Mientras hacíamos antesala en la entrada principal del campus, para que la Rectora Cecilia Anaya lo pudiera recibir con integridad y seguridad, un grupo de artistas de la comunidad cantaba el coro del tercer acto de la ópera de Nabucco, el “Coro de los hebreos cautivos”, un canto emblemático a la libertad, que nos conmovió a todos; minutos después vino la noticia de que el campus oficialmente había sido devuelto creando un ambiente de júbilo y de satisfacción sobre todo en los alumnos que no paraban de llorar, abrazarse, brincar, cantar y bailar.
Ante el intento de un cartel espurio de apoderarse de la institución, primero sobrevino un marasmo general ante la incredulidad de que tal atentado a la libertad estuviera realmente sucediendo; después, la comunidad empezó a conectarse, a organizarse, a crear colectivos, a crear nodos, a impulsar liderazgos formales e informales, a hablar de manera organizada con actores relevantes de la sociedad y de la política, a sumar voluntades nacionales e internacionales, a sacar comunicados y desplegados para mantener a la opinión pública informada, a usar inteligentemente las redes sociales, a ser meticulosos en la defensa legal, a organizar marchas y plantones que fueron nota nacional; aprendió sobre todo como comunidad a resistir, a aguantar, a sufrir con sentido, “al padecer, valor”, dice la frase final del coro. Aunque hubo tensiones y desencuentros, nunca se perdió la unidad y prevaleció en todos los actores, el interés por el bien común.
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El estado de Puebla, con más de 320 mil alumnos en educación superior, se ha convertido en un foco de cultura para México, para Hispanoamérica y con ella para el mundo; pero esto no ha sido fruto de la casualidad. Puebla desde la Colonia, tuvo la apuesta de los jesuitas al crear instituciones como los Colegios Mayores que sobrevivieron a distintas épocas de México y que culminaron en la creación en el siglo XX de la Universidad de Puebla y otras instituciones que eventualmente ganarían su autonomía a fines de los años cincuenta. En los años sesenta y setenta, Puebla fue el epicentro de luchas para defender a la Universidad de las ideologías, lo que permitió el nacimiento de nuevas instituciones que con autonomía, legítimamente buscan dar una educación superior de calidad de acuerdo a sus propias convicciones. Creo que la comunidad universitaria y la sociedad en general de Puebla, han sido dignos herederos de este legado de Autonomía Universitaria en la defensa de la Universidad de las Américas Puebla.
Es cierto que mucho perdió la comunidad en estos ocho meses, pero creo que mucho más ganó. Hoy la UDLAP sigue siendo la misma en su esencia, pero también es distinta, es mucho mejor; su DNA se enriquece al defender valientemente su causa. Los pedagogos hablan siempre del “currículum oculto” en el que tratan de describir todo aquello que la comunidad vive y que no queda explícito cuando elaboramos el currículum oficial. Todos los que se involucraron, aprendieron el valor real de una comunidad; de una institución; y el por qué en la vida hay batallas que vale la pena librar y con las cuáles comprometerse. Aprendieron que la Universidad es encuentro, debate, búsqueda de la verdad, del bien, de la bondad y de la justicia; y aunque pudieron sobrevivir estos meses virtualmente, el ansia de recuperar el campus, como el ansia del alma que necesita su cuerpo, los movió a la acción.
Hoy ya con la posesión de su campus, toca a todos los miembros de la comunidad trabajar con excelencia para hacerlo florecer y con él a toda la Universidad; desde lo jardineros, el personal de seguridad, mantenimiento y limpieza, los alumnos, los profesores e investigadores, los padres de familia, pero sobre todo su Rectora y su equipo, deben trabajar como nunca en comunidad para recuperarse y creo que este esfuerzo debe acompañarse de abrir los espacios de participación y colaboración que los distintos colectivos, se han ganado con su testimonio.
Por su parte, los miembros de los patronatos de la Fundación Mary Street Jenkins y la Fundación UDLAP deben estar muy agradecidos con ellos y orgullosos de saber que tienen una comunidad vibrante; están llamados a trabajar arduamente la gobernanza que proteja a la comunidad en el futuro de tanto de problemas internos como de agresiones externas y garantice que la Institución pueda cumplir sus fines más nobles.
Disfrutemos junto con ellos la devolución de su campus; la comunidad se lo ha ganado a pulso, pero nos lo han hecho ganar también a todos.
¡Que viva la UDLAP libre!