Aún en tiempos complicados como los actuales enmarcados por la pandemia COVID-19, se pueden obtener aprendizajes y oportunidades de transformación. Entre los aprendizajes, podría identificar, que la presencialidad en los procesos educativos no son directamente proporcionales a la proximidad física entre estudiantes y profesores, sino que se finca en la conexión que logran entre ellos, como personas que participan de una misma experiencia, no obstante, tengan roles distintos. Esto deriva en la oportunidad de repensar las formas de concebir a la educación, los espacios áulicos, así como la formación inicial y la práctica docente de los profesores.
Una consecuencia de esta contingencia, que me parece relevante puntualizar, es la revalorización social de la escuela como Institución especializada, en la formación de personas humanas. La consecuencia natural de lo anterior, es la revalorización del profesor como agente cultural; ha quedado en evidencia, la importancia que tiene la escuela como espacio formativo natural, y los profesores, como esencia viva, en el cumplimiento de la función social de ella.
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Me parece un momento que podría ser de quiebre para pensar en una educación con Todos, una educación que empodere a cada persona, como sujeto que conoce, para auto construirse como Ser humano, de acuerdo a sus propias realidades. Tal vez hoy resulta una aspiración idealista, pero quien sabe, igual y este virus resulta ser un catalizador que acelere su búsqueda.
Un componente fundamental para avanzar en ésta utopía, será impulsar la transición virtuosa, que nos conduciría desde lo que hoy se defiende como derecho a la educación, hacia el necesario derecho al conocimiento. No basta la escolarización de la sociedad, es decir, el acceso a la educación por sí sola, no garantiza el nutriente requerido por cada persona para su propio desarrollo, se requiere del conocimiento como argumento de transformación de sus realidades, así como de él mismo. Debo referir al sociólogo latinoamericano (aunque nacido en Italia), Emilio Tenti Fanfani, para quienes requirieran profundizar en el enfoque, especialmente en su libro “La escuela bajo sospecha”.
Con este texto breve, retomo mis colaboraciones en e-consulta, reiterando mi gratitud por el espacio que me permite compartir mi punto de vista sobre la educación y sus vicisitudes. De la misma forma, quisiera desearle a la comunidad Toda, un 2022 de salud y armonía.
La esperanza más fuerte que nunca, pero en movimiento contínuo.