No es que el Presidente de la República tenga una fórmula mágica para seguir siendo popular en un amplio segmento de la población. No es magia, es algo muy elemental, y se llama ser un decodificador.
Lleva años "decodificando" las "necesidades" de los mexicanos y comunicándoles en sus términos lo que ellos mismos platican en sus casas, con amigos o en los ámbitos donde se desenvuelven. Por supuesto que la "necesidad", carencia o queja, al ser decodificada, se magnífica al momento de incluirse en la narrativa para que conecte con la emoción y posteriormente con la razón que dice: AMLO es la solución.
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No tiene mucha ciencia, pero la oposición parece no entender esto. Mientras el Presidente decodifica a los mexicanos, ellos decodifican al presidente, pero el efecto no es proporcional.
Mientras AMLO habla de corrupción, la oposición está llena de corruptos, y al contraatacar, el presidente solo les recuerda a los mexicanos su decodificación inicial sobre el problema de la corrupción y sus características, y los llama "mafia del poder", "neoliberales", "conservadores", "corruptos" y "ladrones".
Su código es más poderoso y entonces no sólo prevalece, sino que al ser exacerbado conecta con un grupo de personas hartas de lo que se vive en México desde hace casi un siglo, creando con ellos algo superior producto del código que comento: una doctrina.
Y aunque ésta carece en la mayoría de los casos de lógica y sustento, es aceptada por un gran número de personas que son inmunes a la crítica hacia el "decodificador”.
El presidente mantiene la misma narrativa, le habla diario a la gente en los términos que ellos esperan y además le creen sin evidencia, pero sus adversarios no han tenido el talento ni la inteligencia de entender esta situación, ni la posibilidad de encontrar a una figura que sea creíble y con el arrastre suficiente para emitir un nuevo código, que exponga las fallas, carencias y errores del presidente.
Faltan menos de tres años para la sucesión, y no hay una figura que se antoje capaz de enfrentar a un código convertido en dogma, porque para ello primero se necesita credibilidad. Porque nadie apoya a quien no le cree y nadie le cree a quien no le emociona, y nadie es capaz de emocionar si no conoce la parte sensible de las personas.
La elección de 2024 será nuevamente el "código AMLO”, ahora repetido por quien sea su elegido o elegida, contra un código nuevo, que deberá ser parte anti AMLO, por el gran número de personas que no lo toleran, y parte pro México, en caso de que por fin logren hablarles a los mexicanos después de tres años de silencio.
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