El poeta ruso Fydor Tyutchev (1803-1873) aseveraba: “Rusia no puede ser comprendida con el intelecto”. El poeta fue adquiriendo sólida formación intelectual que le permitió aprender las entrañas de la política, del comportamiento de las élites europeas, al tener breve papel político como representante de Rusia en Alemania, Francia, Italia y Austria, donde comprendió la lejana comprensión europea sobre Rusia, a pesar de que siglos de relaciones políticas y de conflictos armados, para el siglo XIX, la soberbia tachaba de un país atrasado e ignorante. Por ello, Tyutchev describió tal conducta como “rusofobia”, concepto nuevo que describía perfectamente el ambiente en ese tiempo.
La Primera Guerra Mundial (1914-1918) no fue casual. Se presenta como resultado del desarrollo de las profundas contradicciones del capitalismo en su fase imperialista y su expansionismo en el siglo XIX en el mundo, donde los intereses del poder económico van modificando la geografía mundial de ese tiempo, al arrojar divergencias territoriales en conflictos bélicos.
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Asia, África, Oriente Medio, Latinoamérica son escenarios de disputa territorial a quienes por medio de las armas les arrebataron libertad, sus riquezas naturales, comercio y libertad de sus pueblos. Territorios en disputa entre el imperialismo europeo que se agrega la pujante nación de los Estados Unidos en la disputa por el reparto del mundo.
En las guerras del siglo XIX y el reparto mundial, quien es limitado a ese pastel es Alemania, que en los hechos intenta aparecer en el escenario como potencia y lo hace en el primer conflicto mundial.
Su derrota de ese conflicto de buitres capitalistas ante las duras condiciones del Tratado de Paz de Versalles, no significó su derrota total, porque su resurgimiento es el resultado cómplice de sus anteriores enemigos, incluyendo EU, quienes vieron un peligro las manifestaciones y movimientos sociales de obreros, campesinos, mineros, etc., contra la explotación capitalista, así como su politización hacia el socialismo, como consecuencia de la Revolución Bolchevique. Punto que no se debería expandir.
La Guerra Civil en España, como la lucha por su independencia de Etiopía, donde se conjugaron el nazismo franquista y el fascismo italiano, son los escenarios donde el imperialismo dejó la puerta abierta para que cobraran fortaleza, pretendiendo que el socialismo no se expandiera y triunfara en esos países. Las consecuencias se verán en 1938 en Checoslovaquia, luego contra Polonia en 1939, que da origen a la continuación de la Guerra Mundial.
El 22 de junio de 1941 con el nombre de Barbarroja, la Alemania nazi inicia la invasión a la URSS, derivando en lo que se conoce como la Guerra Patria, que culmina el 9 de mayo de 1945 con la capitulación de Alemania en Berlín. Pero, la guerra aún continuaba en el pacífico contra Japón, hasta que es vencida y el 2 de septiembre de 1945 firma el acta de capitulación.
Desde el inicio de la invasión a la URSS, fuerzas nazis avanzaron y enfrentaron al ejército soviético, quien en algunos puntos resistió con heroísmo como en la Fortaleza de Brest, en Sebastopol y otros puntos geográficos. La potencia bélica nazi contó con un ejército disciplinado y entrenado, además de armamento ultra moderno, con mandos capaces, muy a pesar de Hitler, quien con su pobre formación militar pero al ser el dictador, impuso criterios que le costarán caro.
En cuanto al Ejército soviético, si al inicio y meses fue arrollado y derrotado en diversos frentes, se debió a torpes decisiones de Stalin y jefes militares sometidos por él, así como purgas políticas desde 1937 que derivó que los mejores jefes fueran ejecutados o prisioneros en campos de prisión, que en conjunto no tuvo capacidad de organizar defensas ni tácticas para enfrentar al nazismo.
Es hasta la batalla de Moscú, como también la férrea defensa de Leningrado, donde la Wehrmacht inicia su proceso de derrota. Stalingrado, ciudad heroica, donde siete meses duró el cerco nazi que, ante intenso bombardeo aéreo, de artillería, y de unidades militares combativas, se enfrentaron a un pueblo decidido a defender su ciudad, porque al otro lado del Río Volga, no existía vida: era vivir combatiendo en cada instante. Miles de civiles murieron entre los escombros. Stalingrado fue la batalla más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial. El sexto ejército alemán fue destruido y aniquilado junto con sus aliados rumanos, húngaros e italianos, con una organizada estrategia de atacar por dos flancos a los nazis y finalizando el 2 de febrero de 1943.
