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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Suspensión de la deuda pública ¡ya!

Las deudas públicas han sido y son, las nuevas formas de esclavitud en este capitalismo salvaje

Gerardo Pérez Muñoz

De formación filósofo, fundador del Partido Comunista Mexicano en Huauchinango. Ha trabajado en la Unidad de Culturas Populares Puebla por más de 30 años. Impulsor de la Asociación de Cronistas y Narradores de la Sierra Norte. Director fundador de Colibrí y Alebrije. Co-fundador de la Asamblea Social del Agua.

Viernes, Julio 29, 2022

Algunos de los puntos que no están en la agenda de los llamados partidos políticos progresistas o de izquierda en nuestro país entre muchos otros, -y que da la impresión de que no les importa enlistarlos entre sus prioridades-, son la grave problemática de la deuda pública, interna y externa y una reforma fiscal que grave las grandes riquezas en nuestro país.

Otro de los elementos que me gustaría mencionar es el hecho de que no ligamos el pago de la deuda pública y la satisfacción y realización de nuestros derechos inscritos en la Constitución: suficientes recursos para la salud, trabajo, apoyo al campo y alimentación sana, recursos para realmente tener derecho a un medio ambientes sano y al agua, apoyos suficientes para mujeres, personas de la tercera edad, pueblos indígenas y un largo etcétera.

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En relación con la urgencia de una reforma fiscal progresiva, cabe señalar lo que informó recientemente la consultora McKinsey & Co que “México es el octavo país con más concentración de riqueza en el mundo.”

No es posible que después de una Revolución que tenía como uno de sus ejes la justicia social, que en los inicios del siglo XXI “el 20% de los hogares más ricos del país, concentra la mitad del total ingreso percibido por el total de hogares.”

De acuerdo con el Reporte Mundial de la Desigualdad 2022 (World Inequality Report):

“el 10% de la población mexicana, acapara el 79% de la riqueza, mientras el 50% de los mexicanos continúa en su lucha cotidiana contra la pobreza.”

Uno de los factores que ha contribuido a ello, desde mi perspectiva, lo ha sido sin lugar a dudas una pesada lápida que venimos cargando el pueblo de México, por lo menos desde nuestra Independencia (1821) hasta nuestros días, con breves lapsos en nuestra historia, de la suspensión del pago de la deuda pública que en realidad se ha convertido en un impuesto/tributo a los buitres y zopilotes bancarios, tanto nacionales como extranjeros.

Cuánta razón tuvo Alexander von Humboldt al describir a México como el cuerno de la abundancia, debido tanto a la forma del nuestro país como a la abundancia de nuestros recursos naturales. Un cuerno saqueado desde la época prehispánica hasta nuestra actualidad. Hacia 1808 la deuda pública de la Nueva España ascendía por lo menos a 20 millones de pesos, misma que pasó al México independiente.

El Congreso Constituyente de junio de 1824 mencionaba en su artículo primero que: "Se reconocen las deudas contraídas en la nación mexicana por los virreyes, hasta 17 de septiembre de 1810", y en su artículo tercero agrega: "Así mismo la nación reconoce los créditos contraídos en ella con los mexicanos por el gobierno de los virreyes desde el 17 de septiembre de 1810 hasta la entrada del ejército Trigarante en esta capital siempre que se acredite no haber sido voluntarios."  Es obvio que nacimos históricamente como una nación endeudada (Manuel Payno, La Deuda Interior de México. México. 1865).

El primer préstamo que se pidió a una entidad financiera fue al Banco Goldsmith and Company en 1824. Fue un préstamo por 5.7 millones de pesos y se terminaron por pagar 16 millones de pesos.

