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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La ejecución de Cecilia Monzón

El considerar como feminicidio es la intención que se podría buscar por los autores intelectuales

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Domingo, Mayo 22, 2022

Considerando las investigaciones que estoy realizando desde hace meses, había dejado por la paz la redacción para periódicos en Puebla. Sin embargo, el tema de Cecilia Monzón ha sido lo suficientemente virulento como para motivarme a regresar.

Son tres puntos los que pongo a su amable consideración.

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Primero: no fue un feminicidio
Son hordas los medios de comunicación que señalan que Cecilia Monzón fue víctima de un feminicidio. A las personas que se atreven a escribir sin un Código Penal Federal a la mano, les apunto lo que dice dicho ordenamiento:

“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:
-La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
-A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
-Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
-Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza; Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
-La victima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
-El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público”.
(Fin de cita)

Las condiciones de la muerte de Monzón no son de un feminicidio. Supongo que se lee padrísimo el término, pero no es tal.

Segundo: fue una ejecución
La señora Monzón iba en su camioneta cuando fue emboscada; es decir, que fue interrumpida en su trayecto por el agresor, no con el propósito de robarle la billetera o el celular. Acto seguido, le disparó por lo menos en seis ocasiones.

Tanto el agresor como el conductor, no se metieron a su camioneta para birlarle las tarjetas de crédito ni para hacerse de su bolso o tirar el cuerpo sobre el asfalto y llevarse la camioneta.

Sus perseguidores no iban pasando casualmente por el barrio y se les ocurrió dispararle. Tampoco buscaban dejarla malherida, a menos que fueran torpes y si querían asustarla se excedieron, porque la mayoría de las personas mueren cuando reciben seis impactos.

La realidad es que los que emprendieron el trabajo de sicariato fueron profesionales. Eligieron un buen lugar para hacerlo y no arrasaron con testigos oculares. Iban por ella. Y no hubo necrofilia ni violencia sexual ni la mataron por ser mujer. En términos estrictos, fue un homicidio doloso, frío, preciso.

Los ejecutores conocían sus rutas. Es evidente que hubo un trabajo previo de vigilancia, identificando los puntos en los que podrían emboscarla. Y lo hicieron bien, porque al menos a nivel público, la señora no dio señales de que sabía que era vigilada.

Tercero: el caldo gordo
Si se maneja como feminicidio, el atentado pasa por filtros distintos a los de una ejecución, en el entendido que este último término no se encuentra en el Código Penal, pero señala claramente que no fue una muerte por motivos pasionales ni de género.

Así, hay tres caminos en el asunto:

1. La señora fue ejecutada por un grupo de la delincuencia organizada, dada la naturaleza básica de una ejecución.
2. No fue por delincuencia organizada, sino que sus sicarios fueron contratados para ejecutarla y ni siquiera sabían a quién iban a matar, algo bastante común.
3. Sus autores materiales son al mismo tiempo, sus autores intelectuales. Poco probable pero como siempre, no hay que descartarlo.

Si se maneja como feminicidio, el respetable obtendrá lo que quiere: un feminicida. Y eso aleja por entero la presión del verdadero objetivo, que es identificar a los autores intelectuales y el porqué de su decisión.

Tal vez no sea políticamente correcto el desanclar el término feminicidio de este atentado, pero un caso así, va más allá de esos significantes que gustan tanto a las buenas conciencias.

Puedo entender que hay personas que, en su ignorancia y buena fe, presionen para que se maneje como feminicidio, pero capten la idea: ésa es precisamente la intención que se busca por parte de los autores intelectuales, para modificar la línea de investigación.

Un feminicida tiene menor peso específico que una persona que paga para que maten a otra, al estilo colombiano (con motosicarios), emboscando a su objetivo. No es un adolescente celoso que mató a su chica. Fue un trabajo de sicariato.

El caldo gordo de los significantes blandos ralentiza a la justicia. No le entren al tema de esta forma: alguien decidió que Monzón debía morir y la señora fue vigilada, seguida, emboscada y ejecutada con precisión, limpieza y rapidez. A menos que la realidad sea la que tenga que cambiarse según el gusto de las mayorías.

 

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