Dice la sabia letra de La Santa Grifa: “Ya no estoy morro, ya perdí la inocencia, Ahora dicen que soy sólo un dolor de cabeza. Que ya haga caso, me dice la jefa, pero por más que intento, la vida no se endereza”.
Algo similar ocurre a lo que aquella organización tampiqueña canta en sus rimas, pero en Puebla capital, con sus ambulantes, grupos de interés que desde 1986 iniciaron su expansión, cuando la paradoja impulsaba la idea de reordenarlos al tiempo que la clase empresarial intentaba recuperar ciertos espacios.
Más artículos del autor
Tocó al entonces alcalde Jorge Murad (1984-1987) poner en marcha la “Estrategia general para la desconcentración comercial y de servicios del centro de la ciudad de Puebla” y para ello combinó el financiamiento federal con el internacional.
La estrategia se materializó en forma de anillos, tres para ser exactos. El primero estaba integrado por las empresas que sí pagaban impuestos y cumplían con la normatividad. Un segundo círculo lo dibujaban mercados públicos en puntos específicos de la ciudad.
El tercer círculo sería el de los ambulantes quienes operarían en espacios cerrados. El Centro Histórico fue el nodo que dinamizó la estrategia y el lebensraum de éste fue el Mercado La Victoria, que después se convertiría en Plaza La Victoria.
Al final del proceso, el segundo círculo se dio con la operación de los mercados Carranza, Defensores de la República, Héroes, Madero, Morelos y Zapata. Y, el tercer círculo se instaló en el noroeste de la ciudad con los mercados Benito Juárez, Hidalgo, Jorge Murad y Unión.
Y que llega el caos
Cada uno de esos territorios generó su propia estructura de gobierno fáctico que en cuestión de años sería el trampolín para los grupos criminales que operan en la ciudad de Puebla y que comenzaron en los mercados Morelos, Hidalgo y Unión.
Por su parte, la operatividad de la CAPU desahogó al Centro de dos monstruos caóticos: la Estación de Autobuses Estrella Roja y la de Autobuses de Oriente (ADO).
La estrategia dio el pistoletazo de salida a una gentrificación acelerada, dada la desaparición de viviendas en el Centro. En cuestión de pocos años, se multiplicaron espacios marginales, sin omitir territorios de la delincuencia.
Sin embargo, en las décadas de los noventa se fueron agitando aún más las aguas, de tal suerte que la ingobernabilidad de los mercados se combinó con un teatro de guerra por el control del Centro, ya fuera por pandillas locales, grupos de alto impacto, cárteles y un colectivo de empresarios y políticos con intereses en la zona.
Los grupos de poder
Entre todas esas organizaciones sobresale la “Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre (UPVA)” de Rubén Sarabia Sánchez y Telésforo Zamorano; sin embargo, una guerra de este grupo contra distintos gobiernos, arrancó sin tregua ni descanso.
Este choque entre la “28 de Octubre” y las administraciones estatales propiciaron que otros grupos no le tuvieran miedo al éxito: la “Unión de Vendedores Ambulantes del Centro Independientes 10 de mayo”, la “Alianza de Agrupaciones Autónomas”, la “Unión de Comerciantes Libres Miguel Hidalgo” y la “Organización de Vendedores Ambulantes Independientes del Centro Histórico 11 de Marzo, A.C”.
Empero, las organizaciones ambulantes fueron mutando y pasaron de entes comerciales severamente politizados a actores en interacción simultánea con autoridades municipales, estatales y grupos de la delincuencia organizada.
La territorialidad inició el reparto de guerra, dinero y sangre. El ambulantaje comenzó a mostrar los dientes sobre la 3 norte, entre 8 y 12 poniente, a un costado de la Plaza La Victoria, maximizando sus oficios alternos: ser golpeadora al mejor postor, controladora de piso, administradora de rentas a pandillas. Lo que se ofreciera.
En 2007, había más grupos de ambulantes que partidos políticos: 16 organizaciones. Para 2015, eran 21 entes y 2 mil vendedores agremiados. En 2021, la pandemia hizo lo suyo y siguió aumentando la membresía.
A finales de 2021, dos grupos se repartían la mayor cantidad de posiciones en las calles del Centro de Puebla capital: Martín Juárez con la agrupación “11 de Marzo” y, Federico López Flores, amo y señor de “Fuerza 2000”.
Hasta la llegada de Claudia Rivera al Ayuntamiento, la totalidad de los ambulantes tenía algún nexo con el PRI, PAN y PRD. En cuanto Morena se hizo de la alcaldía, hubo una diáspora hacia este partido político, en el burdo entendido que no fue por afinidad ideológica sino por pragmatismo.
Calculando cuatro personas por familia, es posible establecer que, sólo en el Centro de Puebla, hay una masa social directamente establecida en la lógica del movimiento ambulante, no menor a las cinco mil personas.
