La masculinidad mexicana en el siglo XX

Viernes, Julio 30, 2021 - 07:59

Se busca crear una masculinidad cultural que vaya más acorde a los ideales del partido que gobierna

Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.

La 4T busca transformar a los y las mexicanos para que idóneamente sean mejores personas. Esta idoneidad es muy subjetiva, por supuesto.

La declaración desafortunada de Marx Arriaga de que “la lectura por goce, acto del consumo capitalista” (Aguilar Sosa, 2021); la ley de educación emitida por el gobernador poblano y la ‘Cartilla Moral’ de AMLO, son algunos temas que nos dejan entrever que se desea cambiar el concepto de lo que es ser mexicano, influyendo en diversos aspectos de la vida de los habitantes de nuestra nación.

En este esquema, resulta lógico concluir que se busca crear también una nueva masculinidad cultural que vaya más acorde a los ideales del partido que gobierna.

Aquí cabe hacer una distinción entre la masculinidad cultural y el sexo biológico: el sexo biológico está determinado por los genitales con los que nacen hombres y mujeres, pero la masculinidad y femineidad está determinada por el entorno social, político, religioso y económico en el que se nace.

¿A qué me refiero entonces con la masculinidad cultural?

Las sociedades escriben sobre los cuerpos de los hombres y las mujeres distintas narrativas de cómo deben comportarse, de acuerdo a los genitales con que nacieron.

Es por ello que ser hombre o mujer varía de cultura en cultura, ya que cada una construye identidades en torno al sexo biológico.

México no está eximido de esta dinámica: en el pasado se construyeron distintas concepciones de lo que significa ser hombre, y el gobierno actual tiene la intención de redefinir lo que es ser un varón mexicano idóneo.

Está por verse si lo logra.

Le propongo que para entender cómo ha cambiado la cultura de la masculinidad en México, analicemos lo que se escribió sobre el tema en el siglo XX.

En las siguientes columnas le propongo que analicemos las posturas de Octavio Paz y Samuel Ramos en torno a la masculinidad, y posteriormente, reflexionemos sobre lo que significó ser un buen o mal hombre en Puebla.

Las palabras “macho” o “machismo” son términos que se emplearon a partir de 1940 para definir la masculinidad mexicana moderna (Gutmann, 2007, pág. 226).

La palabra remite al lector a una taxonomía animal, que designa códigos de conducta que practicaba un hombre mexicano.

De acuerdo con Didier Machillot, fue un término que se empleó para describir al nuevo hombre durante las elecciones de Manuel Ávila Camacho (1940) y fue tomado por la academia estadounidense en 1948, para popularizar y entender la psique del hombre mexicano y su relación con las mujeres (Machillot, 2017, pág. 141).

El ensayo de Octavio Paz y su aceptación por una parte considerable de los intelectuales nacionales y extranjeros “igualaba la masculinidad con el machismo y asumió que el mexicano es violento (o tiene tendencias a ser violento), es emocional y tiende al fatalismo” (Macías-González, 2012, pág. 12), una creencia que también impactó la identidad de la mujer mexicana.

La masculinidad mexicana fue descrita por Octavio Paz como una identidad basada en la soledad que vive el mestizo mexicano. Esta soledad se cubre a partir del uso de máscaras que ocultan su verdadero Yo (Paz, 1992, pág. 16).

El mexicano se esconde tras mascaras que demuestran su hombría y esconden el miedo a que se les descubra una preferencia homosexual (Paz, 1992, pág. 14).

Este secreto y el silencio que muestra de manera pública son lo que demuestra la fortaleza física y mental del hombre (Paz, 1992, pág. 10).

Muchos estudios sobre masculinidad mexicana parten a partir de la relación que esta tiene con la homosexualidad.

A través de estudios como el de Carrier De los Otros y el Laberinto de la Soledad de Octavio Paz el modelo correcto de masculinidad mexicana estaba basado en el no ser homosexual:

El concepto mexicano de masculinidad requiere la división entre lo masculino y lo femenino sea bien definido culturalmente como aquello que es activo en el hombre y aquello que es pasivo y puede ser penetrado por el hombre. El hombre ideal debe ser fuerte, invulnerable y penetrador, mientras que la figura femenina ideal debe exhibir cualidades opuestas a esto. Un hombre que es receptivo analmente es definido culturalmente como afeminado y homosexual. El activo, el que inserta, retiene su masculinidad y no puede ser considerado homosexual (Carrier, 1995, pág. 21).

Julee Tate también describió como los hombres se definen como masculinos a partir del hombre homosexual:

El legado de marginación de los hombres afeminados es dual, ya que sus raíces descansan en las actitudes de los conquistadores españoles y los indígenas mexicanos. En el Laberinto de la Soledad, Octavio Paz arguye que el binario femenino/masculino continúa definiendo aspectos del carácter mexicano. De acuerdo con Paz, es la naturaleza cerrada e impenetrable del hombre el que lo protege de la dominación o conquista al que están sometidas las mujeres por naturaleza. El hombre que permite ser penetrado o asume la postura femenina, es considerado menos hombre, mientras que el varón que penetra a otro, es visto como más viril porque conquista a hombres y mujeres (Tate, 2013, pág. 540).

Trabajos citados

Aguilar Sosa, Y. e. (29 de Julio de 2021). "Leer por goce, acto de consumo capitalista", afirma Marx Arriaga. El Universal, págs. https://www.eluniversal.com.mx/cultura/leer-por-goce-acto-de-consumo-capitalista-afirma-marx-arriaga?fbclid=IwAR1U-x0SPRMElUtax1fCmfJQUSYkuO6uRcoe7hXGKsZodVzZLxGU9ii_bF8.

Carrier, J. (1995). De los otros: Intimacy and Homosexaulity Aming Mexican Men. Nueva York: Columbia University Press.

Gutmann, M. C. (2007). The Meanings of Macho: Being a Man in Mexico City. Berkeley, Los Ángeles y Londres: University of California Press.

Machillot, D. (2017). Machos y machistas: Historia de los estereotipos mexicanos. Ciudad de México: Ariel México.

Macías-González, V. M. (2012). Masculinity Sexuality in Modern Mexico. Albuquerque:: University of New Mexico.

Paz, O. (1992). El laberinto de la Soledad. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Tate, J. (2013). Redefining Mexican Masculnity in Twenty First Century Telenovelas. The Hispanic Research Journal, Vol. 14, issue 6, 538-552.