Elecciones, violencia, cacicazgos y Ardelio Vargas

Martes, Junio 15, 2021 - 07:51

Las elecciones para presidentes municipales en la Sierra Norte quedaron manchadas por la violencia

Diletante. Apasionado del ensayo como género político-literario, liberal de 24 horas con estudios en Antropología Social. Líneas de interés: las desigualdades y pobreza, aderezadas con una pizca del papel de los intelectuales en sociedades democráticas.

Al final de la jornada las elecciones para presidentes municipales en la Sierra Norte quedaron manchadas por la violencia y quema de urnas. Y como siempre, son los indios los afectados. En este caso se violenta su supremo derecho a votar libremente.

Chiconcuautla es un municipio nahua caracterizado por concentrar los índices más altos de pobreza, marginación y rezago social, y con un cacicazgo familiar mestizo en ciernes, distribuido estratégicamente en varios partidos, que no duda en meterle lumbre a una elección para retener el poder.

En esa demarcación, el Consejo del IEE determinó el jueves que se realicen elecciones extraordinarias para presidente municipal, ante la falta de documentación electoral confiable que, con base a legalidad, permita determinar el nombre de un claro ganador.

De acuerdo con información del Instituto Estatal Electoral de Puebla, protagonistas y de medios regionales, las cosas sucedieron de la manera siguiente:

El día de la elección, hacia la tarde-noche, cuando ya se conocían las tendencias, y ante la frustración de Artemio Hernández Garrido, presidente municipal y a la vez candidato por la vía de la reelección, de acceder confidencialmente a las actas electorales a cambio de ofrecer dinero a funcionarios de casillas, habría determinado que se quemara la evidencia electoral.

Con ese antecedente, un grupo de personas temeroso de que se manipularan las boletas intentó llegar hasta la sede del Consejo Municipal Electoral, que para esa hora concentraba la documentación trasladada de las casillas instaladas en las comunidades, rancherías y en la propia cabecera.

Se dice que para llegar a esa oficina obligadamente hay que cruzar frente a la casa del candidato y presidente. Cuando el grupo de inconformes intentó pasar fueron disuadidos por un grupo de pistoleros que dispararon desde dentro de la casa.

Se especula que pudieron ser efectivos de la misma policía municipal, pues nunca se deslindó institucionalmente la responsabilidad de presidente en funciones y presidente candidato, y porque no obstante los muchos llamados de auxilio nunca aparecieron los uniformados.

Al amparo de la confusión y el temor por los disparos, gente corriendo por calles y laderas, una mano aviesa le metió fuego a los paquetes; de 20 casillas instaladas en el municipio, once fueron consumidas por el fuego.

Dicho por los propios candidatos de oposición, la violencia se debió a negligencia de la Secretaría de Gobernación, pues varios de ellos habrían advertido con anticipación la presencia de focos rojos en varias localidades, entre ellas la cabecera municipal.

¿Qué hay en esto? A mi ver, un cálculo político que tiene su epicentro en la elección de gobernador en el 2024. La disputa por la gubernatura arrancó la noche del pasado 6 de junio, cuando todavía se contaba los votos y se anunciaban ganadores y perdedores.

No es el destino de un municipio perdido en la cumbre de los cerros, es la pelea por quien siembra más cabezas de playa y se atrinchera.

Las elecciones en la Sierra Norte se dejó en manos de Ardelio Vargas, el poderoso subsecretario de Gobernación. Incluso varios candidatos fueron designados por él, independientemente del partido.

Ardelio Vargas no es político. Pero el gobernador Miguel Barbosa ha visto en su persona virtudes de político que lo han persuadido para dejar en sus manos tareas que no corresponden ni al cargo ni a la experiencia.

Vargas, a su modo, tal vez juzga un gobernador con poco liderazgo, que limita su presencia pública a las mañaneras. No tiene contacto con la población, no hace giras, no hace anuncios, ¡vaya!, carece de las obras insignia de un López Obrador que lo anuden a un discurso de futuro promisorio.

A eso hay que sumar un gabinete bastante disminuido, ya por trayectoria política de sus protagonistas (pues a la manera de Moreno Valle, la mayoría son de fuera, que se pierden para llegar a Catedral); ya por el nulo perfil técnico, pues es evidente la ineficacia que lo caracteriza.

Como escribió por acá el mismísimo Facundo Rosas, el sexenio llegó a su fin, y aquellos que aun diciendo que no piensan en el 2024, ya están actuando, por propia mano o por interpósitas personas.

Ardelio Vargas es un hombre peculiar. Tiene el “mérito” de concentrar en su persona el mayor número de recomendaciones por violaciones de derechos humanos tanto de organismos nacionales como internacionales.

Rafael Moreno Valle gobernó Puebla no con base a las instituciones que juró respetar y hacer respetar, sino con base en el miedo y el terror. Fue como eligió a Vargas, secretario de Seguridad en el papel de verdugo (ver Proceso, 25, 1, 2013).

Miguel Barbosa declaró un par de semanas antes de la elección que por primera vez un gobernador no tenía candidatos compitiendo por puestos ni estaba metido en la elección.

Es aquí en donde entre el cálculo del poderoso subsecretario de levantarse con la candidatura de gobernador en el 2024 por Morena, o por el PRI, o por el que sea.

Es posible también que vea poca cosa en las personalidades políticas de un Eduardo Rivera, Alejandro Armenta y Fernando Manzanilla.

NUEVO LIBRO. Juan Canales ya anuncia nuevo libro.

@ocielmora