Esta semana publiqué en mi página de Facebook, lo siguiente:
“¡Que sea del magisterio! exigían; no muy convencido de eso, yo estaba. Hoy, luce clara evidencia, que eso no hace diferencia.”
Más artículos del autor
Sobra decir que recibí diversidad de comentarios, tanto en esa página, como por “inbox” y otras vías. Coincidencias y divergencias se manifestaron, siendo así, considero conveniente, ahondar un poco, por lo que dedicaré este espacio a ello.
De manera mecánica, se puede relacionar la profesión con su pertinencia para cumplir con una función; sin embargo, no resulta tan simple. Como prácticamente en todo, es necesario considerar diversidad de factores, ya sean estructurales o coyunturales.
Existe una relación directa entre las tareas que realiza un secretario con dimensiones como el proyecto de nación que se impulsa en el momento y que es traducido en políticas públicas, mismas que no sólo trascienden y desbordan su ámbito como funcionario responsable de la educación, sino también temporalmente; es decir, rebasa el concepto de sexenio. Por otra parte, están las lógicas funcionales del Sistema Educativo Nacional, pero también están los relacionados con la propia estructura organizacional y relacional de la secretaría, que determinan sus verdaderos alcances operativos, entre otros factores posibles.
El ‘Proyecto Alternativo de Nación’ de AMLO estableció los pilares sobre los cuales habrían de erigirse las acciones del actual gobierno. Este aterriza, entre otras, en la política educativa que actualmente rige los destinos y acciones en la materia, que por sustento constitucional se replica “armónicamente” en cada entidad federativa.
En cuanto al Sistema Educativo Nacional habría que considerar, tal como lo establece el artículo 31 de la Ley General de Educación que está integrado por diversos factores y actores, que intervienen, impulsando o no, la tarea educativa formal en nuestro país: funcionarios públicos, sindicatos y nosotros mismos como ciudadanos somos determinantes de pretensión y logro.
En cuanto a la estructura de la Secretaría de Educación Pública pues… ¿qué se puede decir? Una institución de cien años inserta no sólo en realidades diferentes que la desbordan, así como lo más grave: que conserva obstinadamente una organización anquilosada y relaciones intestinas que responden a interés personal o de grupo, que son factores determinantes en el precario resultado histórico, en nuestro país.
En alguna ocasión, señalé, en un espacio público-gubernamental, que la SEP estaba diseñada para no poder realizar cambios significativos en la educación, incluso, para realizar acciones tan elementalmente lógicas como la de mejorar espacios educativos, como parte de sus funciones y de su presupuesto; imaginarán las reacciones.
No obstante, factores estructurales como los mencionados, quisiera señalar que el hecho de que un secretario posea o provenga del grupo profesional directamente relacionado con su función, en este caso un profesor, para la Secretaría de Educación Pública no basta ni garantiza el desempeño óptimo de este. Se requieren perfiles complejos que respondan, por lo menos, a la dimensión política, administrativa, humana… y por supuesto pedagógico-educativa.
Cuando el funcionario público ocupa su mente y corazón en la dimensión política, encarnada en la obtención de puestos públicos, así como poder político y económico, resulta muy pero muy difícil mantener de pie, esa esperanza, que justamente es la que nos mantiene así: de pie.