En 1825, México pidió otro préstamo por 16 millones de pesos o 3.2 millones de libras esterlinas de otro banco inglés, Barclay and Company. En realidad, nuestro país sólo recibió 6.5 millones de pesos (1.3 millones de libras). México se comprometió a devolver en un lapso de 30 años, 44.8 millones de pesos (16 millones de pesos en capital más 28.8 millones de pesos en intereses, a una tasa fija en 6%). En aquellos años, los ingleses fueron en el siglo XIX los prestamistas del mundo y lo siguen siendo en gran parte.

En 1861 y durante el gobierno de Benito Juárez, el Congreso de la República decretó la Ley de Suspensión de Pagos, lo que utilizó como pretexto el Imperio francés para invadir nuestro país. 

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la deuda pasó de 191 millones 385 mil 781 pesos a 441 millones de pesos en 1910 (Lorenzo Meyer, 1978: 57). Porfirio Díaz devaluó la moneda en 1905 que pasó de 1 a 1 con el dólar a 2 pesos por dólar. Lo anterior sin considerar que, como los neoliberales de ahora, les abrió a las empresas extranjeras de par en par nuestras riquezas del suelo y subsuelo, dándose un gran saqueo de la riqueza nacional y natural, y una gran explotación laboral. No podemos olvidar la guerra genocida de Porfirio Díaz contra los pueblos indígenas, en particular, los pueblos yaquis y mayos.

Entre 1888 y 1911, México pagó alrededor de 200 millones de pesos en intereses y en reembolso del capital y su deuda pública total (externa e interna) alcanzó los 578 millones de pesos. México reembolsó dos veces lo que debía y se encontró seis veces más endeudado. (Eric Toussaint, 2017)

Para 1914, México suspendió completamente el pago de la deuda externa considerada como ilegítima.

En 1922, Álvaro Obregón firmó en el marco de los Tratados de Bucareli un convenio sumamente desventajoso y oneroso para el país, aceptando las deudas de las dictaduras de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta, reconociendo una deuda externa de 1 mil 450 millones de pesos.

Fue a partir del gobierno de otro genocida, Luis Echeverría Álvarez y hasta Peña Nieto, que la deuda pública-interna y externa se vuelve una espiral sin fin y se acrecienta la corrupción en nuestro país, formándose una cleptocracia política que todavía padecemos los simples ciudadanos. Veamos algunos datos:

Con Luis Echeverría, la deuda externa se incrementó de 4 mil 262 millones de dólares, a 19 mil 600 millones de dólares, esto es un 360% y pasó a representar el 35.32% del PIB, el peso se devaluó un 76% y la inflación acumulada se situó en un 130%.

 Al final del gobierno de López Portillo (1982), -gobierno de la administración de la abundancia fallida y la defensa del peso como perro- la deuda externa ascendió a 87,400 millones de dólares y representó un incremento del 240% con respecto a 1976. Se ha mencionado por parte de algunos académicos que, con López Portillo inició el problema de la deuda pública.

Durante el gobierno de Miguel de la Madrid (1983-1988), la deuda pública alcanzó 185 mil millones de dólares y la inflación llegó a estar en 159 por ciento. Durante su gobierno se congelaron los salarios de los trabajadores, política que se siguió hasta el gobierno de Peña Nieto. Con su gobierno da inicio el modelo neoliberal en nuestro país.

De la Madrid pagó 28 mil millones de dólares en deuda externa y a pesar de ello, ésta aumentó de 9 mil 400 millones de dólares en 1983 a 185 mil millones de dólares.

Ernesto Zedillo Ponce de León nos heredó una deuda que, si bien nos va, la terminaremos de pagar hasta el 2070; el rescate bancario llamado Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa-IPAB) popularmente conocido como el fraude del siglo. Su deuda inicial en 1995 era de 552,300 millones de pesos.

Hasta diciembre de 2021 se habían pagado 1 billón 040,507 millones de pesos de acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Este año, los ciudadanos pagaremos un poco más sólo de intereses 40 mil millones de pesos.

Al término del gobierno de Peña Nieto, la deuda pública interna y externa fue alrededor de 10.5 billones de pesos.

