Desde los comienzos de la humanidad, los seres humanos hemos convivido con una gran variedad de sonidos a través de la naturaleza llevándonos a crear nuestra propia música. Eduardo Luna Guasco la define como: “el arte de expresar y comunicar a través de la combinación de sonidos y silencios en el tiempo”. Y es que, para este autor, la música ha estado presente tanto en los momentos de tragedia como en aquellas experiencias gratificantes, es decir, tanto en la soledad como en la convivencia, en el descubrimiento personal y en los momentos sacros.
Existen diversos autores que mencionan que desde la etapa de la gestación el ser humano convive con una gran cantidad de sonidos que le permiten tener un acercamiento con el sentido musical, tales como: los latidos del corazón, la respiración, la voz de la madre, ruidos intestinales, pulmonares, etcétera. En general, la música ha ido evolucionando de acuerdo a los momentos históricos, políticos, sociales y económicos de cada lugar. Estas transformaciones se han conformado en varios períodos: música prehistórica, música antigua, música en la Edad Media, música renacentista, música barroca, música clásica, música romántica, entre otras, hasta llegar al siglo XXI en el que ubicamos la música en la época posmoderna.
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La posmodernidad hace referencia a una tendencia fenomenológica de la cultura, del arte y de la filosofía, que surgió a finales del siglo XX y sigue vigente cuestionando los paradigmas de la modernidad. En términos generales, se puede indicar que esta etapa se caracteriza por la ausencia de interés por el bienestar común y el rechazo del racionalismo.
Sin embargo, para entender este movimiento, primero se debe comprender la antesala y punto de referencia de este: la modernidad. Según Lasso, fue un periodo histórico y cultural cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX en Europa ligado a los cambios que trajeron consigo la Revolución Industrial y el capitalismo en Occidente. Los factores que influyeron mayormente este proceso fue el desarrollo y rápido crecimiento de las sociedades urbanas e industriales modernas y finalmente el inicio de la Primera Guerra Mundial.
Entre los rasgos característicos básicos que se manifestaron en esta época, se encuentra el espíritu de innovación, ya que se consideraba que las tradiciones del pasado eran obsoletas, por lo cual se promueve la actualización y los cambios constantes; el conocimiento científico, a través de la experimentación práctica y la razón, superando el antiguo dominio de las creencias, énfasis en la capacidad de creación del hombre; y el individualismo, pues el hombre comienza a ocupar un papel central en la sociedad y se considera como el único responsable de sus actos.
En relación con los cambios de paradigmas de un estado musical a otro, como de la música de la Edad Media a la música renacentista, se puede inferir que estas modificaciones o adaptaciones se han presentado gracias a la creatividad de sus autores y/o precursores. Este concepto amplio está estrechamente vinculado y correlacionado con la inteligencia, sin embargo, creatividad no es sinónimo de intelecto.
Y los sujetos creativos tienen rasgos de personalidad independiente, con confianza en sí, ausentes de convencionalismos. Tienen viveza, ambición y entrega al trabajo. En el libro “Creatividad y Comunicación” de Miguel Ángel Echeverría, menciona que las personas que tienen creatividad y son innovadoras utilizan la sublimación como mecanismo de defensa para expresar toda su energía y potencia sensual en forma de quehaceres secundarios como escribir, componer y recomponer textos y/o música.
Todo esto lleva a indicar a nivel cultural, que a pesar de que la posmodernidad conduce a un individualismo y a una especie de narcisismo colectivo, la música siempre ha desempeñado un papel importante en el aprendizaje y en la cultura de cada sociedad, pues influye en sus costumbres, tradiciones, identidad, emociones incluso, al relacionarse con las deidades. Es un alivio saber que, aunque vivimos tiempos apocalípticos, la música sigue y continuará hasta que se extinga el hombre. Así permanecerá como aliento para aliviar y atenuar cualquier sinsabor del cuerpo y del alma.
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