Es de entenderse que, todos los partidos políticos han tenido algo que ver con los ambulantes, ya que éstos también sirven como mecanismo clientelar y de contención social, entendida ésta última como válvula de escape ante la incapacidad para crear empleos formales.
La estocada
La llegada de Morena al gobierno municipal y al estatal, catapultó una velocísima descomposición de los mecanismos de control en los ambulantes. En el ámbito local, Claudia Rivera dinamitó las correas de transmisión de poder que ya estaban desgastadas desde la anomía de Luis Banck.
Cuando Banck dejó el Ayuntamiento, los cárteles ya habían cambiado posiciones en la ciudad. Su invisibilidad como alcalde facilitó que distintas pandillas de alto impacto avanzaran a gran velocidad sobre las juntas auxiliares.
A la llegada de Claudia Rivera, se dio el golpe definitorio. La señora se confundió entre querer ser activista, marchista, porrista y estadista, por lo que en cuestión de meses fue rebasada por una combinación viscosa de ambulantaje y docenas de pandillas involucradas en una guerra casa por casa, vecindad por vecindad, en lo más profundo del Centro.
Así, los signos de la metástasis comenzaron a surgir. Ahí está el caso de “El Jarocho”, hombre de “El Moles”, encargado de la venta de narcóticos y la prostitución en el Callejón del Variedades, en la 4 Poniente y 3 Norte, quien exigió a “Viki”, una de las lideresas de las prostitutas del Centro Histórico, un cobro de piso a razón de 100 pesos diarios por mujer.
En los corrillos de inteligencia se señaló quienes engordaban el caldo de “El Jarocho”: sus valedores al interior de la “11 de Marzo” y un exfuncionario que en su momento dirigió a los grupos especiales de la Policía Estatal.
Sin embargo, los enemigos de la “11 de Marzo” también tienen lo suyo. Y de qué manera.
Las calles y la guerra
El 25 de noviembre de 2021, poco antes de las nueve de la noche, en la 16 Poniente entre la 15 y 7 Norte se dio una gresca entre dos cofradías antagónicas, las de “El Fede” y “El Moles”.
En el encontronazo, el saldo fue de tres lesionados. Sin embargo, videos de cámaras de vigilancia de distintos establecimientos que fueron compartidos con un servidor, permiten ver a hombres con equipo táctico en la agresión.
Podría decirse que algunos de ellos pertenecían a cualquier organización en la trifulca, pero sus movimientos exhibían obvio entrenamiento. Y, había alguien no clonado: un funcionario del área de Inteligencia al que todos conocen por su notoria talla y estatura.
El detonador de la riña se había dado el miércoles anterior a las seis de la tarde, cuando en una pelea entre los mismos bandos, en la 3 Norte y 8 Poniente, un familiar de “El Moles” fue severamente herido.
La pelea por el Centro en todos sus frentes hirvió a lo largo de esos días que no conocieron descanso. Para el 8 de diciembre de 2021 había sido detenida Lourdes, “Lulú”, lideresa de un grupo de prostitutas de la zona.
La dirigente de la “Unificación de Sexoservidoras” no se escondía: era posible encontrarla en la 4 Poniente entre la 3 a la 5 Norte, y en el parque de Santa Inés. Se calculaba en ese tiempo que sus agremiadas rondaban las 250, una nimiedad junto a lo que controlaba “Vicki”.
Los días de “Lulú” estaban contados cuando denunció en distintos medios de comunicación que “Vicki” y “El Jarocho” admitían menores de edad para prostituirse, ahí por el Callejón del Variedades, territorio atestado de halcones y en la 14 Poniente, de la 3 a la 7 Norte.
La ventisca ha sido benévola con algunos dirigentes y familiares, por lo que han gozado de espacios para multiplicar sus ingresos adicionales, como es el caso de un narcomenudista, Alberto, “El Caníbal”, quien opera a distancia la zona de la 3 Norte entre 8 y 12 Poniente.
Puede especularse que el interés de cambiar al controlador de poder criminal obedece a cuestiones de dinero, pero a ello habrá que agregar que los ambulantes son un factor relevante para cuestiones electorales.
Así, es entendible que el hombrecillo ordene a sus hugonotes el apando selectivo, arrasando con uno de los grupos en pugna por el Centro. Hay que apoyar a quien ofrece dos beneficios inobjetables: por una parte, a controlar el territorio que genera pingües ganancias para todos los involucrados, comenzando por quien ostenta el dominio de la plaza.
Y, segundo, para que su supuesto amigo que en realidad es su inminente títere para 2024, tenga claridad en que, si comienza a mostrar autonomía para sus decisiones, una organización ambulante lo pondrá de rodillas en un parpadeo.
Así, Puebla capital va a velocidad de bólido hacia el tercer escenario de la dominación delictiva: la feudalización, donde vivir tiene un precio: Piso, muerte o exilio.