Finalmente, y a pesar de la presión en redes sociales y de la intervención de los gobiernos de México, Guatemala, Perú y Honduras, la Casa Christie’s subastó 87 piezas, de las cuales 72 son de origen prehispánico, según dictaminó el Instituto Nacional de Antropología e Historia en octubre. Esta subasta se llevó a cabo hace dos días en París, la misma ciudad donde está la sede de la UNESCO, quien no se pronunció al respecto, ¿indiferencia acaso?
La Secretaría de Cultura federal envió un comunicado a la citada casa de subastas mencionando las leyes nacionales que prohíben la extracción de piezas arqueológicas desde 1934. Pero nada, la casa de subastas está más interesada en lucrar que en la preservación del patrimonio y los derechos internacionales.
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Actualmente sólo hay un documento que protege el patrimonio y su extracción ilícita: la Convención de la UNESCO celebrada en 1970. En un intento de actualización se elaboró en Roma en 1995, el Convenio del Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado (UNIDROIT, por sus siglas en francés), que inició su vigencia en 1998. La Convención de la UNESCO fue adoptada en París y versa sobre las medidas para impedir la importación y exportación, así como la transferencia de propiedad ilícita de bienes culturales, y cuenta con 131 estados partícipes.
Por otra parte, el Convenio UNIDROIT fue recientemente aprobado por la Comisión del Cultura del Senado de la República el pasado 28 de octubre, con lo cual México podrá adherirse al mismo y engrosar la membresía de apenas 48 Estados Contratantes, después de que sea aprobada por la Comisión de Relaciones Exteriores.
Este convenio tiene la finalidad de proteger el patrimonio de los pueblos originarios por medio de la cooperación internacional, pues el saqueo de sitios arqueológicos se ha visto incrementado desde 1980. Es un instrumento que busca la facilidad de demanda internacional para la restitución de bienes culturales robados o ilícitamente exportados. En este contexto legal internacional actual, el punto será demostrar la sustracción ilegal de las piezas después de 1970. Recordemos que gran parte de nuestro patrimonio salió del país sobretodo en el siglo XIX: el virreinal para Estados Unidos y el precolombino para Europa, principalmente, como repercusión del Neocolonialismo que distinguió al decimonónico y que parece que se ha extendido hasta nuestros días.
Al respecto y en entrevista, el Dr. Arqlgo. Francisco Mendiola visualiza esta subasta como una de tantas expresiones del neocolonialismo, pues al parecer aún hay países a los que no les importa el tercer mundo ni sus cuidados patrimoniales.
Hace seis años, en unas galerías del centro de Barcelona se vendían esculturas antiguas, en su mayoría persas; el dueño comentó que lo que vendían era “excedente patrimonial”. ¿Tiene excedente el patrimonio? ¡No me lo puedo imaginar! La única conclusión viable es que continúa esta mentalidad de superioridad, y -en consecuencia- del derecho a la manipulación y comercialización del patrimonio ajeno.
El Arqlgo. Mendiola -especialista en arte rupestre precolombino- opina que la única solución internacional es la negociación diplomática que involucre tanto a los países que ha expoliado como a los países que han sido expoliados, pues es posible la repatriación de bienes culturales. Efectivamente, hay países como Alemania e Italia que ha restituido piezas precolombinas a México en un afán de buena voluntad. Así ha quedado registrado en documentación del INAH que dicta que desde 2013, los Carabineros para la Tutela del Patrimonio Cultural de Italia han permitido la restitución de 77 piezas arqueológicas y 594 exvotos, mismos que se encuentran expuestos en la magna exposición La Grandeza de México en el Museo Nacional de Antropología e Historia (MNAH).
Por otra parte, cabe mencionar que Francia es un claro ejemplo de un país que cuida su patrimonio. Las revisiones aduanales de salida son exhaustivas con este fin, lo que en México no sucede. Finalmente, la sustracción y venta de piezas arqueológicas responde a intereses de coleccionistas, a mentalidad colonialista, incluso al poder del crimen organizado.