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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Aprender o aprobar

El confinamiento de muchos estudiantes en casa les impidió seguir clases

Laura Angélica Bárcenas Pozos

Doctora en Educación, Maestra en Educación Superior y Profesora de Educación Media Básica en Matemáticas. Profesora de todos los niveles educativos. En la Ibero-Puebla coordina Orientación Educativa, Formación docente y es académica de tiempo completo

Miércoles, Octubre 7, 2020

La pandemia por COVID-19 ha puesto de cabeza al mundo, después de nueve meses de su aparición y de que no se ha encontrado una vacuna que evite que enfermemos e incluso, que perdamos la vida por esta enfermedad; ha, casi, detenido toda la vida social y privada que conocíamos hasta antes del COViD-19, sin embargo, hay ciertas actividades sociales que se han mantenido, otras que se han reducido, pero continúan y otras que prácticamente ya no se llevan a cabo.

La educación se encuentra en las actividades que se han reducido, pero continúan, y esta afirmación puede resultar muy general si no se analiza por niveles educativos. Todas las instituciones, de todos los niveles educativos, públicas y privadas han hecho un tremendo esfuerzo por mantener la actividad educativa y el desarrollo tecnológico ha permitido esto, pues hoy existen herramientas y medios que facilitan la intercomunicación y han dado posibilidad a que los procesos de aprendizaje se lleven a cabo, casi siempre de forma remota y a distancia.

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Sin embargo, la brecha tecnológica es un impedimento para que esto se logre de manera significativa, y cuando hablo de la brecha tecnológica, pienso en todos los estudiantes y profesores que viven en zonas donde la interconectividad no ha llegado, es inestable por cuestiones de orografía o de infraestructura; o bien ni si quiera luz eléctrica hay para recibir la ansiada señal. Si estos alumnos eran parte de una comunidad educativa, que se ubicaba fuera de su lugar de origen, y tuvieron que regresar con sus familias por las condiciones de la pandemia, no tienen posibilidades de contactarse con sus compañeros y profesores, perdiendo por ahora, la posibilidad de continuar sus estudios. 

Para otros, el impedimento es la edad, los alumnos más pequeños de jardín de niños y primeros grados de primaria, no habían socializado suficientemente con las herramientas tecnológicas para enfrentar procesos educativos remotos. Las profesoras y profesores batallan los minutos que dura una sesión, para mantener la atención de los niños, que todo buen psicólogo sabe que eso en situaciones presenciales es complicado, en experiencias remotas es casi imposible. Esto no porque los docentes no sepan cómo hacerlo, sino porque los niños aún no tienen la madurez psicológica para mantener la atención en la pantalla por largo tiempo, en este caso estamos hablando de 15 minutos, no más. Para este mismo grupo de edad, se requiere que un adulto apoye en la formación y aprendizaje de los menores, pero si los padres están ocupados en atender, casi siempre de manera remota, sus actividades laborales, difícilmente podrán apoyar a los niños en su aprendizaje. Sólo aquello que cuenten con un tío, primo, abuelo, que los oriente y ayude podrán continuar, pero si esto no está presente en la vida de los menores, será muy complicado que se logre.

Los niños mayores de los grados superiores de primaria, tendrán menos problema, pero si no tienen los conocimientos previos para desarrollar un nuevo aprendizaje, su profesor no lo identifica y él o ella por pena dicen que han entendido cuando no es así, provocará vacíos de conocimiento y de desarrollo de habilidades, que tendrán que ser cubiertos cuando podamos regresar a la presencialidad. Este mismo fenómeno puede ocurrir entre los adolescentes de secundaria, donde por la edad y el acoso escolar, prefieren mantener silencio antes de decir que algo no ha sido entendido. Aquí pienso que los profesores pueden tener la sensibilidad para detenerse y revisar con ellos los contenidos abordados y resolver todas las dudas para poder continuar. Aunque los adolescentes deberán tener y desarrollar mucha autorregulación para atender a las explicaciones de sus profesores, resolver dudas, hacer las tareas, practicar con otros compañeros, leer por su cuenta. 

Los estudiantes del nivel medio superior y superior son más salvables, pues ya su nivel de responsabilidad es alto (en casi todos los casos) y saben que necesitan avanzar, porque su escolaridad está terminando. Eso los ayuda a autorregularse, a preguntar, a indagar, a vencer la pena y pedir una asesoría. En estos casos los profesores deben estar atentos, hacer revisiones intermedias de sus entregas y dar otra oportunidad a los que no logran la meta. Creo que en medio de todo esto, los docentes debemos estar más preocupados para que nuestros alumnos aprendan, y no tanto para que aprueben.

Siempre el trabajo de un profesor es lograr que sus alumnos aprendan y es bien sabido que el aprendizaje es un hecho social, es decir, se da con otros, en la interacción, presencial o virtual con otros, así que preveo que aquellos que no se puedan conectar o que no tengan con quién aprender, no lo harán, y aquellos que se puedan conectar e interactuar con otros, podrán hacerlo, siempre y cuando los profesores se preocupen más porque sus alumnos aprendan y no porque sus alumnos se certifiquen y los alumnos se preocupen más por aprender que por aprobar.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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