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OPINIÓN

La subordinación

Con Marcelo Ebrard, el país puede recobrar la senda de un gobierno fincado en instituciones

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Febrero 23, 2022

Los que saben del asunto afirman que falta un largo trecho para las elecciones de un nuevo gobernador y Presidente de la República, y diputados para nuevas legislaturas. Sin embargo, las amarras ya andan sueltas votando de un punto a otro. A nivel local destaca la ausencia de cuadros políticos vinculados con el partido Morena o con la vieja izquierda poblana. La ausencia tiene que ver en primer lugar con el estilo centralista del gobernador que impide que nadie brille ante las luces de la opinión pública. A eso sumemos que, al parecer, de manera deliberada gobierna con personajes traídos de fuera en despecho de los de casa.

En ese sentido sigue el mismo patrón de Rafael Moreno Valle en su primera etapa, que llenó los puestos técnicos con gente de otra parte. Pero aún así el difunto dejó que un pequeño grupo de incondicionales subiera al escenario de los reflectores. Con Miguel Barbosa, nada. Hasta ahora el único miembro del gabinete que luce con luz propia, tiene experiencia legislativa y de gobierno en ayuntamientos, además de una larga trayectoria en las luchas de izquierda democrática locales, es el titular de la Secretaría de Educación Pública, el profesor Melitón Lozano. Además, y hasta donde tengo entendido, siempre estuvo en el movimiento cívico-electoral del presidente López Obrador. Por lo menos en una ocasión, el PRI lo despojó del triunfo de diputado federal.

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Pero hay otros datos. La elección del próximo gobernador estará determinada no por los eventuales liderazgos políticos, proyectos y propuestas de buen gobierno, ni por la popularidad y fuerza electoral de los eventuales aspirantes, ni por la correlación de los partidos. Despreciados por todos, pero imprescindibles para hacer gobierno. El candidato a gobernador por el partido Morena será una decisión encuadrada en la estrategia de cambios y reformas del presidente López Obrador, con la limitante de que la mayoría de esos proyectos están atorados en la Corte, sujetos a controversia. Es decir, no son proyectos y leyes concluyentes para inaugurarse o promulgarse en los tiempos prometidos. Aquí se impone un elemento transexenal, motivo de repudio popular. Además, y no obstante que será una decisión centralizada en el cálculo político de una sola persona (el presidente), la designación del aspirante a gobernador estará subordinada a las características y estrategia de quien sea denominado candidato a la Presidencia de la República.

Si el presidente persiste en la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, en Puebla puede favorecerse el nombre de una mujer. En tal caso, la señora Claudia Sheinbaum requerirá de una fórmula-remolque que la engarce con el electorado clientelar de Morena, reducido en las colonias y barrios populares de las ciudades grandes y medianas, y en los pueblos y rancherías, campesinos e indígenas, de sierras y llanos. Pues hasta ahora el nombre de Claudia Sheinbaum suena únicamente en círculos muy especializados de la capital poblana que siguen el ritmo de la política nacional. Esos grupos, generalmente con niveles de educación por encima de la media nacional, han pasado de una relación de lealtad a López Obrador a una de suspicacia y reserva, cuando no de franco de abandono. Descuéntese además que en las ciudades clasemedieras está el voto duro del PAN y el de los indecisos.

Pero si el ungido es Marcelo Ebrard, como todo indica que será, las coordenadas cambiarán. Incluso tengo la sospecha que el comportamiento del presidente López Obrador será otro. El canciller es un político-político, quiero decir un político profesional, tal vez el más competente y eficiente de cuantos haya en el partido Morena. Se le pone muy por encima incluso del propio Ricardo Monreal. Ebrard viene de la escuela de Manuel Camacho, y es de los pocos con derecho de picaporte en las comunidades vilipendiadas en este gobierno. Los intelectuales, los periodistas, la comunidad cultural, la científica, los teóricos de los pueblos indios, los empresarios, las organizaciones no gubernamentales, y el movimiento feminista. Quiero decir que es un persona muy bien  calificada en los círculos de opinión pública. Pero sobre todo que puede retomar el rumbo de un gobierno fincado en instituciones, y no en la clarividencia de un Hombre. No se debe olvidar que las grandes reformas constitucionales de izquierda en la ciudad de México no las impulsó López Obrador. Fueron acciones de Ebrard.

Pero aún habría una variable más (una variable poderosa en manos de la oposición, que la habrá y no será de fin de semana) en la definición y eventual triunfo del candidato a gobernador del partido Morena: la figura de Miguel Barbosa Huerta.

Chayo News

Nobleza obliga. El fin de semana Gustavo cayó de emergencia en el Hospital del Niño Poblano. Tiene 15 años y los síntomas rozaban la muerte. Eso sentía. El médico de la esquina se declaró incompetente y urgió que se buscara un hospital porque a su juicio requería de cirugía. Fuera de los problemas con los guardias de seguridad, que se arrogan la autoridad y sapiencia de los enfermeros, manifiesto mi reconocimiento a la eficiencia de los especialistas del nosocomio, a los laboratoristas, y a su personal directivo, en particular a la subdirectora, y funcionarios del sector salud que estuvieron al tanto de la salud de mi chamaco. Muy satisfecho. Y tal vez lo más importante, el servicio es gratuito.  Bien, muy bien, por la política de salud infantil de este gobierno.

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