Llevaba varios meses en una colecta permanente de ayuda para beneficiar a gente de extrema pobreza aún más afectada por la pandemia. Cada vez era más difícil conseguir, ya no solo los recursos, también espacios para dar difusión a lo que hacíamos, como si ya hubiera pasado de moda el tema de ayudar por la contingencia.
Buscando difundir nuestra labor y solicitar apoyos, acudí con varios conocidos que tenían programas de radio para que solicitar una intervención. Algunos me dijeron el clásico "lo voy a checar", otros de plano no contestaron, pero afortunadamente hubo gente generosa que sí nos apoyó. Uno de ellos fue el llamado Bruce Julis, que al comentarle de inmediato dijo que sí y acordamos fecha para una entrevista.
Más artículos del autor
No sabía que tanto alcance tenía, hasta que empecé a recibir comentarios. Uno de ellos se dio en el contexto de una comida, donde una persona me dice: "Rafa, vi que subiste una entrevista que te hace ese de Bruce Julis, pero se ve que son muy amigos. Yo no lo conozco, pero ten cuidado, está todo tatuado y es muy mal hablado y seguro hasta se droga."
Al escuchar, me quedé callado unos segundos y respondí: "Sí, claro, tendré cuidado, porque también mata focas bebés para hacer botas, come niños de desayuno, originó la crisis de misiles de Norcorea y prende cerillos para hacer el calentamiento global". Después de mi contestación, la mayoría de los contertulios se botaron de risa.
Algo curioso fue, que días después de eso, otra persona, —de otro círculo diferente— me dijo: "Vi que te entrevistó Bruce Julis, ten cuidado, siempre está metido en grillas y opina de todo, seguro te quiere usar para algo, no deberías juntarte con él". Esbocé una sonrisa, pero no por lo que dijo, sino por la ironía de que, dos personas que no se conocían entre sí, dijeran algo similar. En esta ocasión respondí: "Sí, tendré cuidado, creo que está organizando la Revolución Pueblachevique y quiere destruir la democracia por medio de tuits."
Este artículo no se trata de Bruce Julis. Y puedo decir que sé de su calidad y calidez humana, y que lo considero un amigo; que nos ha ayudado con espacios, consejos y recursos para las actividades que hacemos en la Fundación. Podría decirlo por una simple razón: lo conozco y he convivido con él.
Este artículo trata de cómo, muchas veces, etiquetamos, catalogamos y juzgamos a personas sin conocerlas, sólo por algún comentario que recibimos o una situación superflua que pasamos. Es increíble cómo un chisme o un estereotipo pueden formarnos una imagen que no es real y perjudica gravemente a alguien. Ni la apariencia, la ideología o el nivel socioeconómico son criterios epistémicos, es decir, que nos acerquen a la verdad. La verdad no depende de quién la dice, sino de lo que se dice.
Y al final de cuentas, lo que decimos siempre habla más de nosotros que de quien lo décimos.
Apertura, empatía, buena disposición, buena vibra.
Rescoldos
No estamos obligados a que nos caiga bien todo mundo, solo se trata de no emitir juicios sobre algo que no sabemos o alguien que no conocemos. Claro, si el juicio es sobre alguien que recibe presupuesto público y no hace su trabajo… pues esa ya es otra historia.
@RafaActivista
rafaactivista@gmail.com