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OPINIÓN

La cura “personalis” frente al Coronavirus

El Covid 19 afecta a la economía mundial y agrava la desigualdad social

José Teódulo Guzmán Anell

Sacerdote jesuita. Licenciado en Filosofía y Letras por el Instituto Libre de Filosofía, licenciado en Teología por el Colegio Máximo de Cristo Rey; y maestro en Educación por el Teachers College por Columbia University New York. Directivo y asesor en la IBERO Puebla desde 2011. 

Lunes, Noviembre 16, 2020

Mtro. José Teódulo Guzmán Anell, S J*

 

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La humildad de la fragilidad humana

No cabe duda de que la pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto nuestra limitación humana, pero al mismo tiempo los tesoros recónditos de solidaridad que alberga nuestro corazón para poder enfrentar al enemigo común. Como cantábamos hace treinta años o más, no todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón.

 

Medio mundo ha dicho que la pandemia nos va dejando muchas lecciones para nuestros comportamientos futuros en la familia y en la sociedad. Y considero que una de las lecciones importantes debiera ser la necesidad impostergable de la práctica constante de eso que en nuestro lenguaje jesuítico conocemos como la ¨cura personalis. Pero antes de adentrarnos en las características y práctica de la misma, es necesario establecer en alguna forma la conexión que tendría dicha práctica con las secuelas de la pandemia.

 

Antes de la pandemia- dice José Ignacio González Faus, S J, vivíamos una época de euforia unilateral y casi omnipotente. Ahí están la inteligencia artificial y la robótica: la pregunta es si un día, gracias a la genética, los humanos presumiremos de haber suplantado a Dios. Y de repente nos hemos sentido asustados, desbordados, tan pequeños que nos hemos vuelto a acordar de Dios, pero solo para culparlo del coronavirus.

 

Una de las principales lecciones que hemos obtenido es que todo nuestro poder del siglo XXI es tan frágil que un diminuto microbio ha quebrantado la economía mundial y ha puesto en jaque a los gobernantes de los países más ricos del planeta.

 

Continuando con nuestra reflexión humanista podríamos afirmar que el Covid 19 está afectando no solamente la economía mundial sino sobre todo agravando la desigualdad social y quebrantando la fraternidad. El virus está dañando los pulmones de nuestro aliento cristiano que son el amor y la misericordia que se manifiesta en cercanía compasiva hacia nuestros prójimos. Y es aquí donde habría que situar la práctica de la cura personalis, como cercanía afectuosa, cordialidad espontánea y acompañamiento fraterno, aunque sea a una sana distancia.

 

Es obvio que no podemos descuidar la economía, las finanzas de nuestra universidad, pero antes está la salud y el bienestar de las personas. Quienes tenemos más debemos cuidar del bienestar de los que tienen menos.  El bien común está por encima del bien particular.

 

 

*El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Sus comentarios son bienvenidos.

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