Domingo, 14 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Una historia de Tecamachalco

El triángulo rojo arde en llamas; el estado no importa. Solo es un podio propicio para los rencores

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Viernes, Agosto 26, 2022

Sofocado por el vaho de su propia gloria, “El licenciado” estaba en sus cosas cuando recibió una llamada en su celular. El número lo turbó: era de “El Panes”, un delincuente de abultado currículo y con epicentro delictivo en Tecamachalco.

El mensaje fue sumario: el capo regional soltó a su interlocutor que mataría con sus propias manos a uno de sus hijos, señalando al más querido. Y el motor de la amenaza era evidente: el delincuente se sabía traicionado y vendido por aquel hombre encumbrado.

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Terminó la llamada, un hachazo al alma. El amenazado, lleno de miedos e incertidumbres, comenzó a operar de inmediato. En cuestión de unas horas, su vástago dejó la entidad y en un parpadeo estaba fuera de México. Había que negociar su vida, pero para ello, la prudencia indicaba alejar toda posibilidad de que efectivamente fuera ejecutado.

Bien decía don Fernando Gutiérrez Barrios desde lo profundo de sus ojos: “preocúpate solo por aquello que no puedas comprar con dinero.”

Con el rostro cenizo, el amenazado meditó cómo diantres se había descubierto la traición que cometió en contra de aquel delincuente. Segundos después, llegó a su mente el cabo suelto que reveló la infidencia: lo llamaban “El Verde”.

Tal hombre asistió a una comida. Comenzó a beber y cuando estaba notoriamente intoxicado, le dio por hablar de más. Hay personas a las que el alcohol les cobra su ingesta con la vida, como es el caso.

Aquel día, “El Verde” soltó entre sus contertulios una bomba que nadie le había solicitado, gritando que los días de “El Panes” estaban contados porque “El licenciado” ya había hecho tratos para proteger y obtener una carretada de dinero por ello, a “Toño”, un hombre de temibles alcances.

Terminó la comida y “El Verde” se retiró temulento a su domicilio por las inmediaciones de Pino Suárez. De la nada, un comando armado cayó sobre él. Al amanecer del día siguiente, el cadáver decapitado de este hombre apareció en Quecholac.

El mensaje era más que evidente al matar al ujier de “El licenciado” y dejárselo en las narices a “Toño”, en uno de sus círculos concéntricos de influencia. Hay que reconocer que “El Panes” sabía jugar ajedrez y en dos movimientos puso a temblar a medio triángulo rojo.

De pocas luces como es, “El licenciado”, no se puso a pensar que el comando, tras haber levantado al lenguaraz sujeto, revisó su celular y encontró copias de mensajes entre el exitoso personaje y “Toño”.

Peor aún: las conversaciones no solo incluían textos telegráficos sino ubicación y fotografías de “El Panes”. Cualquier justificación era inane. “El licenciado” escaló en sus nexos con la delincuencia organizada y ya no quería tratar con segundones: “Toño” era uno de los barones del crimen, no menos.

Aquel hombre había ganado fama entre las filas de la maña cuando mató de un disparo a uno de los mejores amigos de un hermano, enfrente de éste. Lo hizo para que le quedara claro a toda su familia quien tenía el poder absoluto. Con semejantes credenciales, el hermano se hizo sumiso a más no poder y se consagró a obedecerlo de tiempo completo.

Empero, hay lances de derrota que terminan coronando la testa del atribulado. “El Panes” recibió un mensaje. Ya enterado del caos, un exalcalde de fama negra le pedía una reunión.

Aquella inesperada junta terminó con un reacomodo fáctico en la región. “El licenciado” aparentemente se quedaría firme con “Toño” y “El Panes” se alió con el exalcalde. Si hubiera que resumir el tono de esas alianzas, cabría señalar que el único perdedor en ese trance era el pueblo que escenificaba tales afanes.

Sintiéndose cubierto, “El licenciado” siguió en lo suyo, plenamente consciente de que el que no tranza, no avanza. Abordó una aeronave y se dirigió a Hermosillo. Se reunió con uno de sus socios inconfesables, quien había colaborado largamente en SEDESOL.

Aquellos personajes no solamente estaban concentrados en aliviar la pesada carga normativa para que un inversionista instalara una planta de fertilizantes en Topolobampo, sino en su propio futuro político. Se veían estadistas.

No les fue mal a ninguno de los dos. “El licenciado” se hizo un conocedor y pronto descubrió que andar vendiendo un desayuno con su protector, a cambio de tres millones de pesos en efectivo, era garantía de que el cielo solo tiene límites en la mente de los mediocres.

Generoso, a los amigos y a los recomendados de éstos, les da oportunidad de que paguen entre todos el cover. Los tiempos no están como para esperar que los solicitantes del almuerzo muestren sus bolsillos, rebosantes.

Aquí termina la historia que recordé para compartirla con usted. Y le diré por qué.

El 23 de agosto en Quecholac, se encontró el cadáver decapitado de un hombre en inmediaciones de la pista abandonada de motocross. Me llamó de inmediato la atención porque no hay ejecutados en ese municipio, desde hace mucho tiempo.

Revisando, en los archivos encontré que no se daban ejecuciones en aquel lugar de Puebla, desde el 31 de julio de 2018, cuando se encontró un cuerpo abandonado en las inmediaciones del campo de beisbol a pocos metros de distancia de la escuela secundaria.

Entre una y otra ejecución pasaron 49 meses. Y en los últimos meses, se ha dado un notorio incremento en las ejecuciones perpetradas en Tecamachalco, incluyendo la de un muchacho que tenía su negocio de grúas y que llamó la atención en ciertos cenáculos de la inteligencia federal.

Por supuesto, hay que ser justos y señalar que Tecamachalco está muy por debajo de las cifras de ejecuciones en el estado de Puebla, a años luz de las cifras de Puebla capital, esa tierra en la que sus mandamases tienen un problema para cada solución.

Pensé en los destinos de los dos principales involucrados en esta historia. Envueltos en las llamas de sus nuevos aliados jaliscienses, a ambos les sonrió la fortuna.

“El licenciado” aspira con brumoso goce el saberse protegido por su valedor, el de los desayunos. Y, “Toño” se mueve entre tres estados, apenas percatándose de que si él ganó brisas de gloria por una traición, solo era cuestión de tiempo para que le hicieran lo mismo.

El triángulo rojo arde en llamas, mientras el hombrecillo canturrea feliz, sabedor de que al dividir, vence. El estado no importa. Solo es un podio propicio para los rencores.

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