Vladimir Putin se presenta como el Adolf Hitler del siglo XXI. La situación no es sencilla y es por demás preocupante, porque una intervención militar de Estados Unidos ante la invasión de Rusia en Ucrania implicaría una tercera guerra mundial y el fin de la humanidad. Se escucha dramático, pero las opciones no son amplias.
Los miembros de la OTAN, aliados de Estados Unidos, condenan y se "alían" en contra del régimen ruso, pero de poco sirve, de todos no haces uno.
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Alemania tiene un nuevo canciller que aparece como un niño de párvulos, comparado con su antecesora Angela Merkel. Francia y su presidente Emmanuel Macron ni siquiera fueron recibidos en el Kremlin en su afán de mediar en esta situación. Reino Unido, ahora fuera de la Unión Europa, con un muy débil Boris Johnson. Y de los demás miembros la verdad no importa ninguno.
Rusia por su lado tiene y tendrá de su lado a China, con poder económico y militar. Las sanciones anunciadas por el presidente norteamericano, Joe Biden, sin especificar cuáles son, deben provocarle risa al señor Putin.
Porque Rusia es como el buleador de la prepa: puede hacer lo que se le pegue la gana, ser citado por el director y ante las acusaciones responder, sí, fui yo ¿y, qué vas a hacer? Tienen petróleo, gas, salida al mar, un ejército poderoso y el dedo en un arsenal nuclear. Son intocables.
El problema está en que Putin parece determinado a restablecer el antiguo poderío de la ex Unión Soviética. Si invade Ucrania y no pasa nada, después querrá Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Kazajistán, Azerbaiyán; y ¿quién le va a hacer frente?
Las sanciones que llegue a anunciar Joe Biden con la OTAN en materia económica y de cadena de suministros son subsanables vía China y aquellos que se alineen con el Kremlin.
Así sucedió con Hitler. El miedo a confrontar tardó demasiado y lo dejaron crecer a un grado que se preparó para todo. Putin así debe estar, listo para todo. Hitler invadió Polonia y generó hasta entonces, la declaración de guerra de Reino Unido.
Hoy las cosas son diferentes. Hablamos de potencias nucleares y ante eso no cabe comparación. Estados Unidos puede condenar lo que quiera, lo mismo la OTAN, pero no podrán intervenir militarmente de manera directa, sería el fin de la humanidad.
La diplomacia está más que superada. Esto no es la Guerra Fría, esto es una guerra abierta ante alguien que agrede y que NO puede recibir respuesta por el bien mayor en el corto plazo.
Lo mismo que sucedió con Alemania en 1939, con las consecuencias que conocemos todos.
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