De ahí en adelante, la batalla de Kurks representa el hecho más importante de toda la guerra, porque ahí es el punto de ir derrotando al nazismo, porque fue un choque de blindados y de tres millones de combatientes entre sí en ocho días. Hago un paréntesis para exponer que la invasión aliada en Normandía, tal vez no hubiera logrado su objetivo, si Stalingrado y Kurks no fueran cabando las tumbas del enemigo por la cantidad de efectivos y material bélico perdido.
En cuanto a la continuación del avance del Ejército soviético, fue bajo la aplicación de nuevas estrategias y tácticas de guerra, sumando a que el mariscal Gorgy Zhukov, influyó en Stalin para reincorporar a los mejores jefes militares que estaban presos a la batalla.
Las batallas desde Bielorrusia a Jarkov, Donbass y Kiev, dan cuenta de que la maquinaria de producción bélica soviética y sus soldados que tenían claro que la victoria de la Patria, no tenía límites en sus propias vidas.
Para comprender el sentimiento de guerra y sacrificio del soldado en batalla, existen testimonios en todos los frentes, donde sus descripciones y memorias nos hacen sentir que la Patria son todos, que preservar la vida es relevante para combatir, enfrentando miedo, coraje, incluso odio contra el nazismo que cometió salvajismo contra civiles y soldados prisioneros en una especie de campos militares sin que tuvieran alimento, a la intemperie padeciendo frío y enfermedades, del total de soldados soviéticos en cautiverio de 6 millones, sobrevivió el 10 por ciento.
Demos paso a la narrativa del combatiente mexicano en su vivir en combate, que gracias a sus “cartas” nos deja nítida memoria:
- Desde que llegamos a la URSS, luego nos trasladaron rumbo a los Urales para adiestrarnos y prepararnos para el combate. Mediante informes y noticias nos enteramos de las duras batallas en Leningrado y Moscú, donde la muerte era la constante. Moscú debería ser la tumba del ejército nazi, la consigna del ejército, la consigna del pueblo, porque los alemanes deberán ser detenidos y derrotados. Me queda claro, sobre todo, porque como hermanos mexicanos con el soviético, tenemos en mente nuestra revolución contra otros enemigos del pueblo. Nos repartieron en unidades militares, algunos de nosotros fueron a parar a Leningrado y Moscú. No sé qué les deparará a mis dos hermanos. El tiempo lo dirá todo.
- Desde que me destinaron al 27 Ejército de la Guardia no nos decían nuestro destino, hasta que dieron órdenes de partir al frente de Krasni Zurch, donde la tierra dejó de existir ante bombardeos de la Luftwaffe con sus Me-109 y los Stukas, nos molían con muertos y heridos. La carnicería no daba respiro. Entre olor a pólvora, a polvo, nuestras gargantas estaban secas. El miedo, sed y hambre, más el olor a carne quemada como putrefacta, te va curtiendo. Las trincheras poco nos salvaban ante intenso bombardeo de aviones y artillería. Nos diezman a cada momento, siendo que el respirar te hace sentir que vives. De nuestro batallón, al final del día, quedamos 123, ninguno herido. Hemos perdido a muchos hermanos.
- Por más que le ponemos coraje a la batalla, nuestros comandantes nos exigen valor para matar boches; méndigos güeros, saben pelear, pero también caen muertos. Llevamos nueve días combatiendo y en retirada, gracias al enjambre de aviones nazis que llegan en oleadas, nuestro 27 se reduce más. Tenemos pocas balas y granadas, nuestros tanques son destruidos por artillería y aviones. Nos preguntamos dónde está nuestra aviación para combatir y salvarnos; pues no, seguimos muriendo. Gracias al combate, aviación y artillería enemiga, junto con masas de alemanes, no hemos dormido tres días que se comparten con hambre, sed y miedo, eso sí, listos a matar para vivir. Al octavo día nos llegaron refuerzos, solamente 300, para completar bajas, donde no alcanzamos el número de batallón. Reportes dicen que nuestro 27 está reducido a una cuarta parte. Al ritmo que vamos, llegaremos a Stalingrado.
