Opinión

Ataques con ácido, creciente violencia feminicida

Martes, Agosto 9, 2022
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Urge visibilizar en la agenda pública estos casos para evitar que escalen al nivel de otros países
Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 
Ataques con ácido, creciente violencia feminicida

Hablar de violencia de género en México no es algo nuevo, por el contrario, se ha vuelto el pan de cada día de una sociedad que cohabita con un lastre que la daña desde lo más profundo de sus raíces.

Tan solo en 2021, hubo 3 mil 750 asesinatos de mujeres y alrededor de mil de ellos fueron considerados feminicidios. Esto quiere decir que vivimos en un país en el que al menos 10 mujeres son asesinadas al día.

Si de por sí cualquier tipo y modalidad que tenga la violencia contra las mujeres y niñas socava sus derechos fundamentales con múltiples consecuencias físicas, económicas y psicológicas, se puede notar que día a día suele escalar el grado en el que los violentadores tratan de dañar a sus víctimas.

Es por ello que llama la atención que hace algunos días se haya dado a conocer a través de los medios de comunicación el caso de una mujer que en Puebla fue atacada con una sustancia corrosiva, presumiblemente ácido, en la unidad habitacional Galaxia Bosques de Amalucan.

Pero éste no es el único episodio que se conoce de manera pública en lo que va del año en la entidad, debido a que a finales de mayo se supo por redes sociales de otra fémina atacada con esta misma sustancia en la zona de Angelópolis.

Para la Organización de Naciones Unidas (ONU) los ataques con ácido son una forma de violencia premeditada con una altísima carga simbólica que pretende desfigurar, mutilar y cegar deliberadamente a sus víctimas. Causan daño inmediato, desfiguración, dolor y complicaciones médicas duraderas para las víctimas, quienes con mucha frecuencia requieren múltiples procesos de intervenciones quirúrgicas, así como apoyo y rehabilitación a largo plazo. Eso sin contar que sufren traumas psicológicos, además de pérdidas económicas y sociales.

De acuerdo con la Fundación Carmen Sánchez, la primera asociación civil en nuestro país creada en 2021 para prevenir, atender, erradicar, investigar y sancionar este tipo de violencia, son un tipo específico de violencia feminicida que debe entenderse como parte del continuum de violencias machistas que las mujeres experimentaron a lo largo de su vida y en todos los contextos de interacción social.

Para la ONG inglesa Acid Survivors Trust International (ASTI), la violencia con ácido y quemaduras, al igual que otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas, reflejan y perpetúan la desigualdad de las mujeres en la sociedad.

Esta misma organización estima que el 90% de las lesiones por quemaduras a nivel mundial ocurren en países en desarrollo y aunque también afectan a hombres, las estadísticas reflejan que al menos el 80% de los ataques están dirigidos hacia las mujeres.

A nivel global, cada año se registran más de 1 mil 500 ataques, sin embargo, se estima que más del 60% no son denunciados, por lo que escapan de las cifras.

Gran Bretaña y la India tienen una de las tasas más altas del mundo de ataques de este tipo per cápita.  En Latinoamérica, Colombia encabeza el tablero con aproximadamente 100 ataques registrados al año, a pesar de que en ese país este delito está penado con 50 años de prisión.

Por su parte, en México no existen cifras oficiales del número de ataques de este tipo hacia mujeres; sin embargo, la Fundación Carmen Sánchez lleva un conteo de 28 víctimas en las últimas dos décadas, de las cuales solo 22 han logrado sobrevivir. Las víctimas tenían entre 20 y 30 años de edad y en el 90% el ataque fue dirigido al rostro.

La mayoría de los crímenes se cometieron en calle y en el 85% de los casos el autor intelectual fue un hombre: 5 de ellos eran parejas y 11 ex parejas sentimentales. La Ciudad de México, Puebla y el Estado de México son las entidades federativas que más reportan estos crímenes.

En este contexto se vuelve alarmante saber que en el 96% de los casos no ha habido sentencia para los perpetradores, materiales o intelectuales, de un delito tan devastador para las víctimas.

Sin duda esto provoca una revictimización lacerante, ya que no sólo se enfrentan a un sistema de justicia que no les informa de sus derechos ni lleva a sus agresores a la cárcel, sino además deben afrontar a una sociedad que les pone obstáculos para reincorporarse a la vida productiva.

Es por ello que en México se requiere actuar para prevenir, atender y castigar estos actos.

Afortunadamente ya se están dado los primeros pasos en la materia. En el 2021 la Cámara de Diputados aprobó el dictamen por el que se reforma el artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, para establecer que los actos que inflijan daño con sustancias corrosivas y/o tóxicas, se consideren violencia física en razón de género.

También en el Senado de la República se está buscando que cualquiera que agreda a una mujer con ácido o cualquier sustancia corrosiva pueda ser castigado hasta con 26 años de prisión.

Por entidades, sólo tres reconocen estas agresiones como delito. La primera en hacerlo fue la Ciudad de México en 2019 con penas que van de nueve a 12 años de prisión. En 2020 se sumaron el Congreso del Estado de México con castigos de hasta 10 años de prisión y Oaxaca con la tipificación de este delito con penas de 20 a 66 años de prisión.

Por su parte, en Puebla ya se presentó en el Congreso del Estado una reforma para castigar estos ataques, que propone sean penados con hasta 21 años de cárcel y multas que alcancen los 112 mil 256 pesos.

Sin duda todavía falta mucho que hacer, pero creo que aún se está a tiempo de actuar para evitar que este problema escale al nivel de otros países.

Es por ello que considero prioritario visibilizar en la agenda pública del país los casos de ataques con ácido hacia mujeres. Es necesario demostrar a las víctimas que no están solas, que su dolor sí importa y que cuentan con el apoyo de la sociedad para salir adelante.

Si bien las cicatrices físicas y psicológicas que dejan estos ataques difícilmente se borrarán de su piel, pueden servir para desdibujar el impacto de la violencia de género en una sociedad que grita: ¡Ni una más, nunca más!

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