Aún cuando no siempre, muy a menudo, dependiendo de lo que publico o expreso, recibo muestras de aceptación como uno más “de los suyos”, pero antes que eso, como uno que ataca a “los otros”; aun cuando, podría calificarse de normal en medio de un ambiente de rabia y carencia, de aprecio por la diferencia, no deja de parecerme extremadamente triste y preocupante, porque:
Primero, la prevalencia de la visión de vivir en medio de dilemas, aquellos que plantean dos alternativas entre las cuales habría que elegir una, definiéndonos en automático; en este sentido, recupero a Adela Cortina, quien en entrevista que recién revisé, expone que lo que se vive, humanamente son problemáticas, mismas que gracias a nuestra inteligencia, somos capaces de enfrentar creativamente, construyendo alternativas diversas y optando entre ellas, postura, muy lejana a la pobre imagen de tener solo dos caminos a tomar, excluyendo siempre al otro.
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Segundo, que las relaciones interpersonales -amistades o enemistades-, se finquen sobre este tipo de consideraciones, ¿de qué calidad, duración y condiciones de prevalencia, estaríamos hablando? En este sentido, me viene a la mente el dicho: “Tan malo el pinto como el colorado”. La relación humana se finca en el aprecio del otro, tanto otro, diferente y complementario, no tanto igual a mí.
Será por mi formación familiar y profesional que me gusta observar la diversidad de escenarios que nos rodean, independiente de mi contacto físico con las realidades, la televisión, el cine, la radio, hoy las redes y plataformas, son insumo central. En el caso de redes sociales, cada día resulta más complicado el recorrerlas y el toparme, a cada paso, con odio, ese que es el mismo, pero con dos rostros contrarios, que representan, aquellos que, en medio de la euforia, desde su respectiva esquina, aplauden o condenan, siempre descalificando e insultando al otro, con un grito que reclama la verdad absolutista: “Si no estás conmigo, estás contra mí”, el hartazgo me invade.
Hay quienes dicen que son los tiempos que nos toca vivir, por lo que hay que adaptarnos y seguir; puede que tengan razón, sin embargo, será alguna con la cual no comulgo, creo firmemente, que aquellos que tenemos el privilegio de disponer de espacios para compartir nuestro sentir y nuestro pensar, debemos cumplir tres condiciones “sine qua non”: 1. Exponernos, es decir, mostrarnos ante quienes nos comunicamos, lo cual implica aceptar nuestras posturas, y cumplir el compromiso de ponerlas sobre la mesa de diálogo; 2. Apreciar las posturas de aquellos diferentes, a quienes debemos agradecer su existencia, ya que nos abre la posibilidad de encontrarnos con pensamientos y sentires, que de otra forma, nos pasarían por el punto ciego; y 3. Apostar por la formación de posturas propias, entre los otros, naturalmente diferentes a las propias; un elemento podría ser la información que se expone, provocando la deliberación, para que ésta, sea construida, por cada quien, en conocimiento y manifiesta en posturas propias.
En términos generales, la deliberación requiere información y su análisis conduce a una elección de quien la ejerce, es el objetivo de la educación, en su ausencia, se practica el adoctrinamiento, generador de personas “seguidoras” de ideas y personajes que les impactan; la educación en sí, tiene la misión de formar personas humanas, es decir, personas capaces de pensamiento, decisión y acción propias, personas libres. Esta educación es la que urge, y se debe fomentar en cada espacio social imaginable.
La educación, tanto formal como informal, representan momentos y espacios privilegiados como profesores o como quienes disponemos de espacios como el que aquí me proporciona e-consulta, tenemos la responsabilidad. El rechazo al adoctrinamiento debe ser Total. En estos tiempos de urgencia, bien nos vendría la “cordura”, que para Cortina representa, la acción integrada del corazón y la razón de cada persona humana, responsable ante los otros.