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      Jackie Robinson y Tartufo

      Viernes, Enero 7, 2022
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      América Latina está recuperando la memoria social e histórica frente al fracaso neoliberal
      Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.
      Jackie Robinson y Tartufo

      No es actual la irracionalidad del discurso de la derecha o derechas, como tampoco la soberbia egocéntrica y pedante con la que se manifiestan contra tendencias y posturas éticas como de expresiones sociales liberales o de izquierda, sobre todo contra los líderes sociales que son la voz de expresión y reclamo social. En distintas épocas de la humanidad, la irracionalidad y dogmas merman su capacidad reflexiva, nublando la lógica del conocimiento, que empobrece el avance de la humanidad.

      Incluso, el racismo y los dogmas son irracionales en esencia. Tanto el discurso como la acción son susceptibles de ser declarados racionales o irracionales. Discurso y acción difieren, sin embargo, en múltiples aspectos, lo que conduce a su vez a formas distintas de caracterizar y analizar su racionalidad. En el caso del discurso científico, filosófico o de cualquier clase, el establecimiento de su racionalidad se halla conectado con el problema de la verdad, más precisamente con la conservación de la verdad de los enunciados. Un discurso racional es aquel que respeta las leyes de la lógica, aquel cuya forma argumentativa no permite deducir falsedades a partir de verdades. En el caso de las acciones, en cambio, no tiene sentido hablar de su verdad o falsedad. Las acciones son un algo concreto que, en tanto hechos dados en el mundo, no son en sí mismas susceptibles de ser catalogadas como verdaderas o falsas. ¿Sobre qué base puede entonces establecerse la racionalidad o la irracionalidad de una acción?

      La irracionalidad por sí misma junto con la prepotencia, agresividad, insulto y soberbia, rayan en lo absurdo total, al grado de que son el sustento de la extrema condición de personas o grupos dogmáticos y de la extrema derecha.

      A muchos de nuestros dirigentes políticos, sobre todo a los de la derecha, cuando llegan periodos electorales, la boca se les inunda de irracionales e insensatas argumentaciones para explicar sus egocentrismos y esconder la inmadurez política que les embarga. Son capaces de mezclar términos contrarios para justificar su irracionalidad, con el único fin de generar odios y conseguir votos para su propósito, que es el de perpetuar su poder.

      Es escandaloso y fuera de sí apoyarse en un eslogan de “comunismo y libertad”, cuando de todos es sabido que el comunismo como tal en España, como ellos lo plantean, no existe. Pero lo peor es enfrentar estos dos términos como si se volviese a los argumentos que la ultraderecha y la derecha pusieron en marcha para imponer diversos golpes militares en el mundo. Vuelven a aparecer los términos de “rojo”, los términos de meter en su supuesta lógica al conjunto social. Y lo peor es, para esta derecha retrógrada, que en las elecciones hay que elegir entre comunismo y libertad.

      ¿Qué libertad? ¿La que prevarica, compra votos, es corrupta, compra la justicia, no respeta el derecho a la educación pública, desprecia la sanidad pública, echa a la gente de sus viviendas, favorece los paraísos fiscales, beneficia a los que más tienen frente a los que más necesitan? ¿La que crea odios? ¿Esa es la libertad que hay que enfrentar ante un comunismo inexistente, aunque lo adornen con falaces argumentaciones que se va expropiar y ocupar si gana la “izquierda socialcomunista"?

      Europa inicialmente en los siglos XVI y XIX cientos de miles de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados, trasladados en barcos a tierras desconocidas y vendidos como esclavos, sobre todo a lo que será el continente americano. Desde los Estados Unidos a Latinoamérica, la esclavitud, el menosprecio a millones de africanos, fue el sello permanente.

      Brindemos un espacio a una persona que soportó insultos, agresiones y un sin fin de irracionalidades racistas, en un país supuestamente de “las libertades” como Estados Unidos con Jack Roosevelt Robinson (Cairo, Georgia, 1919-1972), quien fue el primer beisbolista afrodescendiente en ingresar a las Ligas Mayores de Beisbol. Jugó la mayor parte de su carrera profesional para los Brooklyn Dogers. Además de su destacada carrera como jugador, realizó una firme actividad política y comunitaria por la igualdad de derechos y la lucha contra la discriminación.

      Ustedes se preguntarán el por qué mencionar a Jack, pues por la sencilla razón de que se enfrentó al racismo irracional en dicha nación de la democracia y libertades, quien al conquistar triunfos, también venció la adversidad de los blancos, ganándose el reconocimiento nacional por su firmeza y convicciones.

      Nos sirve como ejemplo para ubicar que en nuestro país, con todo y Constitución, persisten amargos hechos de irracionalidad, que nos persigue desde el siglo XIX con los conservadores. Hoy es la derecha, quien ignora que jamás en México ha gobernado el comunismo. Los movimientos comunistas y de izquierda van de la mano con las luchas sociales contra las imposiciones de la derecha empresarial o en el poder político y de gobierno en turno. Si emergen voces coincidentes con la izquierda, es bajo el clamor de la lucha social, que retoma las banderas e ideología de izquierda o comunista para fincar sus argumentos de acción. La derecha ciega, todo lo ve rojo, lo identifica con terrorismo, que va en contra de la democracia y buenas costumbres, al grado de que acuña el concepto de “populismo” a expresiones de justicia, en contra de una falsa democracia oligarca y apátrida.