Para enero del presente la deuda pública ya se ubicaba en 13.2 billones, 8.8 billones de deuda interna y 4.4 billones de deuda externa.  En el presente año, se pagará por el servicio de la deuda (intereses y comisiones), un poco más de 869 mil millones de pesos. El pago de intereses y servicio de la deuda ha crecido a una tasa de 6.6%, como promedio anual en los últimos 10 años, mientras el crecimiento económico promedio ha sido de 1.78% y el crecimiento de los ingresos públicos de 2.4%.

Visto desde otro ángulo, en el presente año, cada mexicano y mexicana pagaremos 113 mil 352 pesos (Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).

De acuerdo a información del Banco Mundial, la actual administración del presidente Andrés Manuel López Obrador ha pedido prestamos por un total de 3 mil 855 millones de dólares (Proyecto www.bancomundial.org/)

Hace veinte años y en una entrevista realizada por el periódico La Jornada al Dr. Carlos Marichal, mencionaba que México ha pagado ocho veces su deuda externa en dos décadas (La Jornada, 26 de agosto de 2002), y mencionaba que de “1980 al año 2000, México transfirió al exterior 162 mil millones de dólares, cantidad que supera ampliamente el saldo actual del endeudamiento total contratado con el exterior.”

Para el caso el caso de Puebla debemos sumar nuestra propia deuda, en particular la que nos heredó el represor Rafael Moreno Valle.

En su comparecencia ante los diputados locales, la secretaria de Planeación y Finanzas, María Teresa Castro Corro, mencionó que la deuda pública asciende a la nada despreciable cantidad de 46 mil 181 millones de pesos. Estamos pagando la plataforma AUDI, Centro Integral de Servicios, el Museo Internacional del Barroco, RUTA y el Tren Turístico, entre otros gastos.

Todo lo anterior viene a cuento, pues recientemente el pasado lunes 25 de julio, la Promotora por la Suspensión del Pago de la Deuda Pública inició una campaña de recolección de firmas, fundamentada en los artículos 8vo.y 35, fracc. III, V. de la Constitución y cuyas demandas son:

a) Suspensión del pago del servicio de la deuda pública por lo menos durante dos años
b) Creación de una Comisión Auditora Ciudadana
c) Cancelación ¡ya! De la deuda del FOBAPROA/IPAB y,
d) Que los recursos rescatados sean destinados a programas que resuelvan las grandes y graves las necesidades sociales urgentes y se reactive la economía.

Es por ello que invitamos a todos/as los ciudadanos a que se sumen a esta campaña de la Promotora como ya lo han hecho el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), Nueva Central de Trabajadores, la Dip. Federal del PT, Magdalena Núñez Monreal; el Dip. del Estado de México (Morena) y dirigente de la Central Campesina Cardenista, Max Correa; Benito Collantes del Movimiento de Unidad Socialista; la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ); la Coordinadora Nacional Agua para Todos y Todas Agua para la Vida; las y los compañeros de la Alianza de Trabajadores de la Salud y Empleados Públicos; y la organización Rumbo Proletario, entre muchas otras organizaciones.

Lo que está en juego con esta iniciativa es la defensa de nuestra Soberanía Nacional y Popular y la posibilidad de tener una vida digna sin que año con año, como ha sucedido desde hace más de dos siglos, se nos siga extrayendo recursos para pagar la onerosa y muchas veces, ilegal deuda pública a los piratas modernos -con perdón de los piratas- que son los bancos.

De tal suerte que podemos concluir que históricamente una de las formas de dominación de las naciones y por ende a los pueblos, ha sido tenerlos sometidos al pago de sus deudas públicas. Las deudas públicas han sido y son viejas y nuevas formas de esclavitud moderna y contemporánea en este capitalismo salvaje, devastador y desbocado. ¡Basta ya del saqueo a nuestra patria!
Por el bien de todos y todas, suspensión/cancelación de la deuda, ¡ya!

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