- Es 2 de agosto. Nuestra ropa ya no es uniforme, porque cara y uniforme tienen color de la tierra por la batalla, desgarrada que parecemos espantapájaros, eso sí, con fusil limpio para que responda. La sed y hambre es desesperante. Ver caballos y vacas con vientres inflados, putrefactos, también, en las aldeas destruidas, los habitantes que no lograron escapar, o fueron muertos por la batalla, o asesinados por los nazis, quienes merecen ser destrozados en cachitos, por matar niños y mujeres embarazadas.
- 9 de agosto. Es lamentable que el retroceder, ante el fragor de batalla, nos es imposible recoger heridos, porque magníficas enfermeras que demuestran valor para remendar o curar en batalla y llevar heridos atrás de las líneas, perecen por francotiradores nazis. Cobardes, que si pescamos alguno con vida, lo destazamos como venganza.
- 11 de julio. Recibimos órdenes de entrar a Stalingrado para su defensa. Lo primero que vi, es que ha sido castigada por bombardeo, edificios nuevos, reducidos a ruinas, las calles como si fueran cráteres lunares. Nos ordenaron alto para marchar rumbo a la fábrica Barricada. Me entero que ahí fabricaban tractores y tanques T42. La consigna es: “Nada antes de perder la ciudad, nada de perder el Volga”, es claro ante esta carnicería.
- 16 de julio. Inminente el choque, porque los nazis ya están a la puerta de la ciudad. Entre edificios en ruinas y escombros, construir bunkers, trincheras y todo lo posible para el combate. El olor a cadáveres es insoportable, porque hermanos caídos y civiles, es lamentable.
-17 de julio. Como siempre, los boches inician la guerra al amanecer con miles de aviones y artillería, que hace temblar la tierra. La vida depende de nada, porque la de muchos de nosotros dura un día, si acaso tres. Por más refuerzos que llegan, el combate los diezma. Siempre nos faltan balas, pero combatimos con fiereza. De mi sección, apenas somos tres pelotones, porque una gran bomba arrebató la vida a 23 nuestros que se refugiaron en un cráter. Vitali, originario de Moscú, joven de risa contagiosa de 18 años, que me decía que al terminar la guerra quería ser ingeniero, lo único que quedó de él fue la mitad de su cuerpo, por más que buscamos, no encontramos brazos ni la otra mitad de su cabeza.
-No sé si hoy es 13 o 14 de octubre, porque no hemos de dejar de combatir en 4 días, con muchas bajas nuestras, eso sí, los alemanes están aprendiendo que los combatimos y aniquilamos como moscas. Algunos alemanes se han rendido, dicen que la batalla la tienen perdida, tal vez, pero les damos con todo. Nos llegaron ametralladoras Maxim, significa que al amanecer nos atacarán con fuerza. También llegaron refuerzos marinos del norte, bonitos en su uniforme, dicen que están para vengar a caídos civiles. Lo primero que vieron fuera de nuestras trincheras, un gran número de cadáveres nuestros y enemigos, preguntaron si no se les podía enterrar, a lo que les dijimos que es tierra de nadie y sí de muerte ante combates.
- Estamos a 21 de octubre, con intenso frío y mojados por la lluvia. Nos surtieron con uniformes para invierno, también con ropa interior lavada, esperando tener un respiro para poder rasurarnos y estar lo mejor para revista y órdenes, porque iremos a reforzar la lucha en el cerro Mamaev Kurgan, donde es importante sostenerla para que los boches no la tomen y así no instalen observadores y dirigir su artillería contra la costa del Volga. De lograrlo, menos armas, balas y comida nos llegarían. De los 60 refuerzos que llegaron en la mañana, quedan 12, todos muy jóvenes. Su memoria será vengada. El combate lleva 3 días en la colina Mamaev. Lo que sí encontramos en soldados alemanes muertos, es que no tienen ropa de invierno, si acaso su capote de campaña, por lo que pensamos que se están congelando. Tampoco reciben raciones. Algo está pasando en ellos, mejor para nosotros.
