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OPINIÓN

El Holocausto y el arte

La historia muestra que el ser humano se resiste desde el arte para no ser destruido en su interior

Elvia de la Barquera

Egresada de Antropología UDLAP, Bellas Artes Universidad de Barcelona y Doctorada en Espacio Público: Arte-Sociedad UB. Artista, investigadora, docente y Crítica de Arte con publicaciones varias

Viernes, Febrero 4, 2022

El 27 de enero es el Día Internacional de la Conmemoración del Holocausto, con la finalidad de rendir homenaje a quienes sufrieron los horrores del peor genocidio de la historia de la humanidad; pero también es un esfuerzo por crear resiliencia en torno a las ideologías de odio, para que un error así no vuelva a ocurrir jamás en la faz de la tierra.

Cuando el arte es una herramienta, no importa si hay una formación académica respaldando la obra, importa la intencionalidad del creador, de quien quiere imprimir, manifestar y comunicar. Así sucede cuando hablamos de arte sin límites o transfronterizo (outsider art). En el caso de las víctimas del Holocausto, las expresiones artísticas dejaron grabadas historias y anhelos, sin importar tampoco la intensión artística ni la formación previa, sólo la necesidad intrínseca del ser humano de crear y documentar, plasmar ideas y retratar realidades. Hace cinco años, el Museo de Historia Alemana reunió trabajos recuperados que se elaboraron durante el Holocausto. Algunos eran profesores en arte o artistas formados, otros no; simplemente querían, con la iluminación del papel, escapar de una realidad, soñar, imaginar; o bien desahogarse de una realidad inevitable, retratando lo que sus ojos veían y no querían reconocer; documentar hechos. Así, el arte sirvió de tal vez poco, tal vez nada, tal vez de un pequeño impulso o consuelo. Ahora, al exhibirse trabajos realizados en estas condiciones, se abre la posibilidad de revivir, pero también de cuestionar y reflexionar, de releer y otorgar significancia enriquecida por el tiempo, por la historia.

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No importa la técnica, ni la perspectiva, importa lo que se dice y el momento vivido determina cómo se dice, el desarrollo y la implementación de un lenguaje propio, amalgamado por el dolor y la perspectiva de las víctimas con una esperanza acotada.

Una pequeña de nombre Nelly vivió con su madre en un pequeño cuarto cuando Polonia estuvo tomada por los nazis. Ahí dibujaba hermosos paisajes y es que ella “pintaba para huir del holocausto”, agrega que:

“Yo era capaz de sentir el terror que nos rodeaba, aunque mi madre quisiera ocultarlo, pero deslizar aquellos pinceles sobre el papel equivalía a conjurar una especie de protección mágica, sentía que allí había algo más fuerte que nadie podría arrebatarme.”

El sueño de una muchacha en el campo

Otro artista es Bedrïch Fritta, quien tenía un taller donde se diseñaba la propaganda oficial. Él y sus colegas se dedicaron a documentar gráficamente los horrores de los guetos, pero fueron descubiertos en 1944 y falleció en Auschwitz.

Entrada Trasera del gueto de Theresienstadt. Collection of the Yad Vashem Art Museum, Jerusalem

Otro artista que registró la vida en los guetos fue el profesor de arte de Vilna, Jacob Lipschitz, quien falleciera en el campo de Kaufering en 1945.

El Golpeado. Collection of the Yad Vashem Art Museum, Jerusalem

Las obras se escondieron en muros, techos y paredes, o bien se enterraron. Han sido los sobrevivientes y los parientes de los fallecidos, quienes regresaron a los guetos a buscar estos tesoros. Ha implicado una enorme labor poder congregar y conservar estas obras. Yad Vashem es una institución israelí que le levantó en memoria de las víctimas del Holocausto, y es ahí donde se han conservado las obras de arte elaboradas durante esta inolvidable faceta de la historia. En ellas se lee el deseo de libertad, de belleza, de bondad, pero desde una esquina del mundo donde reina el dolor y la desesperación, la muerte y la crueldad. El ser humano sigue siendo humano aún en tan terribles condiciones, sigue conservando sus deseos de crear, de elaborar, de hacer, de aportar, es un espíritu que no se rinde y se resiste a ser destruido desde su interior.

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