Viernes, 22 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Más allá del gel, el retorno sin retorno a las aulas

El reto es entender la presencialidad más allá de límites físicos basada en el contacto emocional

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Viernes, Mayo 21, 2021

Con el escenario del retorno a las aulas, se abren diferentes posibilidades de abordaje. El asunto no es tan simple. No solo es el reabrir las instalaciones de las escuelas ni tampoco el realizar un recuento de los daños. Junto a estos dos aspectos es necesario entender el momento actual como coyuntura favorable para la resignificación de lo que hacemos en nuestras escuelas.

De ninguna manera deberíamos desear volver a lo que vivíamos, en la forma que lo hacíamos, ni con los resultados que se obtenían, sino el identificar los nuevos retos que se suman a las preexistentes a la contingencia sanitaria, y enfocarnos como institución educativa y como sociedad, a darles respuesta.

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Ya lo he mencionado en otras ocasiones, la contingencia sanitaria expuso la fragilidad de nuestro sistema educativo. Desde luego en infraestructura, pero también en propuestas pedagógicas capaces de enfrentar ese reto, que representó la imposibilidad de asistencia a las aulas. Las dificultades académicas de las instituciones educativas se traducirán en dificultades y carencias en el aprendizaje de los estudiantes; a lo que habría que agregar, la desigual afectación entre diferentes grupos sociales, por si fuera poco.

La infraestructura de los espacios educativos es desigual por zonas y regiones, aspecto prioritario a considerar al regreso a las aulas: sanitarios en condiciones favorables, disponibilidad de agua corriente, gel, uso de cubre bocas, protocolos de retorno seguro, son fundamentales; más aún, el respetarlos y seguirlos por parte de las comunidades escolares. Sin embargo, el punto va más allá de este aspecto, representa una oportunidad para tomar decisiones institucionales que, sobre la base del auto cuestionamiento, definan nuevas rutas a seguir, en cuanto a la conceptualización y desarrollo de lo que es y debe lograr la educación.

El retorno es un momento que se puede convertir de quiebre, si se realizaran ejercicios profundos de reflexión sobre lo que hasta antes de la contingencia se venía haciendo, así como sus alcances y orientaciones. La sociedad que tenemos caracterizada por el trato cada vez menos humano entre unos y otros, es muestra clara de que no podemos desear el retorno a lo anterior, y las instituciones educativas tendrían mucho que decir.

Aun sin certeza, sabemos que al regresar a las aulas enfrentaremos dificultades: los aprendizajes logrados por los estudiantes durante esta pandemia, nos saltarán a la cara y tendremos que resolverlo; sin embargo, particularmente desafiante, me parece el lograr como instituciones de educación, entender la presencialidad de una manera más allá de sus limitantes condiciones físicas. El hecho de que profesor y estudiantes se ubiquen en mismo espacio físico llamado salón, no garantiza que la presencialidad se realice; de la misma forma que estudiantes y profesores, ubicados en espacios distanciados físicamente, estén impedidos de la presencialidad.

Entender la presencialidad en un proceso como el educativo, exclusivamente por la coincidencia temporal y espacial, representa tener una concepción bastante superficial de lo que la educación representa para el ser humano. De lo que se habla, es de una presencialidad basada en el contacto emocional que se establece en una relación de aprendizaje, sin que la distancia física, sea un factor determinante. Se trata de que el profesor y el estudiante estén presentes, tanto para ellos mismos, tanto individuos como para los otros.

Lograr lo anterior, exige paradigmas pedagógicos distintos a los actuales, capaces de gestar miradas distintas de lo que es la educación, de lo que debe promover en los individuos y en las sociedades; estamos ante una oportunidad que deberíamos aprovechar y dar un giro en nuestro quehacer educativo, procurando un futuro más esperanzador.

Parecería imposible, sin embargo, el actuar congruentemente, en el campo educativo, lo exige.

 

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