Resulta imposible no escribir sobre ello. La barbarie. La muerte de un joven profesionista cuya vida apenas empezaba, de manos de una turba enloquecida en el pueblo de Papatlazolco, perteneciente a Huauchinango.
Esa muerte que, por lo dantesco de su ejecución, deja honda huella en el sentimiento colectivo. Porque, ¿qué hubiera pensado si ese joven hubiese sido su hijo, o su hermano, o su esposo?
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No lo es, no lo fue. Pero sí lo fue de alguien. Y ese sentimiento colectivo de repulsión, caló hondo en la sociedad no solo de la región, sino del Estado, del país e incluso se llegó a manejar en algunos medios internacionales.
La respuesta vino pronto. Más pronto de lo que se esperaba. El gobernador Miguel Barbosa lo informó en su mañanera: fueron detenidos cinco presuntos responsables. Y luego dos más.
¿Sin embargo, fueron realmente los responsables? Incluso, ¿fueron los únicos responsables?
Es reveladora una entrevista que Abraham Orozco Franco, padre de Abraham N. uno de los detenidos en el operativo llevados a cabo días después del lamentable hecho, da al periódico regional Nueva Nación, en donde señala que su hijo solo fue de “mirón”.
El hombre es lanchero de Tenango, una comunidad cercana y afirma que su hijo no es culpable.
Claro, el hombre habla desde su sentimiento de padre, pero su hija, Jennifer Orozco López, explica las cosas desde cómo se vivieron en el pueblo.
Afirma que el joven linchado Daniel Picazo, “estaba por el panteón, en un lugar sólido, ¿qué hacía ahí, en un lugar sólido, montoso, la camioneta estaba sola, no estaban tomando, porque no había evidencias de que estuvieran tomando”, cuestiona. Señala que si ellos hubieran estado en la cancha del pueblo “hubiera sido otra cosa. Estaban como escondidos, si era gente de bien, ¿qué hacían ahí?”, refiriéndose a que, si no hubiera sido un lugar sólo, no hubieran levantado sospechas.
A punto del llanto, la hermana de Abraham N., quien mencionó que también él era lanchero al igual que su padre,dijo que “fue una tontería suya subir (a ver)”, pero afirma que nunca participó en el siniestro.
Volviendo al padre del detenido, señala que el joven abogado cuando vio que llegó a indagar un señor que cuida un potrero, “se echaron a correr”. El vigilante avisó a vecinos. Fueron primero unos cuatro los que se organizaron. Se echaron a correr, pero el abogado ya no pudo correr y lo alcanzaron. Ya antes le habían avisado al presidente municipal que ya venía con otras personas. Los jóvenes, se veía que conocían el camino, porque tomaron veredas para salir rápidamente. Incluso, Abraham Orozco Franco, habla de que había prendas de vestir femeninas infantiles en la camioneta, así como preservativos.
También afirma que Daniel Picazo nunca quiso explicar su identidad, sino que sólo dijo que era de Iztapalapa ni tampoco dijo que tenía familiares en la zona.
Aunque se niega a decir quién sí aparece en un video del dantesco momento, afirma que, en el video, su hijo solo se ve que “va pasando”.
La ejecución, se dio luego del repique de campanas como suele hacerse en los pueblos, y entonces llega la gente a rodear a quien se presume es un delincuente. Eran aproximadamente las 9:40 de la noche del viernes.
A final de cuentas, hayan sido inocentes o culpables, la justicia por propia mano sigue siendo una barbarie, y no hay razón alguna para detentarla. Ojalá y los detenidos sean realmente los verdaderos culpables.
Sin duda, Papatlazolco no volverá a ser el mismo de hoy en adelante, desde el día en que la sinrazón, pudo más que la tranquilad que se debe guardar en estos casos. Mientras tanto el olor a muerte sigue danzando en el ambiente rural del pueblo, donde nadie quiere hablar del tema, nadie, salvo algunos familiares de los detenidos, entrevistados en el periódico regional Nueva Nación.