- Los boches bautizaron a esta guerra en Stalingrado como la “guerra de las ratas”, ante muertos, combate entre edificios que son trincheras que ganamos o perdemos en cada momento, las trincheras despedazadas, y sin nada de lo que fue la ciudad. Me pregunto ante tantos camaradas muertos y heridos, que la mayoría que llegan, la muerte les permite vivir unas horas, entonces, qué tanto me queda de tiempo, no lo sé. De lograr vivir más horas, como salir de esta ratonera, seguirán otras batallas.
- ¡Ni un paso atrás! La consigna. Cierto, nuestras vidas dependen de ello. Algo se está preparando, porque nos ordenaron reforzar combate, porque hoy 18 de noviembre, todo congelado, debemos abrirnos paso a toda costa. A las 8 de la noche, nos dieron comida caliente y doble ración de vodka, lo que significa que será dura la batalla.
-Día 20 de noviembre. En el fragor de combate, no dicen que desde ayer se inició la contraofensiva en dos frentes contra los boches, que al mando está Zhukov, además de Chuikov; si es así, entonces, los boches la pasarán muy mal, porque sabemos que ya no tienen refuerzos ni armas o comida regular. Desde inicio de esta batalla, entramos con calzones bien puestos. El hambre se espantó gracias al fragor.
- Cada boche muerto o detenido, está plagado de piojos y chinches, quiere decir que no se lavaban ni cambiaban de ropa limpia. A nosotros nos daban ropa limpia cada tres o cuatro días, procurando lavarnos lo más que posible. Están jodidos los nazis.
- El 29 de enero nos ordenan que mañana pasemos a la ofensiva total. Comimos y tomamos dos raciones de vodka, para estar listos. Iniciamos a las 5 de la mañana la ofensiva cargados con balas y granadas de 6 por cabeza. Agarramos a los boches casi durmiendo, tenían mucho miedo, con nada en la panza de comida por días. Lo que significa que nuestro ataque tendrá consecuencia con el conjunto del ejército.
- En la noche del 2 de febrero nos informan que se rindieron con muchas bajas. Nos dieron de comer bastante, como condecoración de batalla.
- Día 27 de enero. Luego de descanso y alimentarnos mejor, las órdenes de incorporarnos a nuestro 27 reconstruido y avanzar rumbo a otros frentes. Uniforme nuevo y botas para invierno reforzadas. Avanzamos 40 kilómetros para acantonar y combate temprano.
- Un teniente coronel del 6 ejército nos preguntó que si todos pertenecemos al 27 desde nuestro inicio, le contestamos que solamente 1021 somos del original. Nos saludó y nos dijo: “hermanos, nos preparamos para otra gran batalla, donde Alemania de Hitler será derrotado. No especificó nada, pero le contestamos que así como Stalingrado, lo haremos una vez más. Desde el 28 de mayo nos empezaron a concentrar en una región con nombre de Pokrovka, donde construimos trincheras y otras fortificaciones. Llegaban muchas unidades, carros de combate, miles de artillería y más. Jamás presencié tanto movimiento. Nuestro capital de nombre Iván Grovovny nos decía, “camaradas, estamos ya en tierra de gloria o muerte para muchos de nosotros, los que quedemos vivos, recordaremos a los caídos con valor, porque gracias a ellos, darán sus vidas por nosotros. Así que a vivir pelando.” Luego nos dio su cantimplora de vodka para refrescar el día tras cavar trincheras.
- Día 4 de julio. Comimos a gusto, nos indicaron dormir el mayor tiempo posible, dejando guardias fuertemente armados, porque al amanecer inicia la batalla decisiva. Así es. A las 5 de la mañana, nuestra artillería y lanzacohetes cubrieron el espacio para bombardear posiciones alemanas. Ellos respondieron una hora después. Al onceavo día, como en Stalingrado, tuvimos muchas bajas, pero en esta ocasión no fue al grado de perder o quedar diezmado nuestro 27, porque de mi compañía quedamos 73, a diferencia de antes. Durante 3 días anduve sordo por la batalla. Por todos lados tanques destrozados, con cadáveres carbonizados, las trincheras casi fueron la tumba de muchos. Ni hambre tuve ante el combate porque necesito vivir. En el fragor se te espanta el miedo y necesitas correr con fusil disparando. Los gritos y hurras de camaradas te hacen uno. El resultado final es una gran extensión de muerte, pero se triunfó y estaremos correteando a los nazis.
