los datos.

Se dan casos de fanáticos, sí (no aficionados, sino) fanáticos, que no habiendo jugado jamás algún deporte ni futbol por supuesto, ni siquiera haber pateado alguna vez una lata de cerveza, y luciendo prominente vientre, fruto de una vida sedentaria y chelera, se erigen en jueces implacables de técnicos y jugadores, y dan clases de teoría y práctica del futbol frente a la comodidad de la televisión o un bar.

En este espacio lo hemos dicho alguna vez: el deporte, cualquiera de ellos, siempre es mejor hacerlo aunque se haga mal, que sólo verlo aunque se vea bien.

Y seguir a los equipos, jugadores y a los campeonatos, como lo que son, competencias deportivas, juegos, medición de atletas y estrategas, donde no está en juego el espíritu de un país, los valores de una nación, ni la patria está representada por once pares de piernas.

Y como en todo juego, unos ganan y otros pierden.

Ni se acaba el mundo ni se derrota a una nación.

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