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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La urgencia de decir Nosotros

En estos tiempos de desánimo, es urgente educar desarrollando una noción de patria

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 19, 2022

…Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes.
Morirse todo de terror y de angustia.
Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos
y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.
Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga
y hay miedo en los ojos y nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.
Porque hay engaño y miseria
y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaría...
…¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!
Pobre país de pobres. Pobre país de ricos.
¡Siempre más y más pobres!
¡Siempre menos, es cierto,
pero siempre más ricos!

Efraín Huerta ¡Mi país, Oh mi país! (Fragmento) (1)

El jueves seguramente, como cada año, todos -o casi todos- celebramos. Porque es el cumpleaños de la Patria, el aniversario del inicio –que no del logro- de la lucha por nuestra independencia. Celebramos por costumbre, porque toca, por ser un pretexto para reunirnos y dejar que salga nuestro espíritu festivo, ese que nos caracteriza frente al mundo.

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Algunos –un poco más de la mitad según las encuestas de popularidad- celebraron emocionados, viendo “dar el Grito de Independencia” desde el Palacio Nacional a quien consideran –no basados en los datos, pero sí en el triunfo de su narrativa épica traducida en su alta popularidad- el mejor presidente que ha tenido este país, al nivel de Juárez, de Madero, de Lázaro Cárdenas, que es con quienes él suele querer que lo comparen y a quienes mira cuando se asoma a su espejo mágico.

Otros –alrededor del cuarenta por ciento- celebramos más bien preocupados, con distintos niveles de desasosiego, desde los moderados que tratan de dimensionar objetivamente los riesgos de la crisis económica, de seguridad, política y de militarización del país, hasta los más radicales que están reviviendo por una especie de Deja vu o por repetición de lo que dicen otros, “la amenaza de un gobierno socialista o comunista”.

Los del “país de oro”, los del país de ricos, a los que se refiere el poema de Huerta, celebraron en grande, con la mejor comida y bebida, en los sitios más exclusivos y excluyentes o en sus mansiones de lujo, rodeados de pura “gente bonita”. Celebraron el país “cuerno de la abundancia” que les garantiza seguir siendo siempre más ricos, sin importar el color que gobierna o el rostro de quienes encabezan cada sexenio los tres poderes de la unión, que en una especie de eterno retorno, parecen volver a depender de un presidente todopoderoso a quien deliberadamente se promueve como encarnación de la patria.

Los del “país-infierno”, los del país de pobres, cada vez más numerosos y cada vez más pobres, celebraron de forma más austera, tal vez acudiendo a las plazas públicas de todo el país a la ceremonia oficial del Grito de Independencia, ya sea por voluntad propia o acarreados por el gobierno en turno, como se estila desde tiempos inmemoriales, o bien en sus modestos hogares, estirando sus magros recursos para tener una cena con platillos típicos y convivir en torno a la mesa, tratando de evadir por unas horas el drama de su vida cotidiana.

Aquéllos que tenemos la fortuna de no haber perdido familiares a causa de la creciente e imparable espiral de violencia o de la cruel pendemia, festejamos también la vida, la buena fortuna de haber librado estas olas de contagios que se han llevado a tantos mexicanos, de no tener a ningún ser querido que haya sido levantado, desaparecido, asesinado o víctima de los múltiples feminicidios que siguen asolando ante la impunidad y la indiferencia generalizadas.

Quienes tienen en su entorno cercano a familares o amigos desaparecidos o fallecidos por cualquier de las razones anteriores, seguramente tuvieron un festejo más bien triste o muy amargo en el que el grito fue más bien de impotencia y de exigencia de justicia, de ajustar todo lo que se encuentra desajustado en nuestras estructuras, en nuestras instituciones, en nuestra cultura nacional que se ha acostumbrado a la muerte injusta y prematura, más que a la muerte natural con las que se ha jugado y bromeado en nuestras tradiciones del Día de Muertos.

Cada uno tuvo un festejo distinto, según “como le ha ido en la feria” si usamos la expresión popular y también, sin duda, según su particular noción de patria, como dice Benedetti en su poema del mismo título. Desafortunadamente el jueves pasado, festejamos o más bien conmemoramos, más que una realidad como país independiente, una aspiración, un anhelo pospuesto por siglos de desigualdad, de pobreza, de abuso, machismo, impunidad y corrupción, que hacen todavía vigentes las palabras de Efraín Huerta, escritas en 1959.

No es mi intención amargar la fiesta –menos aún después de ocurrida- uniéndome al coro de los desmoralizados que han vuelto ya una moda en las redes sociales y en las reuniones afirmar -no sin razones- que no tenemos nada que celebrar.

Sin embargo, precisamente por esta creciente desmoralización, por este constante refuerzo de la realidad diciéndonos que nada puede cambiar y que podemos estar peor que cuando estábamos peor, considero urgente que todos y cada uno, desde su propia realidad y noción de patria, contribuyamos a hacer realidad con nuestro esfuerzo ciudadano el grito de Viva México, para que deje de ser un clamor en el desierto y se convierta cada vez más en una realidad palpable.

Hoy más que nunca los educadores necesitamos remar contracorriente e incluso superar nuestra propia desmoralización por este México herido y esforzarnos porque las nuevas generaciones crezcan -a diferencia de una gran mayoría de los jóvenes actuales- con un ánimo de orgullo por ser mexicanos, con un compromiso por construir un país cada vez más habitable, libre, justo, democrático y unido desde la aceptación de su diversidad.

En estos tiempos de desánimo, es urgente educar desarrollando una noción de patria, aunque como dice el poema de Benedetti: “quizá mi (nuestra) única noción de patria/sea esta urgencia de decir Nosotros…” (2)

 

(1) 4 de abril de 1959. Tomado de Poesía completa, 2ª edición, Fondo de Cultura Económica, México, 1995, pp. 226-229. Fragmento del texto publicado en Tierra Adentro
(2) Mario Benedetti. Noción de patria. https://www.poemas-del-alma.com/mario-benedetti-nocion-de-patria.htm

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