Durante la primera semana del mes de marzo, las agendas de los gobernantes y políticos se ven repletos de eventos referentes al 8 de marzo (8M) con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Empieza la danza de los discursos, unos más atinados que otros, pero todos concluyen en que los derechos de las mujeres deben ser respetados y que todo tipo de violencia hacia ellas debe ser erradicada e eliminada. Sin embargo, analicemos algunas cifras que el país ocupa en materia de derechos de las mujeres:
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- En el país, las mujeres representan el 51.2% de la población total con 64 millones 540 mil 634 mujeres (INEGI, 2020)
- El 73.6% del trabajo no remunerado que se realiza en los hogares, es realizado por mujeres y representa el 22.8% del PIB (INEGI, 2021)
- De acuerdo al CONEVAL, el promedio de brecha salarial entre la población de 15 y 24 años llegar a ser del 12%, brecha que aumenta en la edad de 24 a 44 años en la que asciende al 21%.
- Solo 17 de cada 100 mujeres tiene un crédito hipotecario (INEGI, 2018)
- Solo 2 de cada 10 investigadores de alto nivel son mujeres (CONACYT, 2018)
- La deserción escolar de las mujeres se debe principalmente por actividades relacionadas o cuidado del hogar, 83% mujeres, 17% hombres. (INEGI, 2017)
- El ingreso medio anual de los hombres es 54.5% más alto que el de las mujeres, siendo México el país con la brecha salarial más pronunciada de todos los países que conforman la OCDE. (OCDE, 2021)
Los datos son reveladores. El país avanza en marchas, discursos y promesas, pero muy poco en los hechos. Los ejemplos y casos son claros y están a la vista de todos:
Se crean Fiscalías Especializadas en Violencia de Género, pero no se dota de recursos económicos necesarios para que los agentes especializados puedan realizar su trabajo en condiciones adecuadas. Un agente debe resolver 500 carpetas de investigación por el delito de violación o similares sin contar con un equipo, humano y material que lo auxilie en esta tarea. El resultado es simple, una absoluta impunidad.
Se habilita el número telefónico 911 para reportar emergencias, que en muchos casos se trata de llamadas de auxilio generadas por violencia doméstica, pero no se robustecen a los elementos policiacos.
Se reconoce el doble trabajo de las mujeres, el de oficina y el de casa; se sabe de la deserción escolar en más por niñas que niños, y se conoce de la violencia que sufren los hijos estando solos en casa, otra vez, padeciéndola más las niñas que los niños; aun así, se eliminan las Escuelas de Tiempo Completo, lo que implicará que la mayoría de los beneficiarios de este programa, que son mujeres, tendrán que ver la manera de resolver el problema del cuidado de los hijos y de seguir cumpliendo con su doble trabajo.
Se habla y se discute sobre una mejor procuración e impartición de justicia, pero se sorprende al Fiscal General de la República usando su influencia y su poder sobre jueces para resolver un asunto de índole personal donde las víctimas son dos mujeres.
Podemos citar otros ejemplos en los que las políticas públicas se oponen contradictoriamente a todos los discursos a favor de las mujeres y al respeto de sus derechos. Por ello, es necesario que el discurso se aterrice en presupuestos definidos y dirigidos a la lucha por la equidad entre hombres y mujeres, de lo contrario, seguiremos siendo solo un país de marchas, protestas, exigencias y promesas, no más.