      América Latina está en un momento de ir recuperando memoria social como histórica contra el fracaso neoliberal, quien secuestró la dignidad e identidad de los pueblos, así como sembrar pobreza en general, al imponer un modelo voraz que produjo riqueza para unos cuantos, en tanto, contravino derechos laborales, de salud y educación. Así mismo, los bienes y riqueza de cada nación fueron privatizadas, empobreciendo el futuro en nuestros países, con deudas impagables. Un efecto altamente notorio es la pandemia del Covid, que ha costado millones de vidas, sobre todo en naciones subdesarrolladas que no tuvieron o tienen capacidad económica para enfrentarla, en cuanto a que la corrupción neoliberal, desarticuló aparato productivo y de servicios sanitarios, etcétera.

      Lentamente la respuesta social mediante el voto va fincando nuevas voces, ya sea Bolivia, Perú, Chile, o desde antes con Cuba y Venezuela; el clamor social intenta corregir como eliminar a los siervos del imperialismo, es decir, entes derechistas.

      En México también es el pueblo quien determina ese clamor. Sin embargo, nos encontramos que existen expresiones con mismo tono irracional. Me refiero a la derecha, que insiste en acusar que el nuevo gobierno es “populista”, además de “comunista”, que nos conduce a lo más terrible y que va en contra de las buenas costumbres y moral mocha.

      Hace unas semanas se efectuó un cónclave de derecha, donde el escritor peruano Mario Vargas Llosa dijo que teme "muchísimo" que el “populismo" del presidente Andrés Manuel López Obrador conduzca a México a una dictadura.

      Al presentarse en el Museo Memoria y Tolerancia en la Ciudad de México, para hablar sobre los 30 años de la caída del Muro de Berlín, el ganador del Premio Nobel de Literatura en 2010 dijo que López Obrador puede conducir al país a “una dictadura perfecta o imperfecta, pero dictadura al fin y al cabo."

      Es curioso que el mismo tono lo emplean Claudio X. González, Gustavo de Hoyos, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret, Amparo Casar, Sergio Aguayo, hasta Javier Sicilia. Se asemejan al líder del partido de extrema derecha fascista español Santiago Abascal de Vox, quien fue invitado por senadores panistas en el edificio del Congreso, para decirle que es su gurú. Así de simple y sin más. Existen otros como Vicente Fox y un tal Gabriel Quadri, que de los dos, no hacemos uno, dado su escaso lenguaje lógico argumentativo, rayando en lo más absurdo y jocoso.

      Pero, no podemos desperdiciar el momento de encontrar al mejor expositor de la irracionalidad y corrupción en el tiempo, sagaz en aprovechar toda oportunidad política y gubernamental, para sacar ventaja y ganancias, así sea en nombre de la democracia y leyes, claro que corrompiendo todo, lo es Diego Fernández de Cevallos, quien en varias ocasiones manifiesta “odio a éste, porque carece de conocimientos y moral, al ser un populista demagogo”; me parece que Diego se mordió la lengua. Su odio proviene desde los noventa a la fecha, porque en cada momento que se han enfrentado, o evidencia de servirse del sistema corrupto que lo ha encumbrado como el paladín de la irracionalidad e injusticia contra la nación: desde Salinas a Peña.

      Por eso, en Atlacomulco, cuna del priismo, en el Estado de México fue derribada la estatua de Andrés Manuel López Obrador, durante las primeras horas del 1 de enero. La efigie fue decapitada. Como acto de prepotencia irracional, Diego Fernández de Cevallos, se dirigió a Andrés Manuel López Obrador como “tartufo”, otra forma de decirle “hipócrita” y “falso”.

      Diego escribió un tuit, en el que dice: “Solo los imbéciles y resentidos pueden decir que los mexicanos “fuimos conquistados”, porque sin los espermas de europeos de hace 500 años, no habían nacido. TARTUFO, además, desciende de un abuelo ESPAÑOL”. En otro tuit, también se refiere a que “cuando México se ubica como uno de los países más corruptos del mundo, Tartufo sale con la gansada de ir a un foro de la ONU a darse baños de pureza hablando sobre anticorrupción. ¿Loco, cínico o todo junto? ¡Qué poca vergüenza!”.

      ¿Por qué Dieguito se mofa de AMLO al decirle Tartufo? Fernández de Cevallos ha comparado a AMLO y se refiere a la obra de Molière, una comedia que trata de un personaje que ha caído bajo la influencia de un falso devoto, que busca quedarse con todos sus bienes, Tartufo.

      Al escribir esta obra, Molière ataca un bastión muy influyente: los falsos devotos. Entre ellos se encuentran hombres religiosos sinceros, pero también manipuladores conscientes del poder que puede proporcionarles su devoción. Este segundo grupo es el que el autor ataca.

      El problema de los Diegos, X. González y sus “intelectuales” orgánicos recae en que intentan tanta imaginación, que no se dan cuenta que es el mismo discurso con comas, acentos y más. El mismo eco que parte de su irracionalidad extremista, con angustia de no seguir como vampiros voraces.

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