- Desde Stalingrado a Kurks, encuentro que hemos cambiado, de ser novatos y casi sin experiencia, nos respetan los nuevos, lo que nos hace ver por ellos y enseñarles a no morir y vivir para vivir. Pero una cosa es combatir con músculos tensos, boca reseca por la tensión, sintiendo hormigas en el estómago, listo para disparar o encajar bayoneta ante un enemigo que también piensa lo mismo contra ti, otra es que conforme avanzamos, encontramos destrucción de aldeas, de encontrar fosas con miles de civiles asesinados por los nazis. Jamás se me olvidará y lo tendré presente. Angustia ver tanta muerte de civiles inocentes, cobardemente asesinados. Te hierve la sangre para hacer lo mismo contra miserables nazis.
- A cada batalla, nos acerca el triunfo. Hemos dejado a camaradas que nos dejan huella de su heroísmo, que gracias a ellos estamos vivos. Estamos muy cansados por batallas y caminar y caminar a ritmo redoblado. Sudorosos y flacos, pero con corazón activo. Añorando terminar con vida. Todos escriben cartas a sus familias, ellos les responden, mientras que yo, por más que escribo a mis hermanos, no he recibido respuesta, me preocupa qué es de ellos, espero que estén vivos para cuando nos encontremos darnos un abrazo de felicidad y regresar a México. Pero el panorama es incierto, incluso para mí. Mientras, seguir avanzando. Tengo hambre.
- Desde el 8 de agosto (1943), nos concentraron en fuertes unidades rumbo a una ciudad que se llama Járkov, situada una parte de Ukrania, donde se prepara para el operativo Rumiántsev (para nombres que les ponen). Por lo visto, considero que, así como en Satlingrado y Kurks, también habrá dos frentes de batalla para vencer a los boches. Veo gran concentración de tanques y armamento, donde las tropas nos colocan de manera escalonada. Una vez más me preparo para vivir, aunque cuántos como yo, así lo pensaron y ya no viven. Por más que intento no pensar en miedo, me persigue como perro tras la carne. Me dice mi capitán que es lógico ante cada combate, pero que piense en que debemos llegar a viejos y contar lo que vivimos y vimos hoy a nuestros nietos. Eso espero tener.
- Del 12 al 23 de agosto, nuestro frente de batalla estuvo marcado por olor a pólvora y polvo, a tierra quemada por la metralla, perdiendo camaradas que instantes antes reías o platicabas. De algunos no quedó nada por la explosión de bombas, otros unos trozos de ellos, con su olor de su sangre penetrando en la nariz. Al final, vivo, donde Járkov se recuperó luego de dos años sangrientos. Al desalojar venciendo a los boches, el 25 de agosto, se supone que tendríamos dos días de descanso, no ocurrió, porque nos alarmaron que afuera de la ciudad, en un sembradío de girasoles, en una barranca, están tirados cientos de civiles, la mayoría niños y mujeres, ejecutados por los nazis antes de salir corriendo ante nuestro empuje. Me pregunto, qué animal es capaz de hacer esto con tanto salvajismo; acaso no tienen familia o madre, hijos, como para cometer un crimen así. Cuando terminamos de enterrar a los civiles, entre nuestro batallón de enterradores del momento, nos juramos que, de encontrar a la unidad nazi criminal de esto, ninguno quedará vivo. Así fue, los vengamos dos semanas después. Járkov como otros lugares, dejan huella para siempre. El nazismo debe ser destruido.
- Dejamos Járkov, para seguir marchando, olvidando el cansancio y hambre, ante tal crueldad. Méndigos todos los que dejaron crecer al nazismo, por los muertos pagarán. Vivir es mi anhelo. Pero dentro de mí, la venganza me hierve. Creo que me causa algo que no termino de comprender. Nos dieron orden de batalla para mañana temprano. Veremos si puedo seguir para escribir. Mientras, a cenar y dormir.