Puede que no escribas bien todos los días, pero siempre puedes editar una página mala.
No puedes editar una página en blanco.
Jodi Picoult
La escritura no se creó para ser perfecta; no porque uno no sea lo suficientemente hábil en la ortografía o gramática, sino porque aquello que llamamos “perfecto” realmente no existe. La perfección es solo ese ideal que creamos y que nunca podremos alcanzar. Te aseguro que todos los escritores o redactores que conoces tienen luchas con sus trabajos de redacción; y estoy segura que sea lo que sea que hayan escrito, jamás estarán contentos completamente.
Más artículos del autor
El perfeccionismo es nuestro miedo disfrazado
Es verdad que deberíamos querer mejorar siempre y jamás llegar al momento en el que nos sentemos a escribir de principio a fin y decir: ¡Vaya, es un texto perfecto! La constante práctica de la escritura nos ayudará a mejorar nuestra habilidad en la revisión de nuestros documentos para hallar los errores y enmendarlos. Sin embargo, eso no significa que se deba dejar que el perfeccionismo se apodere y arruine la motivación y los deseos por escribir un blog, un diario o una historia de ficción.
Escribir es actuar en la página, lo que ponemos en palabras va a ser leído por otra persona -amigos, familia, extraños- lo que se lea tiene mucho de nosotros, de nuestros pensamientos, de nuestra perspectiva de la vida. Quizás eso provoca miedo.
Detrás de mí hay una estantería llena de libros de escritura. En el suelo, junto a mi escritorio hay otra pequeña pila de libros de manualidades y de productividad. Si fuera perfecta, no necesitaría ninguno de esos libros, pero no lo soy. Nunca habrá un momento en el que no me obligue a seguir aprendiendo más de mi profesión o seguir perfeccionando mis habilidades; cuánto más las pula, mejor serán.
La necesidad de perfeccionismo es el muro que se interpone. Lo que hay que buscar es el crecimiento y así, dar un paso a la vez para seguir avanzando. Una de las cosas que hago al escribir es no retroceder. No borro las erratas sobre la marcha, aprendí este truco años atrás. Redacto documentos, releo los textos y aprendo de mis errores gramaticales o incluso, ortográficos, así me conozco textualmente y en varias ocasiones me percato que soy la reina de las erratas y sabes...eso está bien. Se trata de escribir palabras con significado y después releer para pulir el mensaje y provocar emociones en el lector.
Cuando escribas no edites inmediatamente; deja fluir la pluma y no te detengas a leer lo que acabas de escribir porque detendrás tu expresividad. Después de haber escrito, regresa a tu texto y ahora sí revísalo, pídele a otra persona que te lea, imprime tu documento y vuelve a leerlo. La edición de un documento puede ser la ventana a un texto maravilloso.
También te sugiero que practiques, no dejes de escribir. Los psicólogos dicen que se necesitan 10,000 horas para convertirse en experto en algo. Entonces, ¿cómo puedes esperar ser un buen escritor/redactor si no practicas? Practica en privado, en público y practica mucho. Estás creando arte, no desperdicies tu pasión creyendo que necesitas ser perfecta (o) en tu escritura. Disfruta, escribe, fluye con las palabras, equivócate, revisa, aprende de tus errores y sonríe mientras lo haces.
Te invito a considerar tu aprendizaje en la escritura retrocediendo algunos años y recordando cuando eras bebé y aprendiste a caminar. Seguramente te tropezaste, diste pasos en falso, sufriste alguna caída; después, ciertamente te levantaste y seguiste adelante hasta lograrlo. De la misma forma es la escritura; aun cometiendo errores, aprendiendo de ellos y practicando, jamás dejes de escribir.
(La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla).