“Me rapé porque quise ser solidaria con mi amiga que tiene cáncer y quedar calva, le angustiaba. No quería que su mamá, que vive con ella, la viera así y cuando le dije que hay pelucas, respondió que su mamá no es tonta, se daría cuenta, ya es grande de edad y no quiere que por esa tristeza le pase algo.
No es la primera vez que me rapo; lo hice al inicio de la pandemia porque me cagaba tener el cabello tricolor: castaño en las puntas, rojizo en el medio por el deslavado y canoso en la raíz, mi color natural. No había quién cortara o pintara el cabello.
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Había comprado una maquinita para pelar a mi perro porque al inicio de la pandemia nadie sabía si la Covid-19 la transmitían los animales, y yo no quería que al llevar a peluquear a mi perro se contagiara, pero ¡decidí usarla yo!
Yo quería raparme desde hace 30 años; estaba muy chavita cuando vi a Sinead O’Connor cantar su canción emblema ‘Nothing compares to you’ de Prince, interpretada con magia y nostalgia insondable por ella, que rapada ¡era una belleza resplandeciente! Yo quería raparme, pero mi hermanito me dijo que no lo hiciera porque la gente le iba a decir a él que yo tenía cáncer y supe que lo lastimaría, estaba muy chiquito; por eso no me rapé.
Pasaron los años y me rapé hace dos. Me tomé una foto, se la mandé y me dijo: ‘¡Te ves pocamadre!’ Yo feliz pelona, ¡por fin! Fíjate, la gente no cambia: en 1990 si me rapaba dirían que tenía cáncer; en 2020 me rapé y no faltó quién me viera sospechosa y preguntaba si estaba yo ‘malita’, ¡pinchi gente! Y espérate: amigos hombres que se rapan por gusto ¡nadie les pregunta por qué se raparon o si tienen cáncer! ¡Nadie les dice ‘pobrecitos’ o si están ‘malitos’!
El otro día salí de mi casa e iba a atravesar la calle -pelona ya sabes- y una jovencita que iba en su coche me tocó el claxon y me gritó: ‘¡Qué bonita!, qué bonita!’ Y se tocaba su coco con el dedo índice derecho. Son las jóvenes las que terminan con los prejuicios y te confirman, aunque ya seas adulta, que en la vida tienes que hacer lo que te viene en gana siempre, y que ¡chingue su madre el mundo!”