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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Soltar a los perros

Suele suceder que cuando el “dueño de la casa” se siente atacado lanza el “contraataque” de defensa

Elmer Ancona Dorantes

Periodista y analista político. Licenciado en Periodismo por la Carlos Septién y maestro en Gobierno y Políticas Públicas por el Instituto de Administración Pública (IAP) y maestrante en Ciencias Políticas por la UNAM. Catedrático. Ha escrito en diversos medios como Reforma, Milenio, Grupo Editorial Expansión y Radio Fórmula.

Miércoles, Noviembre 16, 2022

Cuando uno se siente amenazado en casa, lo primero que pasa por la mente es soltar a los perros. Es un viejo y quizá decadente mecanismo de defensa que en ocasiones da resultados. Otras no.

Todo dependerá de la fuerza de ataque que tengan esos “pequeños lobos” y, por supuesto, de la habilidad de los presuntos “agresores” para esquivarlos. Es un asunto de poder contra poder. De poderes fácticos.

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Suele suceder que cuando el “dueño de la casa” se siente atacado, lo primero que pasa por su mente es lanzar el “contraataque” de defensa y protección. No puede permitir que los “invasores” se metan a “su propiedad”.

Una casa que -por cierto- pudiera ser que no sea de su total pertenencia, sino de muchísima gente que a lo largo del tiempo participó en su construcción y que, por derecho, también le pertenece.

Mal hace el supuesto “dueño de la casa” con lanzar desesperadamente a sus “pequeños lobos” a gente inocente que ni tiene pinta de ladrones ni de vándalos ni de usurpadores, ni nada que pueda calificarlos de “delincuentes”.

No puede argumentar que se siente atacado por el simple hecho de que la gente, los vecinos, los auténticos propietarios, pasen libre y pacíficamente por la puerta de “su “propiedad”. Ese sí es un real disparate… y desatino.

Esa persona sólo demuestra debilidad, miedo y temor infundados; expresa cierto grado de ignorancia y de pobreza sentimental por no entender que su casa quizá sea la casa de todos; no comprende que sólo se la prestaron por determinado tiempo -muy corto, por cierto-, y que tarde o temprano tendrá que desocuparla.

¿Por qué se aferran esos falsos dueños a proteger algo que no les pertenece? ¿Por qué mandan mensajes tan agresivos a gente pacífica, que lo único que quiere es transitar libremente por donde mejor les plazca? ¿Por qué lanzar a sus “pequeños lobos” para amedrentar a ciudadanos que lo único que piden es vivir en paz?

¿No será que ese presunto dueño no termina de entender que el libre tránsito, la libre manifestación es lo que da fuerza y solidez al vecindario al que todos pertenecen, en el que todos quieren vivir sin sentirse amenazados? ¿Dónde quedó la presunta inteligencia del amo?

Mal hace ese efímero propietario de la casa -que no es del todo suya-, en lanzar a sus “pequeños lobos” para atacar -aunque sea con gruñidos-, a toda esa gente tranquila, a esos buenos vecinos que no quieren sentirse amagados.

Por el bien de todos, más valdría ponerle correa y bozal a esos pobres animalitos a los que el presunto dueño ha soltado deliberadamente para atacar, sin fundamento, a quienes transitan libremente por las calles de la vecindad.

Y menos aún se debe perder de vista que, en ocasiones, los perros de los vecinos podrían ser mucho más bravos y temerarios (unos auténticos pitbull), que los simples chihuahuas del dueño de la casa. ¿Para qué confrontar lobos contra lobos? Los vecinos son pacíficos… hasta que se hartan.
*

Por cierto, cambiando de tema, felicidades a todos los cientos de miles de mexicanos que marcharon en Puebla y en otras ciudades para dejar en claro quién manda en el país: los ciudadanos.

Más allá de partidos, ideologías, banderas, colores, de doctrinas, se impuso el Estado de Derecho, la soberanía de un pueblo, de la sociedad, que amará y protegerá siempre a sus instituciones, por encima de la terquedad, de la necedad de quienes pretenden destruirlas.

